Mi querido tonto

Escrito por Tiestes el Miércoles 9 dic, 2009

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Mi esposa tiene un hermano que es un cretino, casi todos tenemos en la familia uno , es como “La cena de los idiotas” siempre cuando una familia se reúne, tiene un listo, un rico, un pobre, un culto, una cachonda y un idiota. Pues bien en mi familia el idiota es mi cuñado y la cachondisima su mujer, que como la mayoría de las cachondas  eligió  al más bobo del pueblo.

Para mí cada día era más insoportable su presencia pero se hacía más cuando miraba a su mujer , parecía estar siempre pidiendo guerra, era una mujer alta, de unos 45 años, estaba redonda, pero no le faltaban curvas y algunas eran como muy pronunciadas, siempre con sus vestidos ajustados que marcaban su cuerpo y ese caminar  que parecía un batir de aletas  continuo. Sus ojos.. ¡No, ahora no me toca hablar de sus ojos!  Sus tetas eran  una despensa  de confituras aromáticas, con tal abundancia que se salían del estante y que nadie piense que se las encorsetaba, cuando se ponía en traje de baño, seguían allí firmes y apuntando  amenazantes como un Mihura. Brazos y piernas bien torneados y unas manos que derraman deseo. Sus labios eran la fotografía de un sueño de sexo femenino y al verlos  uno no podía pensar en otra cosa que no fuera lo que debía ser su chocho.

El imbécil, presumía de tratarla  con cierto desdén  y ella respondía con una mirada  que a mi se me ocurría de “pobre hombrecito”. Yo no perdía ocasión para hacerle alguna broma, bailar con ella, piropearla con discreción y sobre todo soñarla, soñarla con una lujuria enfermiza.

Sabía que la vida  me iba a deparar una oportunidad y tenía que estar muy atento, esperar cualquier señal ya que no podría dejarla escapar  y como dice el refrán, me senté a la puerta de mi casa para ver pasar…

Coincidió con la fiesta  de cumpleaños de mi suegra, el mamarracho estaba de viaje  y mi mujer me pidió que fuera yo a buscar a su esposa. Por mi mente pasó como una calentura que llegó de inmediato a mi entrepierna pero simule  cierta molestia: Le pregunté a que hora debería recogerla  y me dijo  la cena es a las diez, vete con tiempo, le dije que sí, que al terminar en la oficina ya iba pero claro esa no es ninguna hora, por lo que si salía mal, no tendría que dar explicaciones.

A las siete de la tarde perfectamente arreglado, me presenté en su casa, un bonito chalet a unos cinco kilómetros del centro. Llamé en el portal  y al reconocer mi voz, me abrió como preocupada por la hora o por no estar arreglada. Le dije que había venido a ver a un cliente por allí y que terminara antes de lo previsto y que ya había venido.  Ella  estaba con una bata de casa y  por lo que parecía nada más, eso me puso más acelerado  que el AVE. Me invito a pasar al salón y me ofreció una copa que acepté con gusto. Fue cuando me la acercaba, que se inclinó un poco y me sorprendió mirando su escote; su primera reacción fue taparlo pero se echó a reír y me dijo _Cuñado como eres de golfo y sonrió con picardía. Se me fue la mirada  a la foto del atontado sobre un mueblecito  y juro que le vi dos astas rojas en la cocorota de estúpido. Le dije –Carajo cuñada, es que no se puede perder la oportunidad de ver el Taj Mahal y cerrar los ojos, -adulador , como eres- pero al decirlo volvió a dejarme ver aquel esbozo de una gran obra de arte. Le pregunté si no me acompañaba  que aun era temprano y dijo , bueno nunca se dice que no  a un rato de charla y se puso una copa y se sentó frente a mi

Al principio correctamente con sus piernas juntas y tapándolas un poco con la larga bata. – Te sigues conservando como siempre preciosa—También tu te conservas muy bien, como se ve que mi cuñada te cuida, -sí, sí dije yo, me cuida. Y puse una cierta mirada de tristeza. Ella picó, bueno no se si picó o se engancho voluntariamente al anzuelo pero me preguntó si todo iba bien, y respondí que sí pero que nuestra vida había perdido un poco  de alegría con el paso del tiempo y que las cosas ya no eran como antes- esperaba una declaración de reconocimiento de que ella se había casado con el cretino y no tardó en llegar_ algunas veces la vida nos da y otras nos va quitando, por lo menos tú, viviste unos años feliz_ ahora me mostré yo interesado ¿Tu no? No anduvo con titubeos  y dijo _No, yo no, pero ¿no ves con quien me casé? Puse cara de no entender del todo, pero tal vez sí se refería a lo que yo pensaba, así que continuó_ son ya muchos años y cada día me resulta más insoportable, ya no me vale para nada , ¿si salgo con el a alguna parte? me avergüenza, ¿si quiero hablar con él, cree saberlo todo? Y de otras cosas  ni contarte… Volvía a mostrar interés_ Hace ya años que entre nosotros no hay nada de nada -  Pero ¿y tu? Como puedes llevar eso? Bueno, no me importa con tal de no aguantarlo,  yo me limito a soñar a vivir en sueños lo imposible de la realidad. Como si se me escapara un suspiro y un que pena… ella me sonrió  y me dijo que nunca nadie sabría el secreto de su vida y mientras hablaba  sus piernas perdieron la compostura  y hasta donde vi fue como un desmallo, ahora la compostura tenía que ser mía ya que me puse superduro _ ¿algún amor, imposible? _sí, uno pero a ti no te lo puedo contar_ ¿dudas de mi? No, pero no puedo contarte más _¿le conozco?_ Mejor que nadie dijo sonriendo  y añadió pero no me preguntes más e hizo ademan de levantarse. Yo también me levante y quedamos casi tocándonos de frente, sus ojos me acariciaron y ya no dudé  acerqué mis labios y ella cerró sus ojos  y me respondió con dulzura.

En ese instante comenzó la danza del placer, manos  y bocas que se tropellaron y cuerpos desnudos, su cuerpo era abundante y un desafío  a la gravedad, todo aquello se mantenía firme y duro  y mi lengua mis labios mis dientes  iban palpando cada recoveco, tanta abundancia  era un placer a mis deseos, sus enormes pechos llenaban mi boca los atacara por el costado que lo hiciera, intenté cogerla en mis brazos  pero sin ser aparentemente tan voluminosa mi espalda estalló  igual que mis brazos, no se si realmente quería irme del salón y dejar de ver la cara del panoli  mirándome con esa sonrisa de capullo pero  nos fuimos arrastrando hasta su cama y me poseyó, digo que me poseyó  ya que ningún hombre  tendría capacidad para poseer  todo lo que ella de mujer tenía. Mi polla estaba metida en un delicioso  horno con batidora, que a cada envestida  ella sustraía la fuerza  dejando sólo el placer, jamás había sentido algo así, mis testículos rebotando contra sus labios vaginales  y mi polla se soltó dentro de coño en una especie de estertor definitivo. Ella seguía aprovechando todo el tiempo de mi erección y la nueva que surgía con más fuerza, como gritándole al mierda ¡Toma, así se hace! Empujé con fuerza una y otra vez hasta que se rompió sobre mi cuerpo y sus labios vencidos cayeron en los míos ya sin aliento.

Cogió mi cabeza entre sus manos y me besó  como un pastel de fiesta, mis ojos, mis cejas, mi pelo, mi cuello, mi  boca, mi  pecho y bajando hasta mis huevos y para mi sorpresa primero uno  y después el potro los envolvió con su lengua en dulcísimas presiones  y de nuevo mi polla llenando su boca, ella tenía la maestría de las diosas y comenzó la mamada de mi vida, yo, iba notando una sensación en mis huesos que los recorría por dentro, no pude evitarlo  y se me escapo un grito, apretó fuerte contra sus labios  y un reguero de semen  le brotó.

Nos vestimos y con sus mejillas rosadas  llegó a la fiesta  como  un sueño de primavera. En mi rostro una sonrisa y mi mujer me dijo Hoy estás menos acompañado, ¿se nota la falta de mi hermano verdad? Si, respondí con una sonrisa cariñosa, mucho.

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