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	<title>Puro incesto &#187; empalmado</title>
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	<description>Historias de sexo entre familiares</description>
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		<title>MI HIJA ES UNA LOLITA</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Apr 2011 11:11:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Pedro nos manda este relato y le damos las gracias por ser tan amable. Hay momentos en la vida de una persona, que se guardan ocultos para la eternidad. No sé cuanto pude haber guardado este recuerdo, no tanto por el miedo a contarlo y si como el miedo a perderlo en el baúl de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <strong>Pedro  nos manda este relato  y le damos las gracias  por ser tan amable.<br />
</strong><br />
Hay  momentos en la  vida  de una persona, que se guardan ocultos para la  eternidad. No  sé cuanto pude haber guardado este recuerdo, no tanto por el miedo  a contarlo    y  si  como  el miedo  a perderlo  en el baúl de  las cosas  más maravillosas de la vida.</p>
<p>Ana  y  yo  nos casamos  muy  jovencitos, yo  tenía  veinte años y Ana dieciocho,  a  los  siete meses de casarnos  nació  Lara, nuestra hija.  Era  una niña preciosa  a la que mimamos  muchísimo.  </p>
<p>Los años fueron pasando  y Lara se hizo mujer, una mujercita preciosa, muy cariñosa  y dulce con nosotros. Nunca se cansaba de darnos mimos , caricias, besos y achuchones  de niña. Hasta que un día comencé a sentirme incomodo  con aquellos  abrazos, algo  me turbaba  y no  quería reconocer el  que pero  me sentía  muy incomodo y cortaba rápido  sus caricias.</p>
<p>Lara desde muy niña, solía venir los domingos temprano y se metía en nuestra cama, normalmente al lado de mi  mujer  y dormía  un rato  aun con nosotros. Ya a media mañana mi  mujer se levantaba y  nos traía un café unas magdalenas  y un zumo; se sentaba a nuestro lado  y  yo trataba de leer el periódico, pero ellas se burlaban de mí, jugando  con el diario.</p>
<p>Los últimos  domingos, cuando  mi mujer se levantaba, yo  aprovechaba para  hacerlo también con la disculpa de ducharme   de primero para no estar esperando por ellas.  La verdad es  que   la  idea  de mi niña  en la cama  sola  y a  mi  lado me había excitado  un par de veces y  claro estaba con un miedo atroz  que  ella  o  mi esposa se acercaran a mí  y lo notaran, no  sabría  que hacer o decir.<br />
<span id="more-350"></span><br />
Pero un día  cuando me iba a levantar, Lara se abalanzó  sobre mí, gritándome que no me dejaría  marchar  entre risas, me agarró por el cuello  haciéndome pelear como siempre pero  el roce con sus pequeñas y durísimas tetitas de nuevo despertaron en mí a la fiera sedienta de aquella atrocidad  de la que fríamente me sentiría incapaz.</p>
<p>Mi mujer se reía viéndonos pelear y yo procuraba no  rozar a la niña  con nada  y  sobre todo  que no se me viera, en el fondo estaba deseando  que saliera   mi esposa, no por hacer algo   pero  me quemaba el  deseo, el morbo  y el miedo.</p>
<p>Mi esposa, nos trajo el desayuno  y  nos dijo que se iba  en un momento hasta la casa de su madre que está  en un pueblecito a 70 Km. De  nuestra  casa. El  corazón me daba saltos, iba a disponer de todo  el tiempo con mi  niña, bueno  sólo pensaba en mi imaginación y después en la ducha   cascármela.
<p>Vi como mi esposa se acercaba a la  cama y nos daba un beso  ambos  y después se iba con una sonrisa. Me legró  no ver ninguna duda   o reserva y l verdad ¿de qué iba a tener miedo? Cuando     escuchamos  la  puerta del garaje cerrarse, de nuevo Lara se abrazó  a mi pretendiendo seguir el juego    y  yo  más temeroso pero a la  vez más suelto, comencé  hacerle cosquillas  y mientras, aprovechaba para  rozar  mis dedos y manos a sus tetas a su  culo o  descuidadamente agarrarla entre las piernas, solo  un instante, pero  suficiente para notar en mi mano  su conchita que ya notaba mullidita e increíblemente apetitosa.</p><p style="float: right;margin: 4px;"><!-- Inicio código JUGUETESPARADULTOS.com -->
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</p></p>
<p>Lara inocente no se daba cuenta del calvario de placer que yo tenía y  continuaba con sus risas, pero cada vez más descuidaba se rozaba en mí  y yo  no sabía  cómo ocultar  que mi pene estaba tieso  y a punto de reventar de cachondo. Se ponía encima y en uno de esos  juegos aun sin proponérmelo    noté como mi polla la rozaba. La niña pareció darse cuenta de que me estaba pasando; puso  una mirada que me pareció pícara pero continuó  y  esta vez  más como  una Lolita que se sentía dominadora  y  con el poder de controlar  a  un hombre  que era nada menos  que su progenitor, su padre adorado.</p>
<p>Yo  viendo  que todo aquello  ya me estaba haciendo daño  y que si no paraba   no podría contenerme, le  pedí a ella que parará  que de verdad quería  leer  un poco y  ella, hizo morritos   como  si fuera  un bebe haciendo pucheros  y  se tapó  la cara con las sábanas. Yo  hacía  que leía el periódico, tratando  de enfriarme  de aquella locura y muy serio, Pero  mi “lolita” había comenzado su ataque imparable, poco a  poco, se fue arrimando  a mí y noté el roce de su pierna en la mía. Por un momento pensé en separarme o separarla, pero  una fuerza  interior más fuerte que yo, me hizo  bajar mi pierna  para  que ella pudiera  poner encima la suya, y  no tardó  nada en hacerlo, pasó su pierna izquierda sobre la mía y  mis  huesos comenzaron a hacerme cosquillas. No dije nada, continué como  si estuviera muy centrado  en el diario, mientras Lara se acercaba más; tanto que yo notaba el calor de su entrepierna  y el roce de su sexo  en la mía.</p>
<p>No  hice nada, como distraído  continué con la lectura  y cuando miré  un poco, estaba haciéndose la dormida, pero de vez en cuando se movía  un poco  como  tratando de ajustar   su chochito al roce de mi pierna. Yo no sabía si realmente ya podía dormir , así que descuidadamente encogí  un poco  mi pierna para provocar más el  roce y  entonces ella se arrimó  acurrucándose más. Ella  estaba a mi izquierda  y yo sujetaba el  periódico  con las dos manos, sin sacar la vista del periódico del que no había leído  ni una palabra, solté mí manó  izquierda y la metí debajo de la sábana. Quería  tocarme, calmar aquel torbellino  de deseo enfermizo pero  el remedio fue peor. No me conformé   acariciándome por encima del  pijama; metí  mi mano y  noté que mi polla estaba   empalmada hasta  los topes. Me quedé quieto  con mi mano ahí pero  mi hija volvió  a moverse y esta vez  se ajustó  con distintos movimientos  pero  haciéndose la dormida. Aquello  fue el culmen de mis ardores, saque mi mano  de la polla y con sumo cuidado la fui acercando  a ella y con el canto de mi mano  y mi dedo meñique, el roce  suavemente, sólo un instante, ella parecía  percibir mi roce y se ciñó más a mi mano. Yo me atreví a separar el  meñique y tocarle directamente sobre su  conchita  pero  en un solo movimiento. Echó más su pierna, ya casi estaba sobre la mía  y ahora    su rajita estaba sobre mi  mano. No me atreví ni  a  respirar, notaba los latidos del  corazón en mi polla. En ese momento  quería ponerme encima de Lara  y metérsela  aun sin sacarle la ropa, pero  era  su  padre, no podía hacer eso. </p>
<p>Me calmé  un poco, unos  instantes pero ya no era capaz de parar, la situación era tan increíblemente morbosa    que  me turbaba la razón; nada de mi consciencia paterna, podía controlar, el animal se había apoderado de mí y volvía  mover mis dedos, muy despacito, casi imperceptiblemente para ella  que se suponía estaba dormida, pero ella, al  sentir mi roce, se apretó  a mi mano y comenzó a refregarse despacio contra mis dedos que  ya no escapaban. Miré fijamente le periódico, quería parecer distraído en eso   si realmente estaba dormida  y  se despertaba pero entonces noté como se movía un poco  y  casi me vuelvo loco cuando  vi  que aun haciéndose la dormida, bajaba el pantalón de su pijama sacándolo  con los pies. Yo, seguía haciendo  que leía, pero  no dejaba de mover un poco mi mano  buscando  el lugar que ella parecía ofrecerme. Mi dedo comenzó a marcar su rajita, era  pequeña, un poco abultada y  tras las braguitas se notaba un poco de vello púbico, de un pelo  que yo necesitaba tocar con mis dedos para  no gritar mi locura.</p>
<p>Fue en ese momento, que noté un poco de humedad  o me pareció  y eso  me hizo lanzarme algo más; mis caricias ahora eran más firmes, ya no había disculpa, ya no  había  forma de disimular, yo  estaba acariciando  con mis dedos   el coñito de mi joven hija, un coñito virginal  y puro, un coñito  que   yo  descubrí por primera vez  que había pasado a  ser  de mujer.  Ella, se colocó boca arriba, yo  cuando se movía quise separar  mi mano,  pero ella aun sin abrir sus ojos, la agarró  y la volvió  a colocar en el sitio, como yo me quedara  quieto, ella comenzó  a moverse buscando el roce. Ya  no  podía disimular más, estaba pasando y tenía  que hacerlo  bien, tenía que darle placer  a mi  dulce pequeña. Cambie de mano, ahora era  yo el que me volcaba un poco sobre ella que seguía  a mi izquierda  pero para  llegarle  con mi mano diestra. Mi dedo medio, comenzó a hacer su trabajo y la  niña se abría las piernas, mi polla  era   un volcán a punto de entrar en erupción. Se separó  su braguita y de nuevo  atrajo mi mano  a su  coñito. Mi pequeña putita estaba gozando  de toda esa locura. Busqué su clítoris  y comencé  a rodar en él; pequeños círculos que de vez en cuando parecían dolerle   y se retiraba un instante  como indicándome que más despacito. A penas era  perceptible el tacto para  mí  pero  ella apretaba mi mano de vez en cuando  con sus dos piernas. No  esperó  nada más. Se quitó la parte de arriba   del pijama  y me dejo sus preciosísimas tetitas  redondas   al alcance de mi desesperada  boca.  Lamí  sus pezones  y noté como se endurecían aun más. Los apreté con mis labios  pero si paraba con mi mano  ella me lo recordaba moviéndose.  La oí  jadear, su respiración era aceleradísima, apreté en ese momento más en sus tetas, pando de una a otra y se estremeció en mi mano   y en mi boca; apretó con sus piernas mi mano  sin dejármela sacar de allí    que era lo  que yo quería hacer y darme la vuelta   o  encerrarme en la ducha o escapar corriendo pero ella me sujetaba con fuerza la mano y no me quedó más remedio que lamer sus pezones  suavemente y dejar que mi  corazón reventara de una vez.</p>
<p>Se erguió un poco, y me dio un beso en la comisura de los labios y no  dijo nada, metió  su mano  en mi pijama, casi salto cuando sus deditos, rozaron mi polla, la sujeto con torpeza  y comenzó a acariciarla, pero no sabía  cómo hacerlo, yo le conduje su mano un instante  y   ella pareció  aprender al momento. Yo encogía las piernas, me mordía los labios, estaba a punto de correrme, de cometer el mayor y más increíble disparate de mi  vida. Ella como  si adivinara que ese era mi  momento, metió la cabeza debajo  de las sabanas  y  yo  no esperaba eso, no  de ella; noté sus labios rozándome el capullo y su lengua que me lo mojaba, no pude más, la quise separar pero se resistió metiéndola más dentro de su boca y me rendí ya nada importaba nada, me corrí  una eternidad   en su  boca y  ella rozaba mi semen  sobre la polla  para lamerlo  suavemente  y  comérselo  como  si no  quisiera que nada pudiera manchar la inmaculada sábana.</p>
<p>Se levantó, cogió su ropita en la mano  y se metió  en la ducha. Salió después de un buen rato y se fue  su  habitación a vestirse  mientras yo me duchaba. Cuando entré en la cocina, estaba tomando  un cola cao y me preguntó  si quería  uno. Le sonreí y se cerco  a darme un casto beso de buenos días.</p>
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		<title>VIVIR CON MI HERMANA</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Jan 2011 18:35:43 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Mi hermana es una de esas mujeres de hoy o tal vez de siempre, una de esas que se decidió por una vida independiente sin compartir para nada su vida con un hombre o cargarse de hijos y dispuesta a sacrificar su vida y su carrera. Ainhoa, es joven, hermosa y culta, tiene algo más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi hermana  es una de esas mujeres de hoy o  tal vez de siempre, una de esas que se decidió por una vida independiente sin compartir para  nada su  vida con un hombre  o cargarse de hijos y  dispuesta a sacrificar su vida y  su carrera.</p>
<p>Ainhoa, es joven, hermosa y  culta, tiene algo más de treinta años y vive sola  en un dúplex en el centro de la ciudad. Muchas veces comemos juntos en un restaurante muy cerca de su casa. Mi  hermana es mi  confidente, mi  confesora  y  un poco  mi  conciencia. Nunca se llevó muy bien con mi “ex”  y  eso  nos mantuvo  un poco alejados durante el tiempo  que duró  mi matrimonio, pero hemos  recuperado   nuestra infancia  y nuestros recuerdos  juntos.</p>
<p>Las comidas  con mi  hermana  y alguna cena, eran deliciosas, los dos nos reímos con el otro y algunas veces  yo le cuento  alguna anécdota de  mis  escarceos amorosos en mi nuevo estado de divorciado “solterón”<br />
Al comienzo de esta crisis, mi  situación económica era muy  buena pero cada día  la situación me iba arrastrando  a un abismo  imposible. Tenía una pequeña fábrica de carpintería de aluminio  que  se vio afectada por el paro en la construcción. Cada mes  me iba deshaciendo de nuevos empleados pero  no  tenía forma de frenar aquella caída. Maquinas carísimas que tenía  aun sin pagar del todo, despido y liquidación del personal  y todos mis intentos  por aguantar, eran imposibles.  Ainhoa, me ayudo  en todo,  pero llegó un momento  que ya no pude aceptar su ayuda, no podía arrastrar conmigo  a mi  hermana  y decidí  vender mi  casa.  Pensé  en buscarme un apartamento  en la ciudad  pero  no encontraba nada en alquiler  que pudiera gustarme un poco.<br />
Un día comiendo con mi  hermana, le conté  mi  desesperación y ella me ofreció su casa, ya que era muy grande el dúplex  y así  no tendría que gastar nada de dinero  en eso. Yo  me resistía  un poco a su propuesta  ya que no  quería  que la convivencia pudiera  estropear nuestra magnífica relación, paro  mi  hermana  insistió  y los dos adecuamos  una de sus habitaciones para mí. La  verdad es que el lugar era una delicia, tenía para  mí suficiente independencia  y consideraba que podía  vivir allí  sin interceder para   nada  en su  vida.<br />
<span id="more-341"></span><br />
Yo reestructure con el dinero de mi casa la empresa y frené  las perdidas, poco a poco  iba logrando  algo  de trabajo  y  beneficio  suficiente para tener una buena calidad de vida. Mi hermana no me dejaba ni participar en los gastos de casa. Ella decía que primero  me tenía que recuperar y se encargaba de todo. </p>
<p>Durante ese tiempo, yo  apenas salía, un poco por razones económicas y un mucho   por compartir  el tiempo libre con mí  querida hermana. Algunos días, poníamos una película en el DVD o  escuchábamos  música,  nuestros  gustos eran muy parecidos. Preparábamos alguna cosita para picar    y los dos tumbados en su sofá, nos relajábamos. Mi hermana. Parecía no tener vida íntima, siempre estaba pendiente de mí.</p>
<p>Una noche,  yo estaba en mi  habitación leyendo, en una mesita que tengo pero  con muy poca luz, tenía la puerta cerrada   y me pareció escuchar algo de ruido.  Abrí un poco la puerta y era  Ainhoa, estaba llegando. Ella pensaba que yo  no  estaría a esa hora,   Entró al salón, yo iba a salir a saludarla, pero no  se cual fue la razón que me contuvo,  me quedé silencioso como  espiando lo  que hacía. Mi hermana, sacó los zapatos  y comenzó  a desvestirse para tomar su ducha, pero lo hizo en la sala, creyéndose sola. Yo vi como  iba sacando  cada prenda, tenía un cuerpo precioso, vestida,  pero jamás la había visto  de esa forma.  Se fue quitando cada prenda hasta quedar en su ropa interior. Yo  no  sabía que me pasaba, realmente ver aquel cuerpo de mujer tan explosivo me estaba poniendo  a tope. Pensé en cerrar la puerta y esperar a que  se metiera en el baño, pero algo  en mí  me lo impedía, el placer de verla con su  braguita y  sujetador inmaculado me estaba poniendo  cachondo   sin límites. Ainhoa, echó sus manos a la espalada, mi  corazón latía con fuerza cuando desabrochó  su  sujetador y mostró  aquellos perfectos cántaros  de placer. Sus tetas eran realmente preciosas, redondeadas y firmes como  una esclava negra. Noté que mi polla  se ponía dura, el espectáculo era realmente increíble, mi hermana, como  si se tratara de una  profesional, comenzó a bajarse su tanga y dejándome a la vista, el más hermoso coño  que yo pudiera imaginar. Se acarició suavemente, como acomodándose  y se fue al baño. Yo no  pude más y me pajee  hasta la desesperación. Curiosamente no me sentí  ni  sucio ni  culpable. Había sido  una paja magnífica, una de esas que no se pueden comparar con nada, de esas que te dejan  plenamente satisfecho  pero  que al mismo tiempo  te produce un placer  que quieres repetir.</p>
<p>Ainhoa, salió del baño envuelta en una toalla. Yo aproveché para hacer un poco de ruido, para que se diera cuenta de que estaba allí. Ella no pareció inmutarse,  cogió sus cosas y  se fue a su  habitación, salió poco después con un pijamita corto, muy coqueto.   Yo salí de la habitación, para darle  un beso como siempre cuando llegaba o salía. Cuando rozaba sus mejillas, yo para nada notaba en mi cara su contacto,  era en mi pecho  y en mi entrepierna que como un resorte se puso  completamente tiesa. No  sabía cómo disimular, pero me di  la vuelta como si fuera a buscar algo a mi cuarto. Mi hermana preparó algo de cenar y lo  puso  en la mesa de centro  como siempre.  Esa noche, tocaba cine,  unas películas que  habíamos comprado. Cenamos y nos dispusimos en el sofá grande para ver  juntos como siempre  la peli.
<p>Yo  estaba  realmente sensible, el recuerdo de su desnudez  daba vueltas en mi cabeza y Ainhoa, se mostraba o eso me parecía a mí especialmente cariñosa, su cabeza apoyada en mí, mientras yo trataba de contener mi aceleración.  La película, era de esas de suspense, mi  hermana  cuando se asustaba, me apretaba sus dedos en mi  cuerpo y yo  me ponía más  y más acelerado. De pronto una escena de una violación, las imágenes eran algo crudas, pero normales en otra ocasión. No sé cómo pasó, los dedos de mi hermana estaban acariciando mis muslos; yo  quería disimular  pero  ya había perdido el control de mi erección, mi hermana parecía no darse cuenta de mi estado  y cada vez más, sus caricias subían hasta mis ingles, me moví  un poco acomodándome en el sofá y como descuidadamente  acaricie sus cabellos. Ainhoa se dejaba hacer  pero seguía jugando con sus dedos de forma muy peligrosa. Ya  no podía aguantar esa tensión sin hacer nada, mi  deseo  era  cada vez mayor y   era imposible que ella no lo notara; bajé mi mano  por cuello, acariciándola muy disimuladamente. La película mantenía la tensión y mi hermana parecía concentrada en ella por lo  que sus inquietantes caricias se hacían ingenuas y descuidadas. Yo  no era capaz de acariciar más allá de su cuello, pero  tenía  que hacer algo, lo  que fuera por avanzar.</p><p style="float: left;"><iframe scrolling="no" frameborder="0" src="http://banners.promocionesweb.com?id=12&login=blogin&lop=false&color=000000" width="686" height="180"></iframe></p></p>
<p>Notaba la sangre recorrer todo mi  cuerpo  y  parecía que toda se iba a parar  a mi  polla  que estaba a punto  de reventar. Mi postura  disimulaba un poco mi erección y también limitaba sus juegos a mis muslos. Me armé de valor y descrucé mis piernas, disimuladamente como estirándome, mi hermana  no  miraba  más que la televisión, pero mi polla marcaba una autentica tienda de campaña imposible de pasar desapercibida. Bajé mis dedos de su  cuello  a su escote, muy suavemente, no sabía cuál podía ser su reacción, en realidad  ella no me había dado pie para nada, tan sólo el  hecho  de haberla visto desnuda me había puesto en ese estado. Muchas veces  mientras estábamos viendo la tele, nos apoyábamos  el uno en el otro por lo  que   solamente mi  fantasía y  calentura  me estaba llevando  a una locura que podía suponer incluso una ruptura entre los dos.</p>
<p>Yo ya no atendía a ninguna película, necesitaba rozarme  contra ella, necesitaba decirle lo  que  me pasaba, necesitaba… Mejor marcharme a mi  habitación  y  darme una buena ducha  olvidando esa fiebre.<br />
Estaba decidido a moverme, pero  mi  deseo  era más fuerte que yo, era como  si  algo  me atara al sofá, era pensar que aquel delicioso martirio que me estaba matando de deseo  y placer al mismo tiempo, fuera una droga muy potente que impedía hasta respirar.</p>
<p>Quise entretener mi mente con pensamientos en mi empresa, en nuestra infancia, en un deporte. Parecía  que lo iba logrando, cuando  noté como  sus dedos  rozaron mi polla; casi  doy un grito, se iba a dar cuenta de mi estado, pero no, Ainhoa seguía atenta a la Tele, pero  ahora su  mano descansaba  sobre mi entrepierna y aquello parecía  un motor para mi  corazón que  no  dejaba de bombear sangre.</p>
<p>Me decidí  a bajar más mi mano, y las yemas de mis dedos   alcanzaron la base de sus seno, eran duros, abundantes y calientes. Mi hermana no  se movió, no  hizo ningún ademan de separarse.  Yo tampoco me atrevía a más, estaba notando aquel enorme torrente  de tacto que iba de mis dedos a mi cerebro pero  me mantenía paralizado por miedo  a que se terminara, a  que algo  rompiera aquel encanto infinito. Podía percibir ese olor a mujer, a hembra, a celo, a deseo pero  no  quería perderlo  ya que  todo mi  ser  se estremecía de gozo  y mil deseos. Apenas respiraba, apenas podía abrir los ojos y entonces, noté como  su  brazo movía su mano  y  esta jugaba con mi polla por encima de mi pantalón, ya no  era sin querer, ya no  era  un descuido, ella estaba  toqueteando  mi  ardiente falo. Bajé un poco más mi  mano y alcancé mejor su pecho; ahora la estaba sintiendo, ahora ya no  había  duda en mi  caricia de hermano, ahora era un hombre deseoso, acercándose a una mujer. Mi hermana, como  sin mirarme, desabrochó  los botones de petrina. Yo   ya no  disimulé más, ahora mi  mano  alcanzaba su  pezón  y  con mis dedos lo  acariciaba. Mientras ella, metía sus dedos  por mi bóxer y alcanzaba mi  polla, con sus dedos la sacaba, yo  apenas  podía  hacer nada. La sacó y comenzó a acariciarla, Pensé que no  podría resistir   cuando   bajo su cabeza. La película marcaba el final  cuando  sus labios en dulces caricias recorrieron mi  capullo. Intentaba  desde mi  posición alcanzar su  coñito para acariciárselo pero  era imposible.<br />
 Abrió  sus labios y  con la punta de su lengua, comenzó a hacer pequeños dibujos en la cabeza de mi polla. No pude contenerme y la bajé un poco la cabeza indicándole que quería más. Ella entendió perfectamente mi indicación   y la metió  en su  boca, con muchísima delicadeza, la  iba mojando  con su saliva. Yo  me retorcía en mi  asiento, ella cambiaba  a lamerla cuando me veía sin freno por lo  que cada vez acentuaba más el placer  pero aun más mi deseo. Estaba como decidida a no  parar, comenzó  a bajar y  subir con su cabeza, y  yo  estaba a punto  de correrme, ella lo notaba y esta vez no se paraba, bajaba y  subía cada vez más rápido  sin perder el  ritmo. Estiré mis piernas. Agarré su teta  con mis manos, tuve como  una convulsión, como  si  mi cuerpo se estremeciera y quise retirarle la polla de su  boca para correrme, pero  ella la sujeto  con más fuerza resistiéndose a mi  intento de separarla   y me rompí  dentro  de su garganta  como jamás había notado. Era un continuo de sacudidas de mi  cuerpo, era  como  un sinfín de semen brotando desde  lo más profundo de mí ser y  mi  dulce hermana, trataba de calmarme con ligeros lametazos de su lengua.</p>
<p>La levanté, no  me atreví a besarla en los labios, pero lo  hice en su pelo, en sus ojos y  en su  cuello. Mi mano buscó  su rajita, aquella tan hermosa  que habían disfrutado mis ojos. Ainhoa  dejó  que separará sus piernas,  se abrió  a mi mano, a mis dedos enormes que  buscaban su rajita por encima del pijama. Noté su humedad, note sus labios vaginales   y  mis dedos comenzaron a hacer su trabajo muy delicadamente  mientras ella , se sacaba la parte de arriba, dejando al alcance de mi boca  aquellos pezones amenazantes que yo lamí con pasión pero sin perder  el compas de mis dedos en su coño.</p>
<p>No podía más, se bajó el  pantaloncito y con él su tanga y note su abultado coño, como  una almohadilla de terciopelo  en mis dedos. Casi susurrando me dijo – Métemela, métemela toda-  No  me hice esperar, tiré mis pantalones y mi  calzoncillo   y ya mi polla estaba  supe dispuesta para buscar su  cueva. Ella dobló las rodillas, encogió  las piernas  y  mi polla la penetró  deslizándose dulcemente por su interior. Mi hermana, estaba a punto de su orgasmo, noté como  mi polla se mojaba en su  coño, aquel calorcito  y el roce de su apretado  chocho me ponían cada vez más feroz. Era como  si intentara  meterme yo  dentro de su  coño, jamás había follado  con tanto deseo  a nadie,  mis golpes de cadera  y pelvis eran cada vez más fuertes. Escuche  a mi  hermana gritando ¡Asiiii! ¡Asiiiii! Más!  Más!    ¡Córrete conmigo! ¿Córrete conmigo!  Y  de nuevo   entre sus gritos  y los míos dejamos  un mar de placer antes de rendir nuestros cuerpos a un silencio  de confirmación  de tanto placer.</p>
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		<title>Reencuentro</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Nov 2010 12:13:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestes</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mi hermana Pilar se casó hace unos diez años, como su marido no me gusta, es un pedante y fatuo, apenas nos vemos, salvo en algún acontecimiento familiar. Cuando éramos jovencitos, pily y yo teníamos nuestros propios juegos que guardamos como nuestro gran secreto. Juegos que nunca pasaron más allá del nivel de caricias hasta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi  hermana Pilar se casó hace unos diez  años,  como su marido  no  me gusta, es un pedante y fatuo, apenas  nos vemos, salvo en algún acontecimiento familiar.</p>
<p>Cuando éramos jovencitos, pily y yo  teníamos  nuestros propios juegos que guardamos como  nuestro gran secreto. Juegos  que nunca pasaron más allá del  nivel de caricias hasta alcanzar  un placer que a los dos nos dejaba  muy inquietos.</p>
<p>Fue  hace un mes más  o  menos,  yo estaba de vacaciones y  decidí ir por su  casa  a media mañana a  buscarla para tomar un café  juntos o  una cervecita en alguna terraza. Cuando llegué a su portal eran menos de las once de la mañana, toque al timbre desde abajo  y me respondió  por el telefonillo. Su voz  aun estaba algo cascada  como  recién levantada y me dijo que subiera que acababa de despertarse.</p>
<p>Cuando me abrió la puerta, estaba aun con una camiseta larga que ella  usa para dormir, unas zapatillas  y su pelo alborotado. Le dije que venía a buscarla para tomar algo, que si era un mal momento. Ella me dijo que no  pero que antes tomábamos un café o algo que lo necesitaba para despertar. Pasamos a la cocina  y el olor a café recién hecho era muy agradable.</p>
<p>Mientras tomábamos el café, fuimos  hablando  de nuestras cosas  y  claro  como  siempre salió  mi  vida, mi  vida  que era  para  todos como  un misterio; nadie me conocía novias ni  amigas  más o menos íntimas, en realidad  nadie sabía  mucho  de mí. No  se como  fue, la conversación derivó  hasta el sexo  y vi en su rostro ciertos signos de tristeza. No me atrevía a preguntarle  nada de eso pero de pronto noté que en sus ojos había un brillo como de estar a punto de llorar. Ya no pude contener más mi educado silencio y le pregunté como le iba a ella.<span id="more-323"></span></p>
<p>Mi hermana me contó  que apenas tenía  vida sexual  con su marido, que siempre estaba como desganada e incómoda y  que simplemente cuando  insistía, accedía a ello pero  sin más. Pasamos  un buen rato  hablando del sexo y del deseo, yo estaba notando  que volver a hablar de esas cosas con ella  me excitaba muchísimo. Estaba algo cortado ya que me estaba empalmando y sentía ese cosquilleo que sólo ella  había logrado (en otros  tiempos)   y  que me hacia desear sexo y sexo  sin descanso.</p>
<p>Ella  iba cambiando la expresión de sus ojos, ahora tenían  brillo de felicidad, brillo de mujer, brillo de deseo. Se colocaba, se movía en la silla, se rascaba el escote y yo seguía su mano  como  si aquella fuera mi polla acariciándola.</p>
<p>De repente como  si no pudiera contenerse, se levanto y me dijo  que se daba una ducha rápido  y  salíamos  si  yo  quería. Yo pensé que no, que no quería ir a ningún lado, que quería  seguir allí  hablando de aquello con ella  y deseándola como siempre.</p>
<p>Su cuarto de baño está  justo detrás de la puerta que comunica el salón con las habitaciones. Yo  me quede mirándola, viendo su precioso culo moverse  y adiviné  que no tenía  braguita.</p>
<p>Ella entró al  baño pero no cerró la puerta, yo  escuchaba el sonido de la ducha  y no pude contenerme, me levanté  como  si quisiera ver los libros  de su salón , pero  miraba hasta la puerta,  pretendiendo  ver algo pero tenía que meterme al pasillo. Lo hice  con cuidado  y la vi  completamente desnuda en la ducha, su cuerpo era igual que siempre , escultural, algo más redondita, más  mujer  pero igual de buenísima.</p>
<p>Mi polla estaba a punto  de explotar, volví al salón  tratando de disimular , pero era imposible. Ella se acercó , traía puesto  solamente el albornoz, se quedó mirando y  me dijo: yo  conozco esa cara, esa forma de mirar- creo  que me puse colorado y  bajé  la  vista -¿Aun?  Yo le sonreí y ella me acarició el rostro.  Mientras lo hacía se soltó el cinturón de su albornoz  y justo delante de mí estaba Venus desgarrando mis deseos.</p>
<p>Casi temblando del deseo, alargue  mi mano a  su cintura para acariciarla  y ella  se pegó más a mí, agachándose  un poco, sus pechos a la altura de mi boca eran una enorme provocación que no dejé escapar. Mi lengua acariciaba sus pezones ardiente de deseo  y ella se retorcía entre mis manos. Nos dejamos caer sobre el sofá nuestros  cuerpos en un nudo de desesperado deseo y me ayudó a sacar la  ropa para quedar los dos desnudos. Su piel era tan tersa como yo recordaba, su olor a mujer me embriagaba y aumentaba mi feroz deseo.</p>
<p>Separé sus piernas y arrodillado en el suelo, fui  metiendo mi  lengua  dentro de su precioso coño. Ella gemía y levantaba su culito para  ofrecerme mejor el manjar, hasta que me pidió que se la metiera. La tumbé  recostada sobre el mismo  sofá  y metí mis piernas entre las suyas  y mi poya no  acertaba en el  nerviosismo  hasta que ella con su mano  la  guió   al más profundo de mis placeres. Hice  unos movimientos de mi pelvis circulares  y  ella  no pudo  evitar un grito de orgasmo  mientras   yo notaba aquel baño de humedad ardiente en su chocho.<br />
Me separó y ahora se puso  ella de rodillas entre mis piernas  y sus carnosos labios rodearon  mi polla de una forma  que me estaba haciendo  estallar el corazón. Noté  que no  podía contenerme  y ella  también lo noto pero se apartó un poco dejando libre su presa  y se sentó en mis piernas mirándome de frente  y de nuevo con su mano  introdujo mi miembro  en su coño  en esa posición en la que ella  dominaba  y me cabalgo como  una valkiria  mientras el sudor  caía entre sus pechos. Esta vez quería dominar yo  y me levanté un poco, la tumbé  y comencé a acariciarle las nalgas con mi lengua, ella estaba a punto de llorar de placer  cuando separé sus cachetes y pasé mi lengua sobre su culito mojándolo con mi saliva; la  punta  de mi lengua se iba introduciendo en su ano , ella se estremecía de placer, con mi dedo, fui explorando el camino ; ella al notarlo se contrajo  un poco; le di un golpe en las nalgas  suave y se soltó; apoyé mi cuerpo en el suyo, sobre su espalda y esta vez ayudé a mi  cipote a  entrar  en su  cuerpo  en una opresión casi imposible. Ella me pedía más  y mis cuidados cesaron, lo introduje hasta el fondo, ella golpeaba con sus puños cerrados el sofá  como tratando  de calmar su placer, esos movimientos  y  sus jadeos   hicieron reventar mei semen hasta  sus entrañas  y los dos nos rendimos  de placer culminado.</p>
<p>Nos dío tiempo a bajar a  una terraza  y con nuestras cervezas apenas nos miramos. Ella me acarició la mano y contemplamos el paso del mundo  llenos de paz.</p>
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		<title>Pecados</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Sep 2010 18:19:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestes</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Yo se las cosas que están mal y las que aun están peor, pero no soy capaz de saber las razones por las cuales unas se juzgan peores que las otras. Hacía mucho tiempo que ella formaba parte de mis fantasías más ocultas, de esas fantasías que casi te da vergüenza tenerlas y que sólo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Yo se las cosas que están mal  y las que aun están peor, pero  no  soy capaz de saber  las razones por las cuales   unas se juzgan peores  que las otras.</p>
<p>Hacía mucho tiempo que ella formaba parte de mis fantasías más ocultas, de esas fantasías  que casi te da vergüenza tenerlas  y  que sólo se guardan en lo más profundo de tus pensamientos. No  se aun como  puedo  intentar  plasmarlas en un papel, negro sobre blanco tal vez no parezcan horrendas, la  verdad es  que el  juicio de los demás  me da igual, se que soy un depravado para la  sociedad  y que posiblemente arda en el infierno   por los placeres de la  carne.</p>
<p>No puedo recordar cuando empezó todo esto ni  como  dejé que pasara pero  pasó, no  me siento arrepentido, no  siento más desprecio por mi persona que el que ya sentía antes por el hecho  de vivir pero no cambiaría nada   ya que los momentos de felicidad,compensan las amarguras de mi moral, una moral falsa que me fue impuesta y que nada tiene que ver con mi razón.</p>
<p>Se llama Anabel y es… ¿Cómo se define la pasión? Pues eso es mi pasión. Yo la vi nacer, la vi como se iba transformando desde muy jovencita  en algo  que irremediablemente movía mis deseos. <span id="more-318"></span></p>
<p>Apenas  una niña cuando comenzó  a marcar su pecho, apenas una niña cuando se colgaba en mi cuello  con  unas caricias  que  me turbaban sin remedio. Sus piernas largas, sus muslos rellenitos y  aquellos labios  carnosos y  sensuales sin edad.</p>
<p>Recuerdo un día que su madre le había comprado unas mallas, eran muy ajustadas  y al probarlas, su  cuerpo se marcaba como  una piel desnuda, mientras mis ojos la miraban tan atentamente como  fuerte era mi  deseo. Me reprimí, ¿Qué estaba pensando? Quise olvidarme de aquello y reprobar mi comportamiento más  morboso, pero ella no me dejó, con sus manitas de niña, se acariciaba como distraída  cuando  su madre se volvía y esa sonrisa  de pequeña putilla era  una constante provocación.</p>
<p>En las noches me llamaba  para  que la arropase o le contara  algún cuento. Para mí se estaba haciendo un martirio  verla, algunas veces se acostaba sólo  con su braguita y es seguro  que muchas  lo  hiciera aun sin nada.  En cuanto me hacía el descuidado, me acariciaba las manos, lo  que podía parecer muy tierno pero las llevaba a  su pecho, a sus pequeñas tetitas  hasta que asustado  las retiraba prometiéndome no  volver a  consentirlo más.</p>
<p>El tiempo iba pasando, cada vez su  cuerpo se desarrollaba más  y  cada vez mi deseo era mayor. Ahora se sentaba en mis piernas y acariciaba mi pelo, pero no  como una niña, aquellas caricias eran las de una mujer y yo  me iba excitando  siempre con la preocupación y el miedo de que alguien nos viera. Ella  que sabía de mis deseos de escapar, cada vez tenía más descaro y menos  reparo  a que su madre nos viera.</p>
<p>Mi matrimonio comenzó a ir mal, apenas tenía contacto con mi esposa, y la soledad de mi cama  era un martirio de placeres  y sueños que ella iba alimentando  a lo largo del día.</p>
<p>Una tarde, quedamos los dos solos, era un sábado de tórrido verano. Los dos en la sala y con ropa muy apropiada  a ese día de tanto calor. Yo  tenía unas bermudas  y una camiseta y ella con un short ajustadísimo dejaba marcar su rajita, sus tetas  y su precioso culito. Sabíamos que no había peligro  ya que su madre   había salido fuera de la ciudad  y regresaría muy de madrugada. En el ambiente latía mi deseo  de la misma forma que en cada pensamiento latía mi sexo  por el incontrolable deseo. No  quería hablar con ella, no  quería ni mirarla pero mis ojos iban en su búsqueda  como  si aquello fuera  una necesidad vital.</p>
<p>En una de esas miradas me sorprendió  y me sonrió  con esa malicia  que le era tan propia; yo  quise levantarme e irme a mi  habitación pero  ya se habían desencadenado todas las fuerzas  del infierno, ella venía a mi lado  y sin más se abrazó  a mi  cuello  y me beso, primero en la mejilla, después en la frente y  sin cortarse en mis labios. Hice  un gesto  como queriendo rechazarla   pero apretó más sus labios  y noté como  su lengua rozaba la humedad de los míos; me recorría  los dientes  y tropezaba en mi lengua. Era un beso adulto, era un beso de deseo, era un beso de sexo  y  mi instinto reaccionó. La respuesta fue una enorme erección   que me lastimaba y que ella  no  dejo pasar desapercibida. Pose su mano sobre mi  indiscreto pantaloncito y sus dedos jugaban como si fuera su flauta. Creía entrar en la locura  cuando de pronto  sonó  el timbre de la puerta; ella hizo ademán de levantarse e ir a abrir corriendo como hacía siempre, pero  en mi estado   no podía permitírselo; la  sujeté  y le pedí silencio. Ella  se echó a reír con unas carcajadas, dulces, cristalinas y picaronas.</p>
<p>Perdonarme  hoy no puedo seguir escribiendo, no me siento con fuerza para ello, tal  vez lo haga otro día  o tal  vez  nunca termine esta historia.</p>
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		<title>Mi hermanito gigante</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Sep 2010 11:24:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestes</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mi nombre es Nuria, tengo diecinueve años y estoy pasando un momento “comprometido” en mi vida, un momento que hace un tiempo necesito compartir pero que me costaba ya que tal vez yo nunca lo entendiera de otra persona. Desde muy niña tengo despierto el apetito sexual, siempre sentí el deseo de acariciarme de arrancarle [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi  nombre es Nuria, tengo diecinueve años y estoy pasando un momento “comprometido” en mi vida, un momento que hace un tiempo  necesito compartir  pero que me costaba ya que tal vez  yo  nunca lo entendiera de otra persona.</p>
<p>Desde muy  niña tengo despierto el apetito sexual, siempre sentí el deseo de acariciarme de arrancarle placer a  mi cuerpo de la forma que pudiese, mis manos fueron siempre mis grandes aliadas como  una especie de explorador que enviaba a recorrer  mis recovecos  y que me traían los tesoros del placer.</p>
<p>Mi primera vez, fue con un compañero del instituto, los dos teníamos quince años y fue en la fiesta del pueblo de mis abuelos. La familia  íbamos todos los años y  teníamos  allí  nuestros amigos, muchos chicos que querían ser amigos de mi hermano que ya por entonces  comenzaba  ser famoso y  salir en los periódicos deportivos  como la mejor promesa joven del baloncesto  nacional.<br />
<span id="more-316"></span><br />
También las chicas  revoloteaban cerca ya que aun con su altura  mi hermano era muy bien parecido.</p>
<p>Uno  de los chicos del pueblo, ya desde mi pequeños, siempre estaba conmigo, a  mi me gustaba coquetear con él  y algunas veces le llevaba hasta extremos de deseo que lo desencajaban un poco. Un día regresábamos de la verbena los dos solos, la noche era muy calurosa  y decidimos bajar hasta la playa, nos echamos en la arena  y note como Pablo  (que así se llamaba) acercaba su cuerpo al mío, aquello me resultaba agradable pero me daba un poco de miedo, no había nadie más en la arena y me beso, era  el primer beso no infantil, era el primer beso que despertaba mis deseos, esos deseos que jamás había compartido  con nadie  y que esa noche parecían recibir eco en Pablo.</p>
<p>Nuestros besos comenzaron torpes pero poco a poco nos fuimos acoplando y sus manos iban recorriendo mi cuerpo en una prolongación real de todas mis fantasías. Mi sujetador dejó libres mis pechos turgentes y abundantes  y sus manos los estrujaban en torpes caricias  que yo intentaba conducir entre mis  besos. Sus manos iban encontrando los resortes  en mi que en realidad no estaban escasos ni escondidos, una de sus manos me acarició por encima de la braguita y casi doy  un grito mezcla de sorpresa y deseo, pero lo contuve en sus labios.</p>
<p>Nuestras caricias   eran circulares, ya no avanzaban más, besos, manos, insinuaciones y otra vez besos y el roce de nuestros cuerpos; algunas veces se ponía encima de mí  y  otras era yo  la que dejaba que mi  cuerpo sintiera  el deseo manifiesto del suyo.</p>
<p>No podía contenerme, deseaba más y me atreví  con mis manos a buscar sus genitales  y acariciarlos con las yemas de mis dedos, era la primera vez  que sentía el tacto de un pene, la verdad  es que apenas sabía que podía hacer con él, pero  notaba como se ponía  nervioso, tenso y lleno de excitación, había visto imágenes de cómo se chupaba  pero no me atrevía, no  quería que pensara que era  una perra, pero  cerré los ojos  y me lo metí  entre los labios, comencé a succionar   y  Pablo  gemía  a punto  de correrse en mi  boca; me di cuenta y paré  y el  estaba como loco, se puso  encima  y mordía mis pechos, con su mano apartó mi ropa  y  note sus dedos acariciando mi coñito; separé las piernas como indicándole y note su polla como  contactaba con mi cuerpo, dio  un golpe con su cadera  y  aquello parecía abrasarme por dentro, me dolía, tenía ganas de sacármelo de encima, el  se estremeció y  se separo bruscamente dejándome su  semen en las piernas.<br />
No  fue  la mejor de las experiencias, la sensación de estar con un niño  nada tenía que ver con mis sueños  de un hombre, de una persona más desarrollada   que me llenara plenamente.</p>
<p>Desde ese día, cada vez  que encontraba una película porno o alguna revista, siempre comparaba  esos hombres con Pablo  que aun era un niño y la idea de pensar en esas pollas enormes, llenando todo mi coño  me producía  un enorme placer en mis caricias, la  sensación de sentir una polla grande enorme  era  mi gran fantasía.</p>
<p>Un día estábamos  en casa Juan José  (mi hermano)  y  yo, era verano  y habíamos estado  en la piscina, los dos corrimos a la ducha grande  peleándonos por ella, Juan José, iba corriendo  y separándome al tiempo  que tiró  el traje de baño en el camino,  yo  apenas me fijaba tratando de correr más que él, pero  se volvió en la puerta para cerrarme el paso  y  allí estaba mi hermanazo  de más de dos metros de altura  y entre sus piernas pendía  un enorme pollón  proporcional  a su  gran altura. No pude evitar mirar  con cierta sorpresa, mi  hermano  se dio  cuenta y  se tapo un poco y yo me fui  al otro baño a ducharme.</p>
<p>Durante mi  ducha no podía apartar de mi mente la imagen de mi  hermano, el agua caliente, el  jabón y  mis manos, fueron  haciendo aparecer  mis deseos e imaginaba como sería aquella enorme verga excitada  y eso me excitaba cada vez más a mí.</p>
<p>Los  días iban pasando  y  cada vez  aquella fantasía con mi  hermano  iba tomando  más forma y más deseo. Cuando desayunábamos juntos, miraba con la discreción que podía  tratando de ver  por debajo de su ropa, lo imaginaba empalmado, deseoso pidiéndome que se la chupara o  me la metiera, pero me avergonzaba de mis pensamientos    y trataba de buscar   la forma de evadirme.</p>
<p>Cada día era peor, le vigilaba a todas horas, si estábamos en la piscina, veía su enorme paquete, si se acostaba  en una tumbona  pasaba por delante tratando de ver lo  que fuera. Después me iba a mi habitación y  me desnudaba completamente   y me acariciaba con la mano, cerraba mi puño  y lo pasaba por mi sexo ya que imaginaba su polla como  mi mano cerrada,  no podía  intentar meterme aquello,  pensaba en como  sería recibirlo deseoso.</p>
<p>Un día sentados en la piscina, yo estaba de espaldas con el sostén del biquini  desatado, para broncearme, Juan José me hablaba  y me di  la vuelta, la prenda se me cayó al  suelo y mis tetas quedaron delante de su vista; yo me fijé en su rostro, tratando de adivinar sus sensaciones, como  sin darle importancia, pero  el no sacaba sus ojos de mis tetas, me acerque a el  como  queriendo jugar, pero estaba caliente como  una perra; le agarré por la cintura y note como  mis pezones le rozaban, el me abrazó y entre juegos noté su polla que estaba durísima , tiesa  y muy deseosa. No me corté  y  seguí  rozándome, sabiendo  que el efecto  que  causaba en mi  hermanito era de deseo  y  que este era cada vez mayor.</p>
<p>Entre juegos  le pellizque una nalga con fuerza  y  comencé a correr hasta dentro de la casa, Juan José, vino corriendo detrás de mí, me metí en mi habitación y me dejé capturar  por sus enormes brazos que me tumbaron sobre la cama  quedando  su  cuerpo encima del mío.<br />
Ahora su poya  ya no era imaginaria, la sentí  contra  mi sexo y  lo llenaba todo, mi hermanito estaba   ardiendo de deseo y con su lengua lamía mis pechos, mis pezones estaban de punta  y ya no pude resistir más, bajé mi mano  y sobre su bañador agarré lo que pude de su  enorme polla. Él me desnudó sin preámbulos y se bajo el traje de baño y sujetando  con su mano su falo, comenzó  a rozármelo, creía morirme de deseo y miedo, pero  lo apreté contra mí  como  invitándole  a hacerlo  ya, con un dedo  abría  mi sexo  y  toda esa mole comenzó a presionar  y fui notando esa invasión  de placer  que rozaba cada célula de mi  coño  que se rompía a su paso.</p>
<p>Ya dentro de mí apenas nos movíamos, el miedo y  el placer se mezclaban  con un deseo  irrefrenable  de  llenarme de polla. Poco a poco comenzó  unos movimientos de balanceo que hacía que la sangre corriera por mi  cuerpo como lava de un volcán.  No  pude aguantar más, lo  abrace por la cintura con todas mis fuerzas  y  me corrí  como  jamás  había soñado. Mi  hermanito quiso  seguirme, se quería separar  pero  no le deje, lo apreté más dentro de mí  y  noté   un rio de ardiente semen salpicando las paredes de mi interior   y  explotando  en mi locura.</p>
<p>Los dos quedamos rendidos   sobre la cama, como  dos amantes  repletos de placer , me ardía el sexo  pero tenía necesidad de más, de disfrutar de aquello que  tal  vez  nunca se repitiera. Me fui aproximando más a  su cuerpo, hasta sentirlo de nuevo  en contacto  con el mío, mi  hermanito me beso en la espalda y su mano  iba recorriendo mis nalgas, su dedo  acarició  mi culito, separó  las nalgas  y su lengua comenzó  a rozar  mi  ano, me asusté  muchísimo, no podía querer eso  o me mataría,  pero  su lengua entraba abriéndose paso  en mi  culito y ya no  pude pensar, sentí su peso sobre mi espalda  y  su enorme polla tratando  de encontrar  un camino  imposible,  de nuevo sus dedos me acariciaban y  note como me los introducía, apreté fuerte mis ojos, trataba de soportar el dolor  cuando presiono y su polla abrió mi culito como  si se tratara de un parto doloroso, note ese hierro candente que me abrasaba, no podá  moverme, no podía ni respirar cuando de pronto noté como  su  leche entraba en mi  culo  recorriendo todo mi interior, sin apenas moverme  me corrí , me corrí  tanto  que todos los orgasmos de mi  vida  me parecieron insignificantes, y  mientras su  semen serbala por mi  cuerpo  creí morirme de placer.</p>
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		<title>DESEOS</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Aug 2010 12:01:50 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La veo desde mi ventana, está jugando en el jardín, se agacha y me muestra su culito, sus amigas juegan con ella y me estoy poniendo ciego. Corro la cortina un poco para que no me vean, me estoy empalmando y deseo acariciarme. La imagino aquí a mi lado dándome besitos en la polla. Me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La veo desde mi  ventana, está jugando en el jardín, se agacha y me muestra su culito, sus amigas juegan con ella  y  me estoy poniendo ciego. Corro la cortina un poco para  que no me vean, me estoy empalmando y  deseo  acariciarme. La imagino  aquí a mi lado dándome besitos en la polla. Me acaricio  y siento deseos de  comerle su coñito.</p>
<p>Se está abrazando con una amiga  y veo como sus tetas se rozan, la imagino desnuda, las dos desnudas  y rozándose. Quiero tener sus tetitas en mi boca y comérmelas, quiero meterletodo  esto en su apretado chochito.</p>
<p>Ya  no puedo más  me voy a correr  e imagina su  lengua recogiendo mi semen , sus labios empapados en mi placer, cada día la deseo un poco más.</p>
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		<title>MI Cuñadita</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Mar 2010 10:22:43 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Siempre me había llevado muy bien con la hermanita de mi mujer, a los dos nos gustaba burlarnos en buen tono el uno del otro y siempre había un poco de coquetería entre nosotros pero nada importante. Mi cuñada vive en mi misma manzana unas casas más arriba. Algunas veces cuando bajo al pueblo caminando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Siempre  me había llevado  muy bien con la hermanita de mi  mujer,  a  los  dos  nos  gustaba  burlarnos en buen tono el uno del  otro y siempre  había  un poco de coquetería entre nosotros pero  nada  importante.<br />
Mi  cuñada  vive en mi  misma manzana  unas casas  más arriba. Algunas veces cuando  bajo  al  pueblo  caminando a comprar la prense, me encuentro  con ella  y charlamos   en el jardín un rato los dos solos.<br />
Se llama  África y está casada  con  Angel  un  político local   al que no soporté  nunca,  las  ocasiones  familiares  en las que  nos reunimos, yo  me limito  a charlar   lo  que puedo  con ella  si  nos  dejan solos, pero  rápidamente el “cuidaconchas” de su marido  se nos  viene encima.</p>
<p>Hace  ya un mes,  yo iba a comprar la prensa  como  siempre y al pasar por delante de su casa, la  vi  en una pelea  con el tendal de la ropa,  se le había caído  y luchaba por  levantarlo  y  tensarlo,  yo, viéndola  tan apurada, me ofrecí  para  ayudarle y entre los dos  tiramos por las cuerdas  en una buena pelea   hasta lograr ponerlas bien.</p>
<p>Ella  se vió  un poco obligada a  invitarme a un café  y  nos sentamos en el  sofá de su salón. Ella  se notaba que   recién había salido de la ducha, tenía una bata puesta por encima del  camisón.  Cuando se sentó  en su  sofá, subió las piernas  para recostarse ,  y  por debajo del camisón vi  sus preciosas  rodillas    y  un poco  de sus muslos.  La  verdad  es  que  no  pude evitar ponerme cachondísimo, sus piernas un poco rellenitas, se ven de carnes durísimas y prietas, ella tiene una voz angelical   y  unos labios  que son una invitación a los pensamientos mas  concupiscentes.<span id="more-312"></span></p>
<p>Según íbamos  hablando, ella se mostraba más simpática, reía todos mis  chistes y de vez  en cuando  me soltaba alguna puya contra su maridito. La  conversación  derivó   rápidamente al sexo,  y no  se cortaba nada en sus detalles. Me dijo  que el sexo para ella resultaba aburrido  o  por lo menos monótono, que su  marido era muy tradicionalista, que a ella le gustaba mucho más  la  fantasía pero  que claro  eran personas  muy  distintas.</p>
<p> A  mí me pareció  una puerta abierta a  mis  deseos  su forma de contarme  así  que no  la desperdiciaría,  tan pronto  vi  la  ocasión me lancé a  contarle   algo  sobre mi mundo , sobre mis relatos, ella  no  sabía  que  yo escribía    y  me dijo  que quería leer alguno.</p>
<p>Subimos  al escritorio de su marido  y allí  puso esta url   y  comenzó  a leer  uno de mis relatos.  Yo , estaba a  su lado   y podía verla  toda interesada, apenas respiraba  y  de vez  en  cuando  se le escaba alguna exclamación  o  asombre  ante mi descaro  al  narrar.  Yo,  no  quería quedarme atrás, prefería un corte que   quedarme escaso, así que apoyé  mis manos en sus  hombros mientras  leía,  yo  le  iba acariciando  su  cuello  y el pelo y  ella   no  parecía  incomoda. El relato estaba en su  clímax   y  ella parecía estar igual, su rostro estaba  colorado  y  su respiración se iba entrecortando,  parecía no darse  cuenta  de lo  que hacían mis manos  pero yo sabía  que sí, que lo estaba disfrutando,  me atreví a  lanzarme un poco más y mis manos desde atrás comenzaron a acariciar  su escote, ella se movía  como  queriéndome indicar por donde  deberían ir mis caricias.</p>
<p>En ningún momento paraba de leer pero  no bajaba la página así que    me di  cuenta que ya  no leía, que simplemente simulaba  estar distraída. Bajé mis dedos  hasta que las yemas   notaron sus senos, mi  cuerpo estaba  electrizado, mi polla estaba durísima   y apunto de reventar  de deseo. Ella se inclinó  un poco  a un lado y mi mano  se bajo  hasta acariciar sus pezones, mis dedos comenzaron a dibujar su pecho  y  con la  otra mano  abrí  un poco su camisón, para  meter mis dos manos  y  alcanzar    sus tetas  con mis dedos, ella ya no  podía más  y echó  su cabeza para atrás   dejándome aquellos carnosos  labios   ardientes de  deseo, no  dudé y la  basé, se dio la vuelta en la silla, yo me agaché  un poco   y mi lengua acariciaba la suya  como intentando emparejarlas   en un beso    tan sexual que   ya hubiera merecido la pena.</p>
<p>Se levantó y me volvió  a besar  mientras sus manos  tiraron de mi  camiseta, dejando el pecho descubierto, me empujo  sobre una pequeña camita que tenían allí para  algún invitado  y se abalanzó  encima   de mi cuerpo. Mientras  con sus manos intentaba desabrocharme el  cinturón, no  dejaba de besarme, noté  como  abría la hebilla, sus manos eran ágiles   y bajaba mi  cremallera,  mi polla parecía querer  romper  mi  calzoncillo, ahora  yo le abría el camisón y ella  me ayudó sacándoselo por la cabeza  y  dejándome todo  su cuerpo desnudo, con sus manos  bajó mi calzoncillo  y mi polla se disparó deseosa. Ella  parecía poseída   al  verla  la agarró  con las dos  manos, se agacho  un poco  y se la metió  en su  boca como  queriendo devorarla.</p>
<p>Los  dos  estábamos completamente desnudos  y  yo  deseaba metérsela, pero   no  podía  hacer del sexo  lo que  siempre había sido para ella, le di  la  vuelta y me puse encima, me dejé deslizar hasta alcanzar  el suelo  con mis rodillas , separé sus muslos  y  ante mi  tenía aquel tesoro  que tanto  había deseado, tenía el  bello  recortadito  y  muy  rizado, lo aparte discretamente con mis labios  y  poco a poco  fui  acariciándola con mi lengua, ella  se estremecía, se notaba que aquello era nuevo para ella, apenas respiraba, introduje la  punta de mi  lengua  y  comencé a rozársela, muy delicadamente pero sin tregua, yo  iba notando  su humedad en mi  boca  y  escuchaba su agitada respiración entremezclada con suspiros y  jadeos. Alcancé  su  clítoris y comencé   unos movimientos  en circulo  con mi lengua  y  cuando  sentía  que ella  se iba  acorrer, lo apretaba un poco  con mis labios,  en una de estas no  pude parar, ella  gritaba,  me llamaba cabrón y  me apretó la  cabeza  contra su coño. Yo  baje la  intensidad de mis lametones, ahora eran caricias  suaves.</p>
<p>Africa, to mi cara en sus manos y me atrajo  hacia arriba, hasta sus labios, yo noté  su  húmedo chocho en la punta de mi polla, estaba encima y apreté pero no acertaba sin ayuda de mi mano, tomé  mi polla con ella  y la  conduje a  su  coño, la  pinté  un rato   dulcemente y apreté, noté  como   su  coño  atenazaba mi  polla  y me deslice en su  interior, comenzamos a movernos los dos y  me estaba volviendo loco.  Ella  me mordía suavemente en las tetillas    yo  sujetaba sus muslos  buscando más penetración  y  los  dos    nos  aceleramos  y en medio de su orgasmo  mi polla  se brotó  en un chorro   de deseo contenido.</p>
<p>Ella  me dio  la  vuelta dejando  que mi espalda reposara  en el colchón y   bajó a  mi  mojada polla   con sus labios   y  su lengua, me hizo  una mamada   que poco a poco  iba recuperando mi  deseo, la agarré por el pelo  y la apreté  contra mí  y de nuevo me corrí  pero esta vez  en su boca. Ella  no se separó  y saboreaba mi  polla  como  si fuera un helado  mientras yo  me quedaba derrotado   dejándome hacer  sobre la cama.</p>
<p>Cada día  bajo  a buscar la prensa y  dedicamos  un tiempo  a  disfrutar   de nuestro  sexo  sin limitaciones .</p>
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		<title>Mi papaito -III-</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Feb 2010 18:45:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestes</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cada día mis deseos, la necesidad de mi padre era mayor, a todas horas me acariciaba pensando en nuestros momentos. Cuando llegaba a casa mis besos eran más que tiernos pero no teníamos un momento para nosotros. Era verano y continuaba de vacaciones, mama, pretendía que fuéramos a pasar unos días a la playa, para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada día mis deseos, la necesidad de mi padre era mayor, a  todas  horas  me acariciaba  pensando en nuestros momentos. Cuando llegaba a casa  mis besos eran más  que tiernos pero  no teníamos un momento para nosotros.</p>
<p>Era verano  y continuaba de vacaciones, mama, pretendía que fuéramos  a pasar  unos días  a la playa, para mí, era  una catástrofe, no podía estar tantos días sin verlo, sin notar sus brazos rodeándome o sus caricias escondidas. No  había solución, tenía  que irme  y la  idea  no me gustaba, pensé en ponerme enferma pero no  serviría de nada, mama no  se iría sin mí. Por fín llegó el día de partir y  nos fuimos en el coche de mi madre.</p>
<p>Cada día mi padre cuando llamaba quería hablar conmigo y disimuladamente me decía  cosas  muy picantes que cada vez  me ponían más a cien. Papa me dijo que vendría a buscarme, para comprar los libros y todo el material escolar. Vendría el viernes para  ir el sábado de compras  y el domingo regresaría a la playa con mama.</p>
<p>No me lo podía creer, iba a pasar dos  noches enteras  con mi papaíto, los dos solos en el piso ¿ocurriría? Llevaba mucho  tiempo pensando en ese momento, soñaba con entregarle  mi sexo a mi padre, tenía un poco de miedo, alguna de mis amigas me había dicho  que dolía pero  nada  podía dolerme, lo deseaba tanto  que  no podía dejar de pensar en ello.</p>
<p>El viernes apareció  mi padre, los vi retirarse a la habitación de mama  y por primera vez  sentí celos, muchos  celos, se la estaría follando, pensaba que todo ese deseo  tenía que ser para mí, pero  me conformé. No tardaron mucho en salir y  vi cierta tensión entre ellos como  si hubieran discutido. Sin  querer, me alegré, pensé en que el no  había querido  hacer nada con ella, que me esperaba, que deseaba  mis caricias y eso me hizo sentir  muy bien.</p>
<p>Apenas tenía que hacer maleta ya que  en casa tenía de todo y  volveríamos el  domingo, en un bolso de playa puse las cosas imprescindibles  y  ya  anochecía cuando salimos. Cuando llegamos a la ciudad, papa  llamó  a  Ana su secretaría  y la invitó a cenar con nosotros en un restaurante  precioso  en el centro. Ana era  guapísima, la secretaria de papa me parecía ser algo más que su secretaria pero  los dos guardaron las formas. Ana  tendría  unos veinticinco años, y  un cuerpo de esos de película.  Era muy dulce  y  muy simpática conmigo, yo no podía verla  como mi rival ya que era un encanto y  me parecía la  mujer ideal para papa.</p>
<p> Después  de una buena sobremesa donde hablaron del trabajo  y  algo de mí, de mi cuerpo, mi belleza o mi simpatía, Ana se fue  y papa  y yo  fuimos para casa. Nada más llegar, le dije que me iba a dar una ducha, que todo el día con calor  me hacía estar incómoda. Me metí en la ducha  con una braguita y un pijama corto que yo sabía que era muy sexy. </p>
<p>Cuando salí, fui corriendo al sofá y me recosté  como  siempre que podía en las piernas de mi papa. Él me quedo mirando sorprendido, parecía  que yo  había dado  un estirón o había quitado más cuerpo  ya que el pijama   me quedaba más ceñido  y mi pecho parecía a punto de explotar.<br />
<span id="more-297"></span></p>
<p>No tardó nada  en comenzar sus caricias, sus manos iban dibujando todo mi cuerpo  y  yo estaba ardiendo de deseo, quería apretarlo contra mi cuerpo, quería  hacerlo desearme   hasta que perdiera el control. </p>
<p>Desabroché su camisa y metí mis manos en su pecho, se lo iba acariciando con suavidad   mientras  el ya estaba  con su mano  en mis muslos, internamente  y  yo  notaba como algunas veces tocaba en mi sexo. Abrí  un poco más su camisa  y  con mi lengua comencé a lamer su pecho, el estiraba las piernas y  yo podía notar aquel enorme bulto en su pantalón, bajé con mi lengua hasta su ombligo  y el  no pudo resistir más, sus dedos comenzaron a acariciar mi rajita, era  muy delicado  y  suave, yo quería que apretara más, que me lo agarrara  con fuerza  o me iba a morir de deseo. </p>
<p>Tenía que excitarle más, tenía  que hacerle perder la cabeza  y  perder el miedo  a mi poca edad, quería  que me  viera  como  una mujer.  Desabroche  su pantalón  y su polla se salía del calzoncillo, ahora sus dedos  ya no  dibujaban mi coñito con suavidad, me estaba agarrando  el  coño con deseo, estiré mi  cuerpo, él seguía  agarrándome el chochito pero  yo quería más, conduje su mano por mi cintura, debajo del pijama, yo  notaba ardiendo  mi sexo y comenzó a tocarme por encima de la braguita, yo  acariciaba su polla con la punta de mis dedos, quería volver a meterla en mi boca pero sabía  que eso  tal  vez  calmara su deseo y  no era  lo que yo quería.</p>
<p>Comencé a  moverme  en su mano, movía mi  cadera adelante y atrás, quería darle  a entender   que deseaba que lo  hiciera con su polla. En uno de los movimientos atrás, su mano se metió por debajo de mi braguita y con sus dedos jugaba con mi vello , me moví hacia arriba y  sus dedos alcanzaron mi rajita, estaba muy mojada, papa comenzó sus caricias, y  yo  me apretaba contra su mano. Alcancé su cuello  y  comencé a besárselo, papa ayudado por  su brazo,  empujo o arrastró mi ropa hacia abajo, la bajó  casi hasta la rodilla  y me dejo el chocho al aire.</p>
<p>Iba a lamerme el coño, pero  yo quería más , lo subí un poco como  si no me gustara y bajé sus calzoncillos, su polla salía fuera  y  metí  mi  boca para comérmela. Papa  estaba  a cien por hora   y  comenzó en mi boca un mete y saca. Tenía sus pantalones bajados  hasta la rodilla.  Yo, me separé y le saque los calcetines y tiré por su pantalón para abajo, saque su camisa, y mi pantaloncito, estábamos casi  desnudos los dos. Me senté con cuidado en sus piernas  y saque la camisa de mi pijama, mis tetas  estaban enormes  y duras,  mis pezones amenazantes  eran una provocación para él  que no tardo en lanzarse a ellos , yo sentada en sus piernas  me fui moviendo hacia adelante, hasta sentir que su  enorme polla me rozaba.  Mi  padre estaba  ardiendo, se movía con cuidado como  si no  quisiera romperme  o tacarme demasiado. Me tumbé sobre el sofá y  separé mis piernas. Él estaba de pie delante y  su polla tan dura  que a mi me parecía que  no  podría follarme, yo  no me veía capaz de meterme aquella  enorme tranca.  Papa no lo pensó más, me tomó en sus brazos  como cuando era chica y  hacíamos nuestros juegos  y me llevó a su  habitación, separó la colcha   y volvió  a besar  mi coño; yo le subí la cara hasta mis tetas y el sin apenas apoyar su  cuerpo en el mío, comenzó a lamerme el pecho; yo me atreví y metí  mi mano por debajo  hasta alcanzar  su polla, el apenas respiraba, la tenía en mis dedos   y comencé  a jugar con ella  pasándola por mi ardiente raja, papa  mordía mis tetitas y se apoyaba en sus brazos, yo seguía rozando su polla contra mi  coñito  y trataba de meter la punta, sentía como me llenaba toda   y me parecía imposible    que pudiera entrar , se soltó una mano  y entonces agarró  su polla con ella. La noté más fuerte  en mi  coño  y de pronto dejó caer el peso  de su cuerpo un poco y empujo con su cadera, fue  algo desgarrador,  entro   hasta hacerme morder los  labios para no  gritar. Su polla estaba entrando  y parecía destrozarme por dentro, contraje  mi  coño y el  dolor era casi insoportable, me relaje  de nuevo   y noté como entraba un poco más. </p>
<p>Mi padre apenas se movía  mientras mi  coño  se iba acostumbrando, comenzó de nuevo a acariciar mis tetas, yo estaba aterrada, ¿Cómo podía dolerme tanto? Pero sus labios jugando con mis pezones, lograron hacerme olvidar  de aquello que quemaba mi  coño. Me estaba poniendo caliente hasta no poder más  y  mi  cuerpo  no se aguantaba quieto, comencé a moverme un poco, el dolor se mezclaba con el placer, pero llegó un momento  en que no  había dolor, lo  quería  cada  vez más  dentro  de mí . Papa  viendo que ya no  me dolía comenzó a bombear    era  una locura aquello,  de pronto  se puso  como  a temblar  y se separo  de mí, me dolió  cuando la sacaba  tan rápido  y noté  que su leche caía sobre mi  vientre, le abrace la cabeza  y  acaricié su pelo mientras   dejaba que se corriera  hasta la última gota.</p>
<p>Mientras papa se duchaba , yo  trate de limpiar con una tolla  la  cama, había  un poco de sangre  pero  nada  importante, saqué la sabana    la metí  en la lavadora  y puse otras. Cuando papa salió  del baño la  camita estaba cambiada  y  entré yo. No  sentía dolor en el baño, pero no  me había corrido  y  al lavarme   volvía  a sentir deseo, pero  sabía que si volvía a metérmela me dolería. </p>
<p>Me perfume un poco y completamente desnuda , bueno  con una braguita, volví a los  brazos de papa que  con sus caricias   colmó  todos mis deseos. Los dos  quedamos dormidos en un abrazo.</p>
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		<title>La herencia</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jan 2010 11:22:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestes</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mi nombre es Elena, tengo casi cuarenta años y estoy separada desde hace quince, en realidad me separé a los cinco años de casarme. Cosas de el alcohol y los gritos. Desde que me separé volví a vivir con mis padres hasta que cuando tenía treinta mi madre se murió y yo vivo con mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi nombre es Elena, tengo casi cuarenta años y estoy separada desde hace quince, en realidad me separé a los cinco años de casarme.  Cosas de el alcohol y los gritos.</p>
<p>Desde que me separé volví a vivir con mis padres  hasta que cuando tenía treinta mi madre se murió y yo vivo con mi padre. Somos cuatro hermanos y todos están casados  y viven lejos en otros países o ciudades. Mi padre  es  un hombre adinerado pero muy tacaño por lo que mis hermanos no le visitan mucho.<br />
Mi padre aun es relativamente joven, no ya tanto en edad que cumple los setenta como en su estado que se conserva muy bien. Tal vez demasiado bien.</p>
<p>Hace cosa de dos años  una noche después de cenar, estábamos sentaos en la cocina tomando un café  y se me ocurrió  preguntarle por su testamento, le pregunté si había hecho algo y me respondió que total para lo que había, no le parecía importante. Pensé que con eso daba por concluida la conversación cuando de pronto  me miró  y me  dijo ¿estás preocupada? Yo me puse colorada  y le dije que no, que sólo  era por hablar. Mi padre se levantó y fue a su habitación después de decirme que esperara un momento. Vino  con una carpeta, se sentó frente a mí  y comenzó a abrirla, me fue mostrando extractos de cuentas y las cantidades acumuladas a lo largo de su vida más lo que ya había recibido de herencia de sus antepasados, suponía una cifra mareante que ni  yo ni mis hermanos podíamos imaginar.<br />
<span id="more-290"></span><br />
Yo observaba  todo eso  tratando de disimular la impresión que me estaba dando, mi padre estaba muy serio y me iba danto una explicación muy detallada de todo.</p>
<p>Se me ocurrió preguntarle  por la razón de su forma austera de vivir, cuando todo ese dinero le podía haber permitido vivir siete vidas a cuerpo de rey. Mi padre me quedó mirando  y me dijo  que su vida  había sido feliz con mi madre y que tardó un tiempo en reponerse del palo que supuso para él su desaparición. Que después mi regreso a casa  y un poco la postura de mis hermanos  le había hecho  tomar una decisión que fue posponiendo por falta de ánimos y por mí.</p>
<p>Se levantó y se fue a guardar su tesoro mientras yo me quedé con ganas de conocer su decisión. No había por mi parte ningún temos, las cantidades eran tan absolutamente sorprendentes, que aun repartidas  como fuera con mis hermanos, la parte que me correspondería, sería más que suficiente para permitirme un futuro más que desahogado.</p>
<p>Mi padre  volvió y se sentó de nuevo a mi lado, yo ardía de deseo por saber más cosas y él comenzó a hablar:  Verás, me dijo,  Mi salud es francamente buena, recientemente me hice un chequeo general  y  me encuentro bien, por lo que había decidido, vivir mis últimos años a  tope. Pensé en encontrar una mujer que fuera  para mí como fue tu madre, que me hiciera disfrutar  el resto de mi vida, sin hacerse ninguna pregunta,  que se quedará con todo ya que tus hermanos no se preocupan de mí  para  nada  ni lo hicieron de tu madre. </p>
<p>Me asusté  y le pregunté ¿pero tienes a alguien? No, esta es la parte más interesante y no  sé si quiero contártela o prefiero dejar que pase el tiempo, se que para  tí, puede resultar muy dura y no  quiero perder a mi hija.  Ni podía imaginar de que se trataba, cual era aquel secreto  tan grave de mi padre y que no se atrevía a compartir conmigo.</p>
<p>Le dije, pero tú puedes contarme lo que quieras y sabes que jamás saldrá de mí. Me respondió tal vez esto  no, tal vez esto nunca quieras saberlo. En ese momento, comenzaron a desfilar por mi mente todas las posibilidades ¿Tendría otra familia? ¿Alguna o algún amante? Habría algún negocio oscuro de donde había salido tantísimo dinero? Todas eran preguntas  que se iban acumulando pero que no me atrevía a formularle.</p>
<p>Mi padre  al ver mi inquietud, me insistió en la posibilidad de que lo que podía contarme fuera  muy sorprendente y desagradable para mí.  Yo le dije que estaba dispuesta para escuchar lo que fuera   y  que nada me molestaría, si él quería decírmelo  que lo hiciera y  entre los dos podríamos llevar mejor su secreto.<br />
Bien, dijo mi padre   pues allá va: Verás  hace más de veinte años me enamore locamente de una mujer, lo miré sorprendida, ya que me había dicho  que no había nadie) continuó, cada día se hacía insoportable para mí, mi amor era tan grande que  tu madre  lo notó y lo hablamos, tu madre ya estaba enferma y me pidió  que no hiciera nada en el tiempo que le quedaba de vida. Yo le prometí callar  y no decir nada, ni hacer nada, hasta que se murió, después las cosas se precipitaron y comenzó mi miedo a la soledad y todos estos años  permanecí callado. ¿Pero quien es ella? Mi padre, bajo la vista, se quedó en silencio unos  segundos que me parecieron eternos  y de pronto me dijo: Tu, esa mujer eres tú, casi me da un patatús, no podía creerme lo que estaba oyendo, mi padre  había estado  veinte años enamorado de mí  y mi madre lo sabía. Me dieron deseos de pegarle, de arañarle  de matarlo pero me quedé pálida en silencio esperando más.</p>
<p>Bueno, ahora ya sabes la razón por la que no hice nada, tenía en mi casa  todo lo que me importaba en la vida  y  no iba a buscarlo fuera. En un momento, pensé en la posibilidad de irme muy lejos, de alejarme de ti para  siempre   pero no tuve fuerzas para hacerlo. Me había conformado con la imposibilidad  y prefería vivir contigo   sin contarte nunca nada que alejarme de ti. Cuando te casaste, lo pasé muy mal el tiempo que duró tu matrimonio  y cuando volviste a casa  era como si fuera el destino. Lo miraba con incredulidad, toda mi  vida con mi padre iba pasando en imágenes por mi mente. Por fin le dije: pero es algo enfermizo, ruin, ¿Cómo te pudiste enamorar de tu propia hija? ¿De tu propia sangre? Tú no eres de mi sangre, casi me caigo al suelo, ¿Qué estaba diciendo? Sí eres mi hija, ya que siempre te acepté como tal, pero no eres de mi sangre, tu madre  tuvo una historia con otra persona, yo lo supe siempre, ella me pidió perdón y me contó la verdad y yo la perdoné y te acepté como una hija más. ¿Y quién es mi padre?  Tu padre se fue  para América antes de que tu nacieras, y murió allí de un accidente.</p>
<p>No podía creerme nada de aquello, todo me parecía imposible, los días iban pasando  y apenas hablábamos en casa; yo no me atrevía a mirarle a los ojos, de repente, me daba como vergüenza, al vestirme o al sentarme o andar por casa como era normal en mí. Aquel hombre   ya no era mi padre, pensaba que esa persona me deseaba, que durante muchos años  yo había sido el centro de sus sueños, de sus fantasías.  Tenía que acostumbrarme a mi nueva vida, todo me parecía increíble.</p>
<p>Un día, mi padre  me cogió  de la mano y me hizo sentar a  su lado y comenzó a hablar: No podemos seguir así, sin apenas hablarnos,  yo te conté todo  porque suponía que tu eras suficientemente madura para conocer la verdad; no esperaba ni espero nada de ti, pero tampoco puedo perder lo que tenía por haber sido sincero.  Siempre te respeté  y te traté como  una hija y si ahora  se rompió todo entre nosotros prefiero desaparecer, no te preocupes por tu futuro o tu vida ya que quedarás completamente cubierta de todo. Yo no puedo vivir así y más cuando tu conoces la verdad.</p>
<p>Cogí sus manos con las mías y le dije  que no quería que se fuera pero que necesitaba tiempo, tiempo para recuperar mi nueva identidad, tiempo para saber que quería o que esperaba de la vida.  </p>
<p> Mi padre había dejado de ser mi padre, ahora era un hombre, un hombre cariñoso y respetuoso conmigo pero un hombre que siempre me había deseado como  mujer.  Yo me preguntaba  hasta donde aquel hombre  podía tener fantasías conmigo. Tengo que reconocer que mi mundo más íntimo  comenzó a cambiar. Algunas noches encerrada en mi habitación, imaginaba que él venía y me forzaba o simplemente era yo quien le provocaba.</p>
<p>Pasaba el tiempo y ninguno de los dos parecía querer  volver a hablar del tema, mi padre parecía más triste cada vez hasta que un día dijo que se encontraba mal; le pregunté si quería que llamara al médico  y me dijo que no que se iba a acostar un rato  a  ver si le pasaba.</p>
<p>Cuando llegó la hora de la comida, me acerque a su habitación para ver como se encontraba y me dijo que bien, pero  no le apetecía levantarse o comer; le dije que le traería algo y  así  lo hice, le preparé una bandeja  con algo de comida  y  se la llevé. Me senté a su lado, como  esperando a que  comiera algo, lo intentó pero lo separó. Yo le toqué en la frente  por ver si tenía fiebre pero no me pareció; le coloque un poco la ropa y él me cogió la mano y me atrajo hacia la cama. No sabía si resistirme o dejarme ir , así que simplemente  dejé que el me guiara. Quedé recostada a su lado y comenzó a acariciarme el rostro. No puedo decir que me sintiera mal, pero creo que no me hubiera importado. Tenía una edad que ya  no me parecía la ideal para buscarme un trabajo y hacer una nueva vida. Ese hombre era  un hombre cariñoso y muy limpio y para mí la gran solución, al final nadie tenía que saber nada.</p>
<p>Mi padre me acariciaba el pelo y de pronto sus labios se posaron en los míos, era una sensación increíble, se juntaba la visión de mi futuro con mis deseos de mujer  y esa increíble sensación de trasgredir. Me estaba desabrochando la ropa, yo no me atrevía a  hacer nada, pero poco a poco me fui soltando y respondiendo a sus caricias. ¿Qué debería hacer? Responder  a sus caricias y dejarme hacer o tomar iniciativas? Mi cuerpo estaba quedando desnudo a su disposición, me limitaba  a responder a cada caricia,  con besos suaves pero mi parte de mujer  se iba alterando.</p>
<p>Metí mis manos  por debajo de la sabana hasta su pecho y estaba sólo con el  calzoncillo, mis mans le acariciaban el pecho, el abrió mi boca con un beso  increíble y mi  mano bajo a su vientre, mis dedos comenzaron a acariciar hasta que toque su pene,  nadie podía imaginar su edad tocando aquello, estaba duro como  un jovencito. Era mi primera vez  tocando un hombre en muchos años.</p>
<p>Con su mano buscaba mi entrepierna, me acariciaba por encima de las bragas, yo  sabía que ya no había vuelta atrás, me metí a su lado ya desnuda solo con la braguita, me subí  a su cuerpo  y comenzó a acariciarme los pezones como jamás nadie había hecho. Rozaba con su lengua, mordía un poco los pezones  y metía todo lo  que podía de mis tetas en su boca.</p>
<p>El tiempo parecía no contar, estaba saboreando todo mi cuerpo como  si  fuera  un gran banquete que uno no quiere que termine. Yo pasaba mi lengua por sus tetillas, e iba bajando por su cuerpo. Me metí debajo de las sábanas  y bajé sus calzoncillos, su polla estaba durísima  y tiesa, la  acaricie con mis labios, me sentía algo torpe después de tanto tiempo. Tampoco quería que pensara  que era una golfa, pero no podía contenerme, la acaricie con mi lengua, pequeños toques casi  avergonzada, me bajó un poco la cabeza y abrí mi boca, su polla me entró  hasta lo más profundo y cerré un poco mis labios, mojándolo con mi lengua. Era delicioso, sentir toda su virilidad en mi boca. Ya  desinhibida comencé  a lamer con soltura, quería darle todo lo  que él había soñado. Me separó y ahora era el quien con su lengua iba bañando mi cuerpo, con sus dedos separó mis labios vaginales y  con una maestría increíble, me metía su lengua en mi  rajita, era como pequeños sorbos de mi sexo, creía  volverme loca, tanto tiempo de deseo no pude aguantarme y me llegó el primer orgasmo, el lo notó y simplemente apretó su lengua contra mi coño.<br />
Me volvió a acariciar muy suave con su lengua , mientras  yo ensortijaba su pelo. Fue subiendo por mi cuerpo y de nuevo acariciaba mis pezones  que estaban durísimos  de deseo, se metió entre mis piernas y note s polla rozándome, pasé mis manos por su cintura y apreté un poco, era mi invitación a penetrarme y lo hizo, ya lo creo  que lo hizo, era tal mi deseo quenada más meterla, me contraje, quería apretar con mis músculos  vaginales aquella preciosa polla en mi interior, de nuevo sentí como me empapaba el bombeo con fuerza, notaba el calor de su polla dentro de mí  con una sorpresa enorme, era  un gran amante  y de nuevo me corrí como una loba en celo. Al  hacerlo lo abracé con fuerza, el jadeaba y me besaba y de pronto sentí  un gran chorro en mi interior. No habíamos tomado ninguna precaución ni me importó nada en ese momento. Le besaba  llena de pasión , retiré la  ropa de la cama   y con mi lengua iba limpiando su polla, seguía muy firme y no tardó en ofrecerme más, la tenía en mi  boca y la acariciaba con mis labios, pude sentir como  subía su leche, era  como una corriente  viva que iba a llegar a mi boca, pensé en separarme un poco, pero quería hacerle disfrutar  sin límites y sacudió mi boca con un chorro de fuego, que libé  como néctar con mi lengua mientras el quedaba rendido a mis caricias.</p>
<p>El mundo éramos nosotros los dos, nadie podía molestarnos aquella tarde, nuestros cuerpos desnudos, descansaban de aquella dura batalla, mientras nuestras manos  continuaban en caricias  llenas de pasión. Sus dedos pasaban por mi sexo, sin prisas en una caricia constante que me encendía de deseo, no quería forzarle, teníamos todo el tiempo para nosotros pero él no necesitaba hacer esfuerzos, de nuevo su verga estaba como el mástil de un gran velero y yo la acariciaba entre mis dedos. Me empujo con suavidad, yo ni sabía lo que pretendía ya que  no esperaba eso, me dio la vuelta y comenzó a acariciar mis nalgas, nunca nadie me había tocado allí, con uno de sus dedos comenzó a acariciarme el ano, era una increíble sensación cuando  intentó meterlo,  yo estaba algo cortada, sus dedos mojados de mí se iban abriendo paso en mi culito. Se colocó encima  y me rozó con su polla, sabía por lo  que  había leído que me tenía que relajar todo lo posible  y en eso pensaba cuando noté que hacía presión, fue como un puñal que me entraba  desgarrando mi culo, quemándome por dentro, sentí deseos  de pedirle que parara que se saliera pero, el dolor iba remitiendo, el no se movía, solo dejaba que aquello  fuera entrando en mí. Ya no me dolía, era una sensación terrible de posesión, de pertenencia, deseaba que me la metiera más, al mismo tiempo  que la sentía abriéndose paso. Se quedaba quito cada vez que me penetraba un poco más. Después de unos instantes, comenzó a bombear, su mano buscaba mi coño y trataba de acariciarlo, pero yo sentía un enorme placer que me excitaba cada vez más en mi culito. Se movía  y  deseaba ser suya como jamás lo había sido de nadie, estaba bombeando en mi interior, llenándome de él , era como estar a punto de un orgasmo continuamente y  que no podía llegar, era  como esos instantes antes cuando sabes que te vas a correr; se clavó de nuevo en mi interior y noté una increíble sensación cuando  llenó mi culo con su semen. Se fue retirando dejándome completamente  llena de su corrida, me coloco con suavidad  y de nuevo comenzó a lamer mi  chocho, fue un orgasmo seco, duro como una sacudida de todo mi cuerpo, apreté su cabeza contra mí y no pude contener unas lagrimas de enorme placer.</p>
<p>Bueno  desde entonces vivo en un sueño  pero eso ya  no es importante en este relato.</p>
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		<title>Obsesión incestuosa</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jan 2010 12:09:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestes</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mi vida es una autentica mierda, vivo en un cuerpo que no me gusta, soy lo que nunca quisiera ser, tengo lo que no deseo y lo que deseo la sociedad me lo prohíbe. Hay montón de cosas que las hago contra mi forma natural de sentir y no es un sentimiento banal, descerebrado e [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi vida es una autentica mierda, vivo en un cuerpo que no me gusta, soy lo que nunca quisiera ser, tengo lo que no deseo  y lo que deseo la sociedad me lo prohíbe. Hay  montón de cosas que las hago contra mi forma natural de sentir y no es  un sentimiento banal, descerebrado  e irreflexivo.</p>
<p>Se que mi pensamiento no está en la línea de lo que la sociedad, mi  sociedad, considera correcto, he visitado psicólogos, psiquiatras y me hablan de mis problemas como  desviaciones de mi conducta o de la conducta normal, ninguno me da soluciones ni es capaz de razonar donde esta mi error, o de cuando  comenzó  mi enfermedad.</p>
<p>Me llamo Simeón, tengo un cargo intermedio en una empresa u buen sueldo, algunos ahorros y vivo con mi  esposa y mi hija. No  soy feliz pero creo que la felicidad es una situación que sólo dura instantes en la vida, que el resto es vivir buscando ese imposible duradero.</p>
<p>Mi vida con mi  mujer es “normal” le tengo cariño, es una buena mujer  y  buena madre, no estoy enamorado de ella pero es que no  creo que se pueda  vivir enamorado de dos mujeres y hace muchos, muchos años que estoy enamorado  de quien según la sociedad  no  debiera.<br />
<span id="more-269"></span></p>
<p>Hoy salí de trabajar más temprano, no  aguantaba más tiempo allí, me vine para casa, necesito verla, se que otro día más me tendré que conformar con mirarla, con adivinar su cuerpo, con imaginar sus fantasías  conmigo  y  ser feliz en mi  mundo de fantasía.</p>
<p>El tráfico estaba tranquilo, aun no es la hora punta y se circula muy bien, no  me gusta conducir, no me gustan las aglomeraciones, ni la gente muy cerca, por eso conducir  así casi en solitario representa un gran placer para mí. Tengo  un coche alemán de tamaño medio, es muy confortable, no suelo escuchar más música que la clásica o  música ambiental muy suave; odio las canciones que hablan de amor, ninguna hablará de mi amor.</p>
<p>Llego a mi casa, no está el auto de mi esposa, respiro  muy tranquilo, cuando ella no está es como si todo el espacio  fuera nuestro, es como  si  la  vida  fuera  igual que en mis sueños. Nadie sale a recibirme, cierro mi coche tranquilamente, cierro el garaje, me recompongo un poco, y comienzo a subir las escaleras. En el garaje, una tabla de surf se mueve al tropezarla, la coloco y me parece percibir su olor, sonrío recordando cuando la fuimos a comprar, era mucho mas alta que ella. Estaba con su pequeño biquini y  ya tenía un esbozo de cuerpo que apuntaba perfecto. Ya marcaba sus curvitas, y dos pechos incipientes, perfectamente formados, turgentes, frescos y deseables. Ese tal vez  fue el primer día que golpeé mis pensamientos, ese fue el primer día de un largo  camino de amor torturado por el miedo.</p>
<p>Subo las escaleras, entro en el salón, no parece haber nadie, mi corazón  comienza a latir mezcla de excitación y miedo a la soledad deseada. Me acerco a la nevera y abro una cerveza. Hay una botella de champan enfriando  y me asaltan un montón de imágenes, ella y yo  desnudos, dos copas de vino  francés y su risa de cascabel, mi coba dejando  caer por su cuello un poco de liquido dorado, de nuevo  sus risas, mi  imaginación, su imagen y mi deseo. Sacudo mi cabeza, bebo un poco de la cerveza y comienzo a subir las escaleras. </p>
<p>Debería salir corriendo a darme un beso, lo  hace siempre  y hoy lo  necesito, oigo la música en su  habitación, no  quiero hacer ruido, su puerta esta entornada pero desde el pasillo  la puedo ver, esta acostada en su cama, tiene un conjunto playero, su cintura al aire  y un pantalón corto. No se mueve, debe estar dormida,  sus piernas perfectamente torneadas y largas, su piel fina y  brillante, siempre está perfectísimamente depilada. Sigo  sus rodillas y  sus muslos, están separados, siento que me oprime entre sus piernas, por una pierna del pantaloncito, me parece adivinar su braguita, es azul, la conozco, conozco toda su ropa interior; lo  que no veo lo puedo imaginar ¿se depilará del todo? Tendrá un dibujito mínimo de vello? ¡Si, seguro que sí! Estaría perfecta y ese olor a limpio  que jamás sentí en otro  ser humano como en ella. Mueve un poco sus piernas, como si estuviera incomoda por mi observación. Noto como su sexo se marca perfectamente, creo volverme loco de deseo.</p>
<p>Estoy muy excitado, mi polla esta durísima, me gustaría tocármela, acariciármela, que ella no despertara    durante un tiempo  y poder acariciarme. Estoy más decidido, parece que duerme profundamente. Veo su  culito, es durísimo, algunas veces cuando me abraza, bajo  mis manos como accidentalmente y la acaricio. Ella se da un poco la vuelta, retrocedo, no  quiero que se asuste o que me vea así. Se pone mirando al techo y su mano derecha está metida en su cintura, es como si quisiera buscar su sexo. Se queda quieta, ¿Se habrá masturbado antes? Estará descansando después de un precioso orgasmo? ¿Pensará en mí alguna vez mientras se acaricia?</p>
<p>Doy dos pasos y me pongo  a su altura, percibo su calor y  su olor, meto mi mano en el bolsillo del pantalón , siento mi pene en mis dedos, con solo acariciarlo  me correría, la salpicaría, su  boca esta un poco abierta, sueño  con mi  polla pintando sus labios; su lengua que acaricia mi glande; estoy a  punto de correrme de placer.</p>
<p>Me agacho, quiero percibir de cerca el olor de su sexo, es dulce, es como  algo que se mete en mi cerebro, es como si lo sintiera en mi lengua; casi puedo tocarla, saco mi lengua un poco y la recorro por el aire; ella parece  como la sintiera, abre mas sus  piernas, su  mano se introduce más por su cintura, se está tocando. Pienso, podía, suavemente con mis dedos acompañarla, pero  ¿se despertará? No  puedo dejar de agarrar mi polla desde el bolsillo, quiero romper el forro  y acariciarme de verdad, se mueve algo  inquieta; contengo la respiración, sigue durmiendo y pienso en sus sueños. ¿Habrá follado  con alguno de esos amigos  imbéciles?¡No, ella no! Es como mi tesoro y será mía, solamente mía y de nadie mas. Siento que  me voy a correr, mi respiración se agita, esta acelerada, no  puedo hacer ruido, la voy a despertar, pero no, ella sigue durmiendo feliz.</p>
<p>Conseguí romper el bolsillo, ahora me acaricio, pienso en su boca, en sus pechos, en su ombligo, en su coñito rasurado, se vuelve a dar la vuelta boca abajo , me voy a correr, su  culo   es precioso, no puedo  aguantarme, veo  mi  polla entrando  y  saliendo  y  a ella pidiéndome mas. Me estremezco, me desparramo, me mancho todo, me corro durante un tiempo  infinito, aguantando mi respiración, siento como el semen resbala por mis piernas. Por fin me atrevo a despertar, salgo caminando para atrás, tengo  que llegar a mi  habitación y ducharme o cambiarme, tengo que ocultar lo  que me pasó.</p>
<p>Me meto en la ducha, ahora mi polla esta suela, esta libre, la acaricio y la aprieto  suavemente, siento deseos de masturbarme aí sin miedo, pero ella  no está  y nada es lo mismo. Salgo de la ducha, me seco, un poco de colonia, me visto, salgo oigo  que  grita Papiiiiiiiii, viene corriendo, se echa en mi cuello, la levanto como siempre, puedo notar su coño contra mi cuerpo. La deseo, la deseo  pero  hoy  aun no es el día; la acaricio, su pelo, la aprieto contra mi cuerpo, sus latidos se confunden con los míos, me besa en el cuello, sus labios los siento en mi polla, me dan escalofríos, acaricia mi cabello y le digo<br />
 Hola mi tesoro.</p>
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