Tía incestuosa

Escrito por Tiestes el Miércoles 30 dic, 2009

JUGUETESPARADULTOS.com Sex Shop

La hermana de papa es una mujer joven e independiente: Cuando murieron los abuelos, ella se quedó con su casa ya que tenía entonces veinte años y estaba soltera; mi padre era quince años mayor que ella y mi tío Nicolás dieciocho.

Mi tía Fátima me lleva a mi unos seis años, por lo que nuestra relación fue siempre más de amigos que de tía y sobrino. Yo soy de todos su favorito desde siempre y algunos fines de semana o en verano me voy a su casa. Ella me mima muchísimo y siempre está pendiente de mí.

Yo siempre la había visto como eso “mi tía” no era una mujer pero con el paso de los años, comencé a descubrir que mi tía soltera estaba buenísima, era un tipazo, tenía mucho pecho, grandes caderas, y un rostro muy lindo con unos grandes ojos negros y una boca preciosa, dientes muy blancos y labios perfectos y jugosos.

Algunas veces cuando me abrazaba, me gustaba rozarme con aquellas tetas enormes, sentía el calor de su cuerpo y siempre me preguntaba como sería su vida íntima. Nadie le había conocido ningún novio, papa decía que había tenido un amor en la ciudad pero que debía de ser con alguien prohibido ya que nunca hablaba de ello.

Para mi las noches en su casa, se iban haciendo más imaginativas, la escuchaba en la ducha, o por la noche en su cama, cuando se ponía su pijama; si estábamos en la sala viendo la tele y ella más ligera de ropa, intentaba ver como le marcaba, que tipo de braguitas llevaba, o si tenía sostén o no.

Todo aquello me iba poniendo por el día y en la noche me hacía unas pajas de gloria a su cuenta. Poco a poco fui descubriendo toda su vida, que champú o que gel usaba, si se bañaba o se duchaba incluso tenía controlado su ciclo menstrual. Ya en la cama prestaba oído atento a su habitación tratando de descubrir sus masturbaciones y en la mañana, miraba sus ojos tratando de descubrir como habían sido sus sueños.

Las conversaciones con ella, cada vez eran más intimas, yo le contaba mis cuitas con mis novias o amigas y algunas veces exageraba un poco para darle más picante mientras observaba su rostro o sus ojos para ver el efecto de mis relatos. Ella cuando mis relatos eran subidos de tono, jamás me cortaba y mostraba interés pero aparentando no darle importancia. Yo conducía mis relatos al sexo, tratando de recrearme en los preliminares y haciéndole ver que cometía torpezas, torpezas que seguro que sí cometía pero no tantas como le contaba a ella. Algunas veces me corregía, diciéndome lo que no debería hacer con las chicas, como conseguir más de ellas. Yo por mi parte me dejaba guiar y le hacía preguntas sobre las mujeres.

Un día nuestra conversación versaba sobre ese tema, y yo le decía que claro cuando conseguía tocar el pecho de una chica, no sabía muy bien que hacer, que me limitaba a apretárselo un poco y ellas no mostraban un gran placer. Mi tía me preguntaba si siempre lo hacía con la mano, si nunca usaba mi boca, yo le respondía que me daba corte, que cuando llegaba a ese punto, no sabía seguir.

Mientras le contaba eso, me iba subiendo la presión hasta tener que disimular los empalmes que me cogía. No podía aguantar más y mientras ella preparaba unos cafés, me metí en el baño y no pude evitar hacerme una paja enorme, pensando en sus tetas, en su boca y en aquel hermoso culo. Pensaba en ella escuchándome mojada y en como llevar la conversación hasta el contacto físico ya que me estaba matando de deseo y pajas.

Regresé del baño, después de una enorme corrida y fue ella quien volvió a la conversación, ese matiz me dio alguna esperanza, pensé que la muy zorra, se pondría esa noche a tope con mis relatos de sexo juvenil.

Volví sobre el tema del pecho, que para mí era traumático, que todo lo que había visto en películas no resultaba y que algunas veces las chicas me apartaban la mano. Ella me dijo que no todas las mujeres eran iguales. Que los pechos estaban llenos de terminaciones nerviosas y que si se acariciaban bien podían incluso conducir al orgasmo o cuando menos prepararlo. Me contaba que partes debería tener en cuenta, yo volvía a estar como un toro, me habló de los pezones y de la areola, me dijo que esta solía tener unos vellos muy finitos.

Que no todos eran iguales pero que si eran muy sensibles, algo parecido a nuestros testículos y que el trato debería ser parecido al que daríamos a nuestros huevos en frío. Yo le decía que la mayoría de las chicas los tenían muy pequeños y ella me decía que eso era igual que las terminales nerviosas eran las mismas y que podían despertar el placer y el deso de la misma forma que los grandes. Yo no desaproveche el momento para decirle que me moría de ganas de acariciar unos pechos grandes, que debía de ser una gozada, se lo decía sin recato ninguno mirando sus hermosas tetas con todo el deseo. Ella elevó el tono hablándome de la conexión íntima de los pechos con el clítoris y de la preparación para el coito.

Otra vez me hice el ingenuo y le solté que si ella con su pecho precioso, no sentiría más que esas chicas sin apenas tetas, me dijo que para ella era una parte que despertaba su libido a niveles muy altos. Que además de acariciarlos, podía lamerlos, succionarlos o darles pequeños mordiscos pero con mucho cuidado sobre todo al principio. Yo intentaba con mi mano preguntarle como y otra vez lo hacía con torpeza. Ella cogió mi mano y sobre ella trató de explicarme con movimientos suaves de la mano, sobre los pezones y debajo. Su mano haciéndome aquellas caricias, hacia latir mi polla a punto de salirse del pantalón.

Yó le cambié la posición y ahora era quien hacia las caricias en su mano, ella se estaba poniendo a tono, le costaba ya articular las palabras y sopló como para decirme que eso la estaba poniendo a ella nerviosa, que lo hacía muy bien. Le dije que me encantaba´, me miró sonriendo y llevó mi mano sobre su camisa, para que yo hiciera el mismo gesto. En el momento que puse allí la mano, creí que me iba a correr, la sensación era increíble y comencé con delicadeza, haciendo cada cosa que ella me había enseñado más lo que yo ya sabía, ella entorno los ojos y se recostó la cabeza en el sofá dejándome hacer, su respiración se iba agitando y con cierto miedo comencé a desabrochar los botones de su camisa, debajo apareció un sujetador que contenía aquellos hermosos monumentos de placer. El sujetador era liso de licra y mi mano iba notando como sus pezones se iban poniendo de punta y duros.

Ella desabrochó el sujetador y condujo mis manos por debajo de la tela, quería echarme encima y comerlos, pero me mostré paciente y continué mis caricias, ella medio se retorcía en el sofá y en ese momento acerque mi boca a todo ese enorme manjar. Comencé con mi lengua suavemente por todas partes, no me limité a sus pezones, su areola y todo el pecho. Ella estaba disfrutando no se si tanto como yo. Introduje su pezón en mi boca y comencé a presionarlo entre la lengua y el paladar succionándolo suavemente. Iba pasando de uno al otro, ella levantaba su culo como ofreciéndome los botones de su pantalón y sin dejar de mamar aquellos cantaros de ambrosía, mis manos fueron abriendo botones y cremalleras, y descubrí sus braguitas que ocultaban un coñito precioso, muy abultado y perfectamente depilado. En ese momento pensé en para quién lo prepararía así y llegué a la conclusión de que ella pensaba que en cualquier momento iba a suceder. Mi boca sobre sus preciosas tetas y mi mano acariciando por encima de su coño ya húmedo y muy caliente. Me ayudó con sus pantalones, yo no dejaba de acariciar su chocho que ella me ofrecía alzando su cadera. Con mi lengua traté du hundir su pezón en la areola y ella gemía en deseos, bajé su braguita y lo que vi me pareció la obra de arte más hermosa que había soñado. Me sujeto la cara para besarme, mientras yo me bajé el pantalón a los pies y mi polla quedó cimbreando tiesa de febril deseo.

Ella separó sus piernas un poco y en medio de un beso mi polla entró como un cuchillo en la mantequilla. Estaba muy mojada y cuando comencé a moverme, sentía esa humedad que me ponía cada vez más; dobló sus piernas sujetándome con los pies me claro dentro de ella mientras mi cara se enterraba entre sus tetas. Ella jadeaba, se movía aceleradamente , me mordió en el cuello como un vampiro que quisiera sorber mi sangre y los dos entre jadeos nos corrimos.

Ella era mi maestra y lo quiso demostrar, me tumbó sobre el sofá y de rodillas en el suelo comenzó a lamer mis testículos y mi polla haciendo dibujos con su lengua en la cabeza del glande, dejaba su saliva, todo era como cálido y suave, apenas embravecido, me corrí en sus labios y ella los fue limpiando en mi cuerpo.

Tanto tiempo soñando se había hecho realidad, era nuestro secreto de amantes que íbamos a mantener para siempre. Mi tía me folla como nadie.

Valora este relato:
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (12 votes, average: 3,58 out of 5)

¿Quieres opinar sobre el relato?