Violación a mi hermana (Por Psyco)

Escrito por admin el Martes 12 ene, 2010

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Soy hijo de un padre distinto, eso resume plena y llanamente mi vida, no hay más y esa es la máxima que ha regido siempre mi vida.

Mi madre se dejó embarazar por un cantamañanas que la dejó tirada y que resultó ser mi padre y después no tuvo el valor suficiente para abortarme, que me trajo al mundo como hijo ilegítimo de una estúpida madre soltera que, no contenta con eso, después se casó e nuevo con un tipo empeñado en ser mi padre durante los dos primeros años de convivencia pero que, después, y yo con 6 años ya, cuando nació mi “hermana” pasó a tratarme con condescendencia y desprecio, como “el hijo de otro” cuando ya tenía por fin una muñequita linda con sus propios genes.

Yo estaba harto, harto de ser siempre el último mono de una casa donde todo el mundo me ignoraba una vez que ellos tres formaron su estupenda familia feliz y yo era solamente el hijo bastardo de la mujer de “mi padre” porque para la calle era mi padre, pero de puertas adentro era yo quien veía el desprecio con el que me trataban, tanto él como mi querida madre que, a estas alturas, me consideraba ya un error en su vida (aunque no lo admitiera).

Los años fueron pasando y yo les ofrecí a todos ellos la imagen de hijo/hermano/sobrino/nieto que deseaban, ya fuera con los propios o los postizos, pero fuera donde fuera, siempre me echaban la mirada del culpable de haber nacido.

Sacaba buenas notas, me portaba bien, no generaba problemas en casa, todo para ser el buen hijo que consiguiera ganarse el respeto que le negaban, nada era suficiente, seguía viendo esas miradas en sus ojos, entre de condescendencia y lástima, que tanto odiaba.

Crecimos, yo tenía ya 23 años, estaba terminando mi carrera universitaria, todo era éxito en mi y tampoco era suficiente mientras que “mi hermana” Isabel, con 17, hacia suya la noche madrileña de garito en garito, con sus minifaldas que casi ni llegaban a taparle las bragas o, más bien los cachetes del culo, porque bragas no parecía llevar, y sería el tercer año que repetiría curso después de aquel verano, pero daba igual, Isabel seria siempre la hija y yo el asqueroso bastardo, lo veía en sus ojos cada día, aun cuando las broncas en casa iban una tras otras por las altas horas de la madrugada a las que Isabelita había vuelto aquel Sábado.

Isabel me producía cierta indiferencia, su trato hacia mí era normal, no la considero una enemiga, sin embargo, ella se sabía la princesita del cuento y no me consideraba su hermano, solía llamarme “hermanito” (¿eso qué notaba es un ligero retintín cuando me decía hermanito con su voz de campanitas?), la cuestión es que ella, como salía a la calle, iba por la casa, es decir, vestida como una puta y enseñándolo todo. No es que fuera especialmente guapa, ni estuviera especialmente buena, pero a base de enseñar más de lo que debía, al estilo de las adolescentes de ahora, la verdad, parecía mayor, de hecho muchas noches nos encontrábamos en las discotecas con su grupito de amigas y mis colegas andaban intentando meter ficha a la que se dejara.

No fue algo premeditado, ni respondió a algún odio oculto, que hacia ella no tenía, simplemente pensé en follármela con la misma motivación que ponía en otros aspectos de mi vida, porque me apetecía hacerlo y porque para mí sería un golpe de gracia a mi progenitora y su consorte.

Al final, la culpa es de ellas, por vestir como putas, y como una puta venia la pequeña Isabel (que ahora se había empeñado en que la llamaran “Bella” como la de Crepúsculo (prfff)), caminando por la calle con su amiga Lucy, que obviamente se llama Lucía, pero que en otro alarde de originalidad, también prefería que la llamasen “Lucy”.

5 a.m. ambas bajaban por la carretera de entrada a la urbanización, medio sin asfaltar, medio sin arcén, medio sin iluminar, si hubieran cogido un taxi, como deberían haber hecho, no habría pasado, pero allí venían ellas, claramente borrachas, cuchicheando como dos estúpidas y con sendas microfaldas y tops de tirantes.

5 a.m. y yo acechaba detrás del primer edificio que marca la bifurcación entre la ronda este y la ronda norte de la urba, donde Lucy dejaría sola a mi querida hermanita para irse a su chalet meneando su escuálido culito.

Isabel giró la esquina y se dispuso a subir la calle medio abotargada, iba beoda total y creo que, además, fumada, o a saber qué más, y ahí fue mi oportunidad, la agarré del brazo y la apreté contra mí, tapándole la boca con la mano. Aún en su embriaguez se debatía, pero no me fue demasiado difícil arrastrarla unos metros más allá, a la zona más allá de la cuneta, entre los matojos y alejados del comienzo más iluminado de los chalets.

Me había puesto un pasamontañas, claro, solo faltaría que me reconociera, la verdad es que la muy puta no dejaba de patalear, aquello iba a resultarme más difícil de lo que había planeado, incluso consiguió darme una patada en el muslo que casi consigue que la suelte.

La tiré en el suelo, entre la hierba, y me eché encima de ella mientras con una mano le tapaba la boca, intentaba gritar aun así y no dejaba de patalear, la minifalda ya la tenía en la cintura con tanto movimiento y debajo solo llevaba un tanga minúsculo, no pude fijarme mucho en los detalles, ya que la luz que llegaba de las escasas farolas de la carretera era muy tenue.

No sabía qué hacer con ella, no podía decirle nada o reconocería mi voz, tampoco quería pegarla ni hacerle ningún daño, lo único que quería era follarme a la querida muñequita de mi padrastro y, de paso, desfogarme un poco, así que le di una bofetada con suficiente dureza para que dejara de patalear como una posesa, se quedó mirándome sin moverse.

Este inciso me permitió sacar el rollo de cinta adhesiva que llevaba y colocarle un buen pegote en su boca para que no se le ocurriera ponerse a berrear si la soltaba y ya, con las dos manos libres, procedí a inmovilizarle las muñecas atándoselas con la cinta adhesiva, eso estaba mejor, ella ya se dio cuenta de que la cosa iba en serio y dejó de dar patadas, debía estar en shock o definitivamente tan ebria que estaba alucinando, porque no opuso apenas resistencia cuando me coloqué entre sus piernas y le quedaron separadas.

De momento no hice nada, solo mirarla en la semioscuridad reinante, de todos modos tenía que darme prisa, pronto amanecería, sujeté sus manos juntas con firmeza y tiré hacia abajo del top, rompiendo los finos tirantes de la prenda y sus tetas quedaron al descubierto, la muy guarrilla iba hasta sin sujetador, las tenia redondas, las tetas turgentes de 17 años, impolutas, con las manos juntas hacia abajo quedaban juntas y apuntando al frente, mi polla estaba ya morcillona solo de mirárselas y no era mi intención ir de rollo caricias, pero no pude resistirme a chupar esos pezoncitos que coronaban esas dos bolas perfectas que eran las tetas de mi hermana, la miré, lloraba en silencio con la boca tapada por la cinta, esto me excitó aun más, no tenía tiempo que perder, con una mano seguí sujetando las suyas y con la otra me abrí el pantalón y me saqué la polla, en ese momento, me entró la duda ¿y si la dejaba preñada?… ¡mejor! Jajaja, su padre que tanto me despreciaba, tendría que vivir toda su vida con un nieto ilegitimo.

Me pajeé un poco, aun necesitaba un poco más para tenerla a punto y toqué a tientas el coño de mi hermana, estaba muy seca, la manoseé un poco y se humedeció, supongo que involuntariamente, así que me escupí en la mano y me lo pasé por la punta de la polla antes de apartar el hilo del tanga y clavársela de golpe.

Se estremeció, pero no gritó de dolor ni hizo nada extraordinario, mas allá de seguir con su vena llorica que lo único que conseguía era que yo tuviera más ganas de clavársela más hondo aun. Subí sus brazos, apoyándome en ellos para que no se moviera y poder así hacer más fuerza para follármela una y otra vez, con cada empujón le temblaban como flanes esas tetitas perfectas, era evidente que no era virgen, aguantaba estoicamente mis embestidas y, aunque no estaba lubricada, su cuerpo reaccionaba al roce y mi endurecido miembro resbalaba casi suavemente en el coño de mi querida hermanita Isabel.

Me la follé rápido, no podía regodearme mucho, me hubiera gustado ponerla a cuatro patas y hacerle el culito y, con este pensamiento, me corrí, me corrí y me corrí dentro del chocho de mi hermana en unos segundos bestiales en los que parecía que no iba acabar nunca de salirme leche de la polla.

Me cerré el pantalón con una mano mientras con la otra seguía sujetando las suyas, no podía descuidarme ahora, ella tenía los ojos cerrados, la cara manchada del maquillaje diluido en lágrimas, cuando me aparté, sin dejar de sujetarla aun, se quedó quieta, con las piernas abiertas y enseñando el chocho, ya estaba empezando a amanecer y tenía que pirarme de allí a toda leche si no quería que me pillaran. No se movía, yo sabía que no la había hecho daño físico, más allá de violarla, claro, pero sin violencia, para mí que iba puesta de algo más que alcohol, agarrándola como pude con una mano, le junté las piernas y se las até por los tobillos con la cinta para que me diera más tiempo a escapar, después así que la solté y salí corriendo lejos de la carretera sin pararme a mirar lo que hacia ella, que antes de ponerse a gritar o hacer algo tenía que liberarse de las ataduras.

En cuanto llegué a la zona iluminada, me quite el pasamontañas y salí a la zona transitable, caminando hasta donde tenía mi coche aparcado, donde me cambié de ropa y conduje hasta donde debía estar a esa hora, un pueblo cercano a Madrid donde, supuestamente, iba a pasar el fin de semana, entré en el hotel por la puerta del portal, precisamente por eso había elegido ese, no tenían servicio de recepción 24h, me duché y me acosté, durmiendo el sueño de los justos después de echar un buen y merecido polvo.

Volví a casa el lunes, como había dicho que haría, esperaba encontrar una gran conmoción familiar a mi llegada, sin embargo, todo parecía anormalmente normal, me recibieron como siempre, si acaso su habitual desdén era algo conmocionado, yo entré como siempre, nadie me dijo nada, ni me informaron de la violación de mi hermana Isabel, mi padrastro y mi madre intentaban aparentar normalidad y conste que casi lo conseguían, si no hubiera sido porque yo lo sabía todo no habría notado la aureola que flotaba en derredor.

No hubo denuncia, no hubo gritos ni se rasgaron vestiduras, aun no he conseguido enterarme de cual es y cuál es la razón de la decisión tomada, pero sospecho que mi madre y “mi padre” habrán acordado taparlo todo y aparentar normalidad, realmente más daño que follarmela no le hice y hasta me da en la nariz que, si ella ha contado la historia, tal vez a mis padres no les ha resultado creíble, viniendo como venia puesta de todo hasta las cejas. A mí no me lo han contado, claro, solo soy el bastardo, ni puto interés tengo en que me lo cuenten, ya sé lo que ha pasado, jajaja, me he tirado a su hija, mi hermana, como a una perra, follándomela en el campo mientras venia borracha y flipada.

En todo caso, yo creo que le he hecho un bien a Isabelita, ya no sale, ya no trasnocha, ya no bebe y este año por fin está sacando el curso, yo no he notado en ella secuelas visibles, igual ese polvo no fue tan distinto a los que solía echar por ahí en el coche de cualquier bakala de turno que la invitara a tres copas el sábado, jajaja.

Seguimos con nuestras vidas, aunque en lo que mí respecta, me gustaría volver a tirármela, pero esta vez bien, sin forzarla, me pregunto si será muy difícil una conquista así, pero me quedé con ganas de sus tetitas y, sobre todo, de ver mi polla salir y entrar de esas dos montañas redondas que tiene por culito.

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1 comentario para “Violación a mi hermana (Por Psyco)”

  1. Internecio Says:

    Me encanto tu relato, bien “psycho” agregame a tu messenger, el mio es internecio@live.com para conversar más sobre Bella.


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