Escrito por Tiestes en la categoría Tiestes el Sábado 6 Feb, 2010

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Los días iban pasando y en casa papa y yo parecíamos más alejados cada vez, era como si los tuviéramos miedo a nuestro secreto. Papa me guiñaba un ojo, o me hacía una caricia normal pero yo recordaba nuestro día en su oficina. Algunas veces miraba a la altura de su sexo como si quisiera verlo excitado, pretendía recordar esa sensación de tenerlo en mi mano o de acariciarlo hasta hacerlo feliz. Seguía soñando y buscando formas de hacerlo feliz cuando volviéramos a estar solos.
Llegaron mis vacaciones, los últimos días de curso con exámenes, apenas había tenido tiempo para nada, me gustaba sacar buenas notas para que se sintiera orgulloso de mí y sobre todo para tener más tiempo para el verano y soñar y soñar.
Ya hacía una semana que estaba esperando en casa, papa había ido de viaje y mis deseos eran cada vez más fuertes, pero no quería acariciarme, no quería más que alimentar ese deseo para ser capaz de hacer todo lo que soñaba. Un día me preguntó si le acompañaba a una ciudad cercana que esta a unos cien kilómetros de la nuestra, tenía que ir a comer con un cliente y me dijo que si me apetecía acompañarle y no lo dudé. Como íbamos a comer con un cliente, aproveché para ponerme lo más guapa que pude, suelo andar siempre muy arregladita pero ese día tenía una disculpa para ponerme mis mejores galas. Pensé en ponerme lo más atrevido pero a mi papa seguro que no le gustaría que yo pareciera su putita, así que me arreglé destacando mi figura y mi pecho.
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Escrito por Tiestes en la categoría Tiestes el Jueves 7 Ene, 2010

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El invierno es muy traicionero, bueno tal vez somos las personas las que nos retorcemos tratando de encontrar disculpas que nadie nos pide, nadie más que nuestra conciencia que es la víctima de una determinada educación. Como a mi hacer un relato de mi conciencia o mi educación me sería muy difícil y más para este blog; dejarme que os cuente un relato sobre lo crudo que puede ser el invierno.
Tengo pocos años, tan pocos que os lo dejo a vuestra imaginación ya que os puede dar una pista el propio relato y mi edad importa poco.
Vivo en una zona del campo muy fría del norte de España. Antes todos los años hacíamos un esfuerzo en casa para comprar el gasoil de nuestra calefacción, una herencia que nos dejó mi padre a mi madre y a mí. Ahora mi padre no está y este año fue imposible llenar el depósito. La crisis tiene estas cosas y la nuestra es muy aguda.
Intentamos combatir el frío con un brasero en la cocina, pero tenemos miedo a quedarnos dormidos con él, así que en la noche lo apagamos y para no morirnos helados ponemos más mantas en la cama. No logramos sacarnos el frío de encima, así que acordamos mama y yo dormir juntos, siempre nos daríamos más calor.
Por las noches, nos metemos en la cama y nos abrazamos y conseguimos dormirnos sin despertar helados.
Los primeros días las cosas iban de forma normal, mi madre es una mujer joven tiene treintaicuatro años, a mi me tuvo muy jovencita así que no nos llevamos muchísimo tiempo. Cuando vamos para la cama, nos ponemos unos pijamas de algodón, nos abrazamos y poco a poco vamos entrando en calor.
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Escrito por Tiestes en la categoría Tiestes el Viernes 11 Dic, 2009

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Aun era muy jovencito cuando un amigo me dijo que si quería saber si una chica era más o menos caliente, me fijara en sus dedos: índice y medio, que generalmente en las muy ardientes solían estar con las uñas muy recortadas.
Aquella enorme tontería, me mantuvo varios días mirando las manos de las chicas, algunas veces para verlas hasta torcía mi cuello de un modo cirquense. De todas las chicas en las que me fijé una me llamó especialmente la atención y fue mi hermana Raquel, que tenía justamente esas dos uñas muy cortas y sus dedos siempre inmaculados eran gorditos, por lo que comencé a mirárselos como si en la mano tuviera des pollitas con las que se daría placer cada noche.
Seguir leyendo ‘Amor filial’
Escrito por Tiestes en la categoría Tiestes el Miércoles 9 Dic, 2009

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Mi esposa tiene un hermano que es un cretino, casi todos tenemos en la familia uno , es como “La cena de los idiotas” siempre cuando una familia se reúne, tiene un listo, un rico, un pobre, un culto, una cachonda y un idiota. Pues bien en mi familia el idiota es mi cuñado y la cachondisima su mujer, que como la mayoría de las cachondas eligió al más bobo del pueblo.
Para mí cada día era más insoportable su presencia pero se hacía más cuando miraba a su mujer , parecía estar siempre pidiendo guerra, era una mujer alta, de unos 45 años, estaba redonda, pero no le faltaban curvas y algunas eran como muy pronunciadas, siempre con sus vestidos ajustados que marcaban su cuerpo y ese caminar que parecía un batir de aletas continuo. Sus ojos.. ¡No, ahora no me toca hablar de sus ojos! Sus tetas eran una despensa de confituras aromáticas, con tal abundancia que se salían del estante y que nadie piense que se las encorsetaba, cuando se ponía en traje de baño, seguían allí firmes y apuntando amenazantes como un Mihura. Brazos y piernas bien torneados y unas manos que derraman deseo. Sus labios eran la fotografía de un sueño de sexo femenino y al verlos uno no podía pensar en otra cosa que no fuera lo que debía ser su chocho.
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