Mi papaito V
Escrito por Tiestes el Viernes 5 Mar, 2010Cada vez que teníamos una ocasión papá y yo, buscábamos un tiempo para estar juntos, algunas veces en casa cuando estábamos muy seguros de que mama no aparecía, otras veces yo iba a su oficina y si tenía algún viaje que no coincidiera con mis clases me pedía que le acompañara.
Yo sabía lo que le gustaba a mi padre y trataba de dárselo, algunas veces lo sorprendía y le hacía una mamada mientras el conducía, otras veces le hacía parar a un lado de la carretera y follábamos en el coche , a él le gustaba despelotarme y comerme el coño y a mí me volvía loca pero lo que más parecía ser nuestro punto de explosión era cuando estábamos muy seguros y me follaba el culo. Yo había aprendido a disfrutar de eso, mi padre me acariciaba con los dedos mientras me follaba y sentir toda se leche dentro de mi culito era una sensación increíble.
La vida de mi padre y mi madre iba cada día peor, las discusiones eran constantes y parecía que mama tenía otra persona desde hacía tiempo. Un día la discusión se elevó demasiado y decidieron separarse. Mama hizo mucha fuerza para que yo me quedara con ella y en la intimidad con papá, decidimos que sería mejor así de momento.
Un día papá me vino a buscar a la salida del instituto, comenzamos a hablar de cómo estaba viviendo él y me contó que había comprado hace tiempo un apartamento, que ya lo tenía hacía algo de tiempo en previsión de lo que iba a pasar pero que se lo había dejado a Ana su secretaria. Yo sabía o suponía que entre mi padre y su secretaria había una gran amistad pero fue ese día cuando me enteré que estaban viviendo juntos.
Yo me puse a llorar, estaba muy triste, mi padre me engañaba, el me contó que no, que yo era su hija y su gran amor, que en todo caso a quien había engañado era a Ana ya que tenía relaciones con ella mucho antes de haberlas tenido a nivel sexual conmigo.
Pero todo era sorprendente para mí, ¿Cómo Ana participaba de la intimidad de mis visitas? ¿Sabía algo Ana de lo que pasaba conmigo? Ella siempre era especialmente dulce conmigo y era una especie de cómplice mía.
Bueno las cosas se fueron calmando, mamá tenía sus aventurillas y desde hacía un tiempo estaba saliendo con un compañero de trabajo. Yo me quedaba muchas veces sóla y lamentaba siempre no poder estar con mi padre.
Un día mama, me dijo que tenía que ir a un congreso en el extranjero, yo sabía que era una disculpa, que en realidad quería pasar unos días con su amiguito. Decidimos que me quedaría con mi padre esos días y lo llamamos para preguntarle. Resultó que papá se tenía que ir de viaje y habló conmigo me dijo que me quedaría con Ana y que sólo serían tres o cuatro días y que el regresaría lo antes posible. Me pidió que no le dijera nada a mi madre ya que si ella sabía que me quedaba con Ana no se iría, así lo hicimos y cuando llegó el día con mi maletamama me dejó en casa de Ana.
Papá tenía que salir ese mismo día, pero estaba esperando mi llegada, fue muy cariñoso conmigo y Ana estaba como muy contenta, iríamos de compras, al cine, a ver algunos espectáculos como dos amigas. A mí como Ana me caía muy bien también me hizo ilusión y mi padre se marchó tranquilo y feliz.
Ana y yo salimos esa misma tarde de tiendas, la verdad es que nos lo pasamos increíblemente bien, compramos muchas cosas preciosas para mí. Ana me maquilló y yo me veía guapísima, paramos en una heladería y tomamos dos helados magníficos y los hombres nos miraban al pasar y algunos hasta nos piropeaban.
En la noche fuimos a comer a un restaurante italiano precioso, tenían unas mesas muy adornadas con velas y una música increíble. Ana y yo coincidíamos mucho a pesar de que ella me llevaba unos diez años. El tema de papá no se tocó, yo no sabía que podía saber Ana y ella por discreción también mantuvo silencio sobre el tema.
El vino de la comida me había mareado un poco, yo nunca había tomado vino y la verdad es que era muy agradable así fresquito pero sin darme cuenta se me iba subiendo y me ponía muy contenta; hablaba mucho y me reía por todo y Ana me acompañaba.
Ya en la casa, comenzamos a reinos y yo decidí probarme bien toda la ropa, me encerré en el dormitorio principal y Ana estaba en la sala, sentada en un sofá. Decidí salir como si fuera una modelo y hacer un pase para Ana. La verdad es que todo era precioso y me encantaba desfilar para mi amiga.
Ana me ayudaba a colocar alguna prenda y lo hacía con mucha ternura, que si el largo de una falda, que si los tirantes de una camiseta o un jersey que tenía que lucir más flojo. Por fín ya estaba terminando entre risas y Ana me dijo – Te falta la lencería Yo me quedé algo sorprendida y me puse a reír, pero ella insistió y me armé de valor con el descaro del vinito y comencé a vestirme con un conjunto precioso de braguita y sujetador. Ana al verme se mostró como orgullosa y admirada, la verdad es que mi cuerpo es muy bonito, Ana se acercó para moverme los brazos y verlo perfectamente, me abrazó y me dio un beso en la mejilla, yo, estaba realmente agradecida de toda su simpatía y la abrace con más fuerza. De pronto ella me dijo –Señorita quiere bailar, nos reímos y nos pusimos a bailar al compás de la música. No paramos de reír y entonces le dije que le tocaba a ella. Dudó un poco pero ante mi insistencia cedió y comenzó a pasarme su ropa. Llegó el momento de su ropa interior, yo estaba aun con la mía y una batita de seda de Ana. Cuando salió la verdad es que casi me desmallo, era increíble, a mi me pareció perfecta, con unas formas increíbles y un pecho precioso. Ahora fui yo la que me mostré así y también la invite a bailar las dos nos abrazamos, nuestros cuerpos pegados y un montón de risas pero una sensación nueva para mí, me gustaba sentirla así tan cerca.
Llegó la hora de acostarnos yo me fui a mi habitación y cogí un libro, no podía dormir y parece que Ana tampoco ya que tenía la luz encendida. Después de un buen rato le pregunte ¿No duermes Ana? Y me respondió que no tenía nada de sueño, me dijo ¡Ven para aquí! Yo no lo dudé ni un momento y me fui a su habitación, estaba sólo con la braguita, me puse la bata y fui corriendo. La habitación olía a papá y eso me hizo estremecer , me metí en la cama y me sentía mimosa con ganas de cariño; Ana me abrazó y noté su cuerpo, ella también dormía solo con la braguita y nuestros cuerpos se juntaron, sentí en mi pecho el roce del suyo y no se que pasó, comenzamos sin más a acariciarnos y a besarnos, primero en las mejillas pero sus labios buscaron los míos y me sentí increíblemente excitada y sorprendida, estaba descubriendo que una mujer me podía excitar, deseaba acariciarla, besarla , poseerla. Ana era increíblemente hábil , sus manos acariciaban de una forma cálida, sus besos eran deliciosos. Sus manos acariciaban mi cabello y mientras sus labios recorrían mi cuello, apenas podía abrir los ojos, no quería pensar y sólo disfrutar todas esas sensaciones . Sus labios besaron mi pecho y eso sí que era nuevo, era una nueva sensación para mí, nada que ver con lo que hacía mi padre, los labios de Ana , eran certeros, su lengua me hacia estremecer y deseaba corresponderle; acaricié sus tetas con mis manos, su piel tenía un tacto aterciopelado, sus pezones era más bien grandes en comparación con los míos, más oscuros; tenía un olor delicioso que invitaba a estar lamiendo su cuerpo pero no era capaz de concentrarme cada vez que ella me acariciaba.
Noté como bajaba sus manos y se quitaba la braguita, no dudé e hice lo mismo, ella me ayudó y comenzó a besar mis muslos, creía estar volviéndome loca de placer, sus manos comenzaron a acariciar mi sexo, era como un fuego abrasador entre mis piernas y ocurrió, Ana comenzó a lamer mi coñito y no tarde nada en tener un orgasmo increíble, me lance sobre su cuerpo, nos abrazamos y nuestros coños se rozaron mientras yo seguía corriéndome, casi no podía contener las lagrimas , metí mi cabeza entre sus piernas y con mis manos separe sus labios vaginales , mi lengua rozaba y buscaba su interior, me llegó ese sabor a mujer increíble, ella acariciaba mi pelo y doblaba las piernas de vez en cuando de pronto apretó mi cara contra su chocho y sentí que me mojaba con sus jugos.
Me dio la vuelta, yo estaba ahora debajo y metió una de sus piernas entre las mías y nuestros coñitos quedaron juntos, Ana comenzó a moverse y yo estaba tan sorprendida con mi placer que sólo pudo abrazarla y las dos nos corrimos entre jadeos y gritos de placer enorme.
Cada vez que teníamos un orgasmo, volvíamos a comenzar, nos levantamos a por un refresco pero era corriendo y volver a juntar nuestros cuerpos y a disfrutar.
Pasamos todo el tiempo, día y noche en la cama, comíamos de lo que había en la nevera y de nuevo a dormir y gozar hasta que llamó papaá para decirnos que regresaba. Bueno eso ya os lo contaré mañana. Besos
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