Recuperé a mi hermana

Escrito por Tiestes el Lunes 7 dic, 2009

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Leer la saga: Fin de la inocencia | Recuperé a mi hermana

Me gusta leer algunos relatos de sexo, pero en todos hay una constante que me asusta, tal vez cuando nos gusta escribir vemos el mundo de bellos colores  y a las personas con la misma belleza, tal es así que todas nuestras protagonistas son preciosas y tienen un gran cuerpo.

En este relato, las cosas no parecían así pero creo que aun sin tratarse de monumentos esterotipados, nuestra protagonista es una de las personas más hermosas que conozco.

Ana, es mi hermana mayor, no es  una mujer a la que podríamos llamar cañón, es simplemente  una chica, una chica en toda la extensión de la palabra. No es delgadita llena de curvas enormes y con un pecho precioso, no tiene la cara de un ángel (si los ángeles tiene cara) pero es tan hermosa  que ninguna mujer se le podría comparar.

Hace ya muchos años, apenas niños, entre nosotros  pasó algo especial que en otra parte os relato y que no es importante ahora, aquello marcó mi vida con las mujeres, el nivel era tan alto en cariño, en calor, en entrega que pocas veces en mi vida  pude encontrar algo que tan sólo se le pareciera.

Los  años  y la vida fueron separándonos, mi hermana se casó y quedó viuda muy joven, con menos de cuarenta años y nunca tuvo hijos. Ella estaba viviendo en Madrid y salvo en algunos  de mis viajes por negocios, apenas nos veíamos y  su relación con mi madre era fría y distante, por lo que aun echándola de menos apenas sabía nada de su vida.

Cuando murió su esposo, ella intentó sacar el negocio familiar adelante, pero  todo era demasiado para ella y  al pasar dos años, agotada mi hermana   nos pidió ayuda a todos los hermanos. No  ayuda económica que no la necesita para nada, pero si en su negocio, alguien de confianza ya que lo intento con personal de fuera  y  nunca acertaba.

Nos desplazamos todos a Madrid para una reunión familiar  y concluimos que la persona indicada era yo  ya que me mantengo soltero, no tengo grandes ataduras en mi ciudad y siendo economista parecía lo mejor.

Decidimos que de momento viviría en su casa, hasta que yo me asentara y  entonces buscaríamos  algo para mí.

Cuando tenía todo preparado, me desplace a Madrid  y  poco a poco me fui incorporando a su empresa. En poco tiempo  fui tomando responsabilidades  y la empresa  nos va muy bien,  tanto es así que el sábado  decidimos  salir a cenar  con  los jefes de cada departamento como muestra de nuestro agradecimiento y cariño.

Mi hermana esta radiante, como si decidiera aparcar  sus ropas de viuda o su tristeza, se había puesto muy elegante y  hasta sus ojos parecían tener un acento especial.

Bueno, estos meses que yo  llevaba en su casa, fueron  de una relación normal entre hermanos. Yo algunas veces la miraba y recordaba nuestra juventud pero intentaba pensar que eran cosas del pasado y ella era ahora otra persona.

Después de la cena, ella y yo  nos fuimos a casa  y entonces me preparó una copa  de coñac  como a mi me gustaba, calentó la copa con paciencia y me la trajo y juntos brindamos  por la marcha de los negocios. Fue justo en el brindis que vi un brillo especial en su mirada, una mirada que me condujo  a nuestro pasado, a nuestra complicidad  a nuestra oscura y silenciosa habitación del placer.

Ana puso un poco de música suave  y me invitó a bailar, mis manos querían temblar  pero domine mi nerviosismo, no  quería dar ningún paso en falso pero en el momento de tomarla en mis brazos  el olor de su piel  condujo mis recuerdos y todos mis deseos. Ana como dándose cuenta de lo que estaba pasando  apretó con delicadeza mi mano y su cuerpo se acercó al mío hasta casi fundirse en el recuerdo. Sentía los latidos de su  corazón  y el mío se aceleraba mas y mas,  la luz del salón era muy tenue y la música  nos iba embelesando. No necesitamos hablar de nada , no había pasado para nosotros estábamos en el día siguiente, Ana me besó en el cuello  y esa era como la marca de partida  de una carrera al encuentro de horas anteriores.

La apreté contra mi cuerpo, tal vez yo no era aquel cuerpo del pasado, pero mis sensaciones  eran cuando menos tan fuertes, con mis manos aparte a los brazos los tirantes de su vestido, y su escote precioso estaba allí para mí. No hizo ningún gesto para frenarme, echó su cuerpo un poco para atrás y su pecho cubierto de un precioso sujetador era una invitación al desenfreno. No podía contenerme y mis labios comenzaron a recorrerlo  mientras  con mis manos en su espalda  lo desabrochaban  y otra vez aquellos hermosos pezones  que aun se mantenían firme parecían tener mi nombre  y encajaron en mi boca  de la forma  que acostumbraba de antaño.

El vestido iba cayendo en el suelo al tiempo que los botones de mi camisa  que ella no tuvo paciencia de desabotonar,  nuestros cuerpos desnudos  ya no tenían la tersura de antes  pero el mismo o más deseo. Fue bajando sus besos por mi vientre  y sacándome el cinturón; me bajó el pantalón y sus manos acariciaron mi paquete  como  un avaro acaricia su tesoro.  Mi polla estaba en todo su esplendor, cuando sus dedos la buscaron, la acaricio un poco pasando la palma de su mano que me rozaba  excitándome aun mas, era la misma técnica que sabía  que me ponía mas y mas duro y entonces sus labios sin preámbulos se lanzaron sobre  ella y comenzó a succionar  como pretendiendo recuperar el tiempo pasado.  No pude aguantar  y me quise separar pero no me dejó, me vine en su  boca y sus labios y su lengua estaban llenos de mí.

Era mi turno, pero casi no tenía fuerzas, bajé sus braguitas  y ante mi apareció su velludo coño, que tenía perfectamente recortado y fue tal mi deseo  que entré a el con todo mi  ser , mi lengua se deslizaba dentro de ella  como si pretendiera encontrar el placer en lo más recóndito de su sexo; comencé a moverme dentro y fuera con lametazos largos  y sedientos y cada paso mío  notaba mas su humedad, abría sus piernas para dejarme hacer  y gemía desesperada, no necesitaba allí mi polla, mi lengua parecía que encontraba su lugar natural en ella, chupaba su clítoris primero  con delicadeza, después mas fuerte casi sin medida hasta que ella me indicaba con sus manos en mi cabeza que bajara la presión  y entonces como por el aire  con toda la delicadeza me toma los años , los meses los días y hasta las horas perdidas , una a una  sin que transcurriera el tiempo, cuando notaba sus orgasmos me indicaba un poco de calma  y de nuevo volvía a lamer  sin descanso su néctar y ya no pudo más como si sintiera vergüenza me apretó contra  su pubis y mojó toda mi cara de placer contenido.

Los dos caímos sobre el sofá totalmente vencidos por el ardor  y ni una sola palabra, nada  había que decir, abrí sus piernas en el sofá  y  mi polla se enterró en aquel  paraíso. Su sexo estaba mojado y se podían oír mis envestidas y de nuevo  ¡ay dios mío! Y dos cuerpos estremecidos  por aquella explosión  de años contenida.

Al  final nos miramos, nos abrazamos  como hermanos  y los dos reímos al decir “Como decíamos ayer”

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