Sexo entre hermanos
Escrito por Tiestes el Jueves 17 dic, 2009Cuando llegó el momento de trasladarme a Madrid para cursar mis estudios universitarios, en casa se convino que lo hiciera al piso de mi hermano, que ya estaba en su último año de derecho.
Mi nombre es Belén, tengo diecinueve años mido un metro setenta, soy muy morena de melena larga y abundante, piernas largas y muy bien formadas, bueno tal vez algo gorditas pero las disimulo con zapatos siempre de tacón alto; tengo buena figura y carnes muy prietas, soy lo que los chicos llamarán una “jamona”
Apenas tenía trato con mi hermano, el había estudiado interno y el mes de vacaciones que venía a casa en el verano, yo me pasaba todas las vacaciones con mis abuelos en el campo. Después mi hermano se fue a Madrid a estudiar y nuestro contacto se podía resumir en unos cuantos días al año.
Soy muy presumida y me compro mucha ropa, cuando es mi santo o en cualquier fiesta, me gusta que me regalen moda y yo intento combinarla con cierta gracia.
Cuando llegué a la estación, mi hermano me estaba esperando, me ayudó con las maletas hasta su utilitario y juntos nos dirigimos a Goya y allí se metió por unas callecitas estrechas hasta el garaje de nuestro apartamento. Subimos en el ascensor y con tantas maletas, un ascensor muy pequeño, quedamos como muy pegados. ¡Qué bien olía el condenado! Su invasión de mi espacio vital, no me molesto como me pasaba siempre con todo el mundo. Inmediatamente note el calor de su cuerpo y me dieron unos grandes deseos de abrazarle y así lo hice, mostrándole mi gratitud por sus atenciones.
El apartamento, era muy coqueto y se notaba que mi hermano lo había ordenado pulcramente para mi llegada. Me lo fue enseñando, el salón, la cocina, el baño y me dijo que me dejaba para mí su habitación ya que yo era una chica y necesitaría más espacio en los armarios y para tantas maletas.
Decidí darme una ducha y los dos bajaríamos a un chino cerca de casa donde dijo que se comía muy bien.
Cuando terminé de vestirme, mi pelo aun estaba mojado pero decidí secármelo un poco con una toalla y bajar con el aun así húmedo. Me puse unos pantalones vaqueros, una jersey corto que dejaba mi ombligo al aire y bajamos en la calurosa noche de septiembre madrileño.
El “chino” estaba muy típicamente decorado, como todos, pero tal vez con un poco más de lujo, nos acompañaron a una mesa que mi hermano tenía reservada en un rinconcito del fondo; mi hermano me ayudo muy galante a sentarme. El estaba francamente guapo, era un gran deportista, tez morena y espalda muy ancha, tenía una sonrisa encantadora iluminada por unos dientes blanquísimos y unos labios carnosos y muy sensuales.
Durante la cena, montañas de risas, estaba descubriendo que mi hermano además de guapísimo era muy simpático y un gran conquistador. Los dos nos pusimos serios para hablar de las normas que deberíamos seguir ara que nuestra convivencia no resultara incomoda para ninguno. Hablamos de la limpieza de los espacios comunes y sobre todo de un acuerdo que me resulto un poco extraño, Guillermo me dijo que nada de parejas, para ninguno, el piso era sólo para nosotros y si alguno tenía una pareja, tenía que buscarse la vida fuera. Aquello me ruborizó un poco yo aun era virgen y la verdad es que no tenía en mi mente empatarme con nadie nada más llegar. Por mi mente pasó que claro, si mi hermano tenía un amigo así como el no me importaría perder mi virginidad cuantas veces fuera necesario. Sonreí con mis pensamientos y acepté las normas sin cambiar nada y para sellar nuestro pacto Guille, me dio un beso que yo esperaba en las mejillas y el estampó suavemente en mis labios.
Los días iban pasando, comenzó el curso y nuestra vida transcurría en armonía y paz, mi hermano era muy detallista conmigo, me regalaba de vez en cuando una rosa, algunos días salíamos de vinos juntos, me presentaba a sus amigos pero siempre regresaba acompañándome. En las noches que me quedaba a estudiar, el se sentaba en el sillón con un libro sin hacer el más mínimo ruido que pudiera molestarme. Mi vida era muy feliz, no necesitaba a nadie, mi príncipe vivía allí en mi casa ¿Podía haber más hombres así? No me interesaba nada ni nadie, tan pronto como podía, corría a nuestro apartamento ya que con el era con la persona que más me gustaba estar.
Llegó el invierno frío de Madrid y con el las gripes y lo que realmente daba de bueno es que no apetecía salir a ninguna parte por lo que teníamos más tiempo para ver juntos alguna película de video, jugar con él con su play, o simplemente hablar de las cosas de la vida.
Un día mi hermano comenzó a encontrarse mal, se mareaba y no dudé en llamar al médico, mi hermano estaba en su cama y tiritaba como de frio, que no podía ser ya que teníamos la calefacción puesta. El médico recomendó que tomara un caldito o una sopa calentita nada más y que se quedara en la cama, no parecía nada importante pero que dejara pasar un par de días de descanso y si no se encontraba mejor que lo llamáramos.
Preparé un caldo limpio y se lo llevé a su habitación, estaba un poco pálido y cuando le acerque la taza, estaba titiritando, cogí la taza e intenté dárselo yo, pero no cesaba su temblor, con mis manos comencé a rozar sus piernas y parecía calmarse pero cuando paraba, volvía a temblar, yo le daba friegas en la espalda, los brazos y las piernas y en ellas , mis manos se acercaron peligrosamente a su intimidad que noté que estaba apuntando con fuerza al cielo.
El contacto con su cuerpo me produjo una sensación muy extraña, no sabía como calmar aquella temblequera y me senté a su lado acariciando su cabello, mientras sus ojos me seguían con ternura.
La noche se iba haciendo larga, parecía encontrarse mejor, pero no quería dejarlo solo, me fui posicionando en un lado de su cama y apoyé mi espalda en el cabecero. Mi hermano se había quedado dormido, y dio un giro y me rodeo las piernas con su brazo, casi doy un salto, su mano había caído en mi regazo, de una forma muy peligrosa para mí. No podía apartarme pero tampoco estoy segura de que quisiera hacerlo, me estaba quedando traspuesta y hacía un poco de frio, así que como pude, pase por encima de mí un poco de la colcha, mi hermano se acurrucaba más y su abrazo ahora era más fuerte. Se movió y separó la ropa de la cama, como haciéndome un sitio y no dudé en meterme así como estaba medio vestida.
El me arrimó a su cuerpo, estaba como inquieto, respiraba un poco agitado, pero entre sueños, comenzó a desabrocharme la camisa, y sus manos me abrazaron ahora en contacto directo sobre mi piel, seguía medio dormido, pero me arrimaba más y más, me desabrocho el botón del pantalón y yo medio temblando lo fui bajando, quedando mi cuerpo vestido con la braguita, un tanga muy provocativo, el sujetador y una camisa desabrochada. Guillermo me arrimo contra el, mi cuerpo estaba ardiendo, mis ojos cerrados como si no quisieran ver, pero no podía evitar sentirlo. Su pierna se metió entre las mías y mi pecho quedo a la altura de su cara, me saca la camisa y me acerqué más a él como si pretendiera darle calor con mi cuerpo y a fe mía que se la debía de estar dando; noté sobre mi tanga el bulto enorme de su pijama que me apuntaba con fuerza. Jamás había sentido esa sensación, el deseo de apretarme más contra él, se iba apoderando de mí y entonces note sus labios en mi cuello, eran como escalofríos o descargas eléctricas que él iba dejando al paso de sus labios, abrí un poco mas mis piernas y ahora la mitad de su cuerpo estaba sobre el mío y su miembro parapetado en el pijama me presionaba en un enfurecido envite.
No sabía que debería hacer, no cambiaría eso por nada, pero ¿y si eran causa de la fiebre, de alucinaciones y despertaba del todo? Nada me importaba, nada me haría repudiar aquellos minutos así. Seguía con sus besos en mi cuello y bajaba por mi escote hasta mis pechos, su mano desabrochó con destreza mi sujetador y en ese instante me acerqué aun más. El con su mano derecha se bajó el pantalón del pijama, sus labios comenzaron a reconocer mis pezones de uno a otro, su lengua era una caricia constante y abrió su boca, metió todo lo que pudo de mis tetas cada vez mientras su lengua dibujaba circulitos en mis pezones.
Se sacó el calzoncillo y ahora sobre mis diminutas braguitas, note que la cabeza de su glande hacia presión como queriendo traspasar el camino, sus labios eran un sedante para mis nervios que impedía volverme loca de placer. Me eché un poco para un lado y baje mi tanga, dejando libre mi depilado chochito, en ese instante, acercó su polla, noté su contacto y tenía que avisarle de que ara virgen, al oído le dije _ nunca lo hice- El me besó en los labios, abrió mi boca con su lengua, su flor estaba sobre mi rajita, me besó profundamente y note que entraba hasta su corona, dio un pequeño grito, empujó de nuevo y toda su polla se apoderó de mí, me quemaba por dentro y una locomotora de placer inundaba mi coño, su cálido cuerpo pegado al mío, lo abracé con fuerza, el apenas se movía, de pronto aquel bamboleo que removía todo mi ser , cada vez más rápido, mi cuerpo y el suyo se acompasaron, estaba muy mojada y ya no sentía más que un enorme placer, mordía mis pezones con fuerza, yo deseaba más, que los retorciera, que me hiciera daño , que me matara y… Ya solo quería el cielo, un enorme orgasmo me sobrevino, grité sin preocuparme de nada ni de nadie y el acompaño mi grito con el suyo. Sentí como una sacudida de fuego líquido en mi interior, hasta lo más profundo de mi ser, me besó de nuevo y los dos quedamos rendidos y ardiendo de calor. Se había terminado su temblor y todos sus males, pasamos la noche abrazados y repetimos dos veces aquel gozo hasta que sentía dolor, del roce. Amanecimos y el me trajo un desayuno, un autentico festín de zumo, chocolate, galletas y su rosa de siempre. Terminé de desayunar y me levante al baño, me di una ducha y comencé a recordar la noche que habíamos pasado, y de nuevo el deseo se apoderó de todo mi ser, salí corriendo y jugando salte entre sus brazos, me beso y me dijo ¡mi niña! Me tendió sobre la cama y comenzó a darme un masaje por la espalda, se paró un momento y noté que con sus dedos acariciaba muy culito, algo frío, como una pomada, era vaselina, ¿Qué iba hacer! Casi no pude ni pensarlo, metió su dedo impregnado en la vaselina, apartó mis piernas y comenzó a meter su polla, me parecía imposible que aquello me estuviera entrando, me dolía un poco, pero me hacía sentir muy suya, era como tan intimo, un golpe de su cadera y la sentí en todo mi interior, quería más, mas que ya no podría entrar ya que me estaba llenando de polla todo mi culito, sus manos en mis tetas y creía volverme loca, bajo una mano a mi clítoris , apenas movía su polla, sólo me acariciaba, comencé a respirar agitadamente, me estaba viniendo él se acelero, apretó más fuerte en mi culo y nos corrimos los dos, de tal forma que no se contarlo.
Un relato de incesto se puede hacer más bonito, pero nunca será más real que lo que yo estoy viviendo nada puede ser mejor que follar con mi hermano.



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septiembre 5th, 2011 el 19:06 pm
enhorabuena, tu tambien has descubierto la felicidad del incesto, somos pocos, pero ya sabes el incesto es el sueño de muchos y el placer inmenso de unos pocos. como tu y como yo con mi hermano.