Mi papaito-I-

Escrito por Tiestes el Lunes 1 feb, 2010

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Mi infancia transcurrió entre las manos de mi papa, no sé cuando comenzó todo ya que siempre pareció unido a mi vida, recuerdo que era muy pequeña cuando me di cuenta de que lo que me hacía papa, era algo malo para los demás aun cuando a mi no me lo pareciera. Papa le llamaba “nuestro juego secreto” y a mí me gustaba mucho jugar a ello pero no tanto tener que disimular con mama y con la abuela.

Cuando papa estaba en su cama, yo me iba corriendo a su habitación y él me acaricia, algunas veces si no había nadie en casa me lamía como si yo fuera “su caramelo” así me llamaba.

Los años fueron pasando y yo me hice una mujercita, comencé a desarrollar todas mis formas y la vida era generosa conmigo en eso; pronto usé más talla de sujetador que mi madre. Ninguna de mis compañeras de colegio tenía ni la mitad y los chicos me miraban con deseo; bueno y algunos no tan chicos.

Los juegos con mi papa eran ahora más escasos; queríamos mantener nuestro secreto, era algo que nos pertenecía a nosotros solamente y yo ya era consciente de a que juegos jugábamos pero de ninguna forma quería perder esos momentos tan íntimos con papa.

Mis padres vivían en discusiones permanentes y simplemente se soportaban por mí, por la familia y seguramente por razones económicas. Mi padre tenía otra vida y yo lo sabía, el me había dicho que un día me contaría su verdad, yo sentía pena de que ese ser tan adorable no fuera más feliz.

Un día salí del instituto temprano y en mi casa sabía que no había nadie, así que llamé a la oficina y mi padre me preguntó si quería ir a buscarle y daríamos un paseo por ahí. La idea de estar en la ciudad a solas con mi padre me pareció magnífica, tal vez papa tendría en la oficina un lugar privado donde los dos pudiéramos jugar a nuestro juego sin miedo. Tal vez esta vez y fuera de casa yo pasara a ser algo más que su caramelito.

Pasé por la oficina y rápidamente le dijo a Ana su secretaría que no le molestara nadie que quería estar a solas con su hija. Ana me pareció muy guapa, la verdad es que me sentí un poco celosa, me pareció ver una sonrisa cómplice con papa.

Mi padre nada más que verme, me había abrazado y besado, cuando los dos quedamos solos en su despacho, cerró bien la puerta. Su despacho era muy grande, con un saloncito y un baño completo. De los muebles en las paredes bajaban las cosas más increíbles como un bar muy surtido, una pantalla de cine y tele, un equipo de sonido impresionante. Papá se lo tenía muy bien montado.

Después de mostrarme su enorme despacho, nos sentamos en el sofá, papa con una cerveza y yo con una coca con mucho hielo como a mí me gustaba.

Yo estaba deseando jugar a nuestro juego en realidad ya no era nuestro juego, era que papa me tocara mis tetas y me comiera el coño mientras yo veía algunas veces como crecía su polla, pero el, jamás me había invitado a acariciársela y yo haciéndome la tonta me moría de ganas de hacerlo pero lo disimulaba.
Una vez en el sofá, papa me rodeó con sus brazos, yo sabía que había iniciado el juego y ya me hacia cosquillas el cuerpo. Esta vez, no había ningún peligro, estábamos los dos solos, como dos adultos, como dos amantes; aquello me emocionaba, hacía que mis fantasías volaran en mi imaginación hasta lugares a donde nunca había llegado. Cuando comenzó el juego, yo le dije a papa si podía usar su ducha. Venía del instituto y me apetecía ponerme muy cómoda. Papa llamó a la abuela para avisar que yo estaba con él y que no se preocupara. Me metí en el baño, me di una deliciosa ducha y me puse un albornoz que él tenía en un armario y sin nada más en mi cuerpo. Me miré en el espejo, la verdad es que tenía un cuerpo muy bonito y con su albornoz enorme sin otra prenda resultaba muy picante.

Cuando salí de nuevo al despacho, mi padre me sonreí de admiración, me cogió por los hombros y me dijo que estaba preciosa, yo disimulando solté el cinturón y el albornos se abrió dejando mi cuerpo como un caramelo desenvuelto. No dudó me recostó sobre el sofá y comenzó a pasarme su lengua por mis piernas, me cogió los pies y comenzó a lamerlos, mi lívido estaba por las nubes, deseaba que subiera hasta mi coño y lo chupara sin miedo, mucho tiempo. No se lo tomó con prisa, como si quisiera volver a lavar mis pies son su lengua, y fue subiendo por mis piernas , yo quería ver su paquete, quería saber hasta que extremo mi padre se excitaba con nuestro juego.

Esta vez no me iba a limitar a ser su caramelo, yo también quería participar, mi padre acariciaba mis piernas y me iba recorriendo con su lengua, yo ya notaba un cosquilleo en mi sexo, quería que llegara pronto y me lo comiera pero al mismo tiempo aquellos preliminares en mis muslos me ponían a tope. Separó del todo el albornoz y mi cuerpo completamente desnudo, tendida en el sofá se ofrecía como el de una sacerdotisa. Papa, se quedó contemplándome en sus ojos se podía ver la admiración y el deseo. Me dijo: _ Ya eres toda una mujer y de mis muslos subió a mis pechos, el estaba agachado delante del sofá en una postura que no me pareció muy cómoda y yo con el albornoz abierto, los ojos entrecerrados disfrutaba de sus caricias, y pensaba en como era su excitación, como estaría su sexo.

Mis pechos son grandes, con una areola oscura, los pezones aun no son muy grandes, pero tan pronto me toco se ponen muy duros. Él, comenzó a pasar su lengua, intentaba meter mi teta en su boca, pero sólo podía abarcar una parte por más que se esforzaba en darme bocados de deseo, y de nuevo volvía a rozar mis pezones, mi cuello. Se alzó un poco descansando su cuerpo en el sofá con el fin de alcanzar mi otro pecho yo seguía pensando en darle placer en aportar algo que compensara aquel goce y dejé caer mi mano como distraída entre sus piernas y casi doy un salto cuando sobre el pantalón mis dedos notaron todo su enorme deseo. No me pude frenar un deseo irreprimible de agarrársela, él me miró sorprendido y volvió a la carga pero voraz en mis pechos, yo torpemente intentaba bajar su cremallera con una sola mano, me estaba poniendo muy nerviosa y cada vez más torpe, mi padre a cada avance mío se encendía más , por fin logré bajar la cremallera y mi mano se metió por la petrina tenía su bóxer y no podía tocarle, pero ya mis dedos notaban como su polla estaba como un palo, nunca había tocado algo así, fue como una descarga en mi cuerpo, apretar mis dedos sobre la tela de su calzoncillo y su pinga parecía tener vida propia, autonomía, mi papa apenas podía moverse, simplemente cuando yo me paraba con mi mano el lamía con fuerza mis pezones, ya no podía seguir por encima de la ropa y metí mi s dedos buscando tocársela y por fin encontré el camino y mis dedos la rozaron con un poco de miedo , era grande o eso me parecía, era muy suave y caliente, mi padre se cambió de posición ahora estaba mas erguido y mi mano rozaba con torpeza su polla, había visto alguna película pero no tenía nada claro lo que debería hacer pero a él parecía gustarle. Se agacho sobre mi chochito, separaba mis pelitos con su lengua, él siempre lo hacía como algo natural pero esta vez se notaba muy excitado, a mi esa situación y tener su polla en la mano me estaba poniendo sin frenos, note como se estremecía mi cuerpo, esta vez estaba teniendo un orgasmo de mujer, ya no era el gusto de una niña, estaba mojada y mi estremecimiento era más interior- Papá comenzó a moverse como con compulsiones, jadeaba sobre mi chocho y noté como mojaba mi mano con algo viscoso y caliente, me di cuenta que se había corrido y sentí unos enormes deseos de abrazarlo y llenarlo de besos.

Continuará

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