Mi hijo es mi amante.

Escrito por Tiestes el Sábado 12 dic, 2009

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Cuando recibí este relato, no tenía la seguridad de que encajara muy bien en este blog ya que  la temática, me pareció algo dura y muy serio para lo que pretendemos que es entretenernos con unos relatos donde la verdad  y la ficción se confunden. Pienso que debemos ser respetuosos con quien tiene la gentileza de enviárnoslos y dentro de un nivel  de aceptación alto os lo dejo con mi agradecimiento a la autora. Si hiere vuestra sensibilidad, disculparme y dejarlo en el punto que os incomode. 

Algunas veces cometemos errores en la vida por no abrir nuestros ojos a lo inmediato, esto me pasó a  mí: Nunca pensé en poder contárselo a nadie pero este blog de relatos de incesto, me da la oportunidad de compartir con más personas lo que fue un drama en mi vida y en la de mi querido hijo.

Tuve a mi hijo con diecisiete años, por esas cosas  de la vida,  antes de nacer el niño, me casé con su padre, un chico joven, siempre alegre, muy animoso y que me dio  un tiempo de enorme felicidad. Por desgracia, un accidente de trabajo me lo arrebato cuando aun éramos muy jovencitos. Viví sólo para mi niño  hasta hace dos años, pero la vida, hizo que se cruzara en mi camino Pedro con quien me volví a casar.

Desde ese momento las cosas en casa comenzaron a ir muy mal, ya no conmigo que no sería tan importante, pero con Alberto mi hijo.

Alberto, es un joven muy sensible, le encanta pintar, escribir poemas  y lo que a Pedro le parece peor, que es bailar. Desde muy niño, va a clases de ballet. Por su educación y creo que por su propia naturaleza, sus gestos son muy delicados, tal vez se puedan confundir con femeninos pero eso para mí jamás fue un problema, en todo caso lo contrario, me gusta esa sensibilidad y toda la ternura que me obsequia en cada día.

Lo que para mi le  hace ser más especial, se hizo motivo de odio,  para Pedro mi marido, continuamente le habla con desprecio, le insulta llamándole maricón o nenaza. Alberto, me mira y calla, pero yo se que va a su habitación y en soledad sufre los continuos desaires.

Cada día fue aumentando en sus gritos; son constantes los “no vales para nada” “me da vergüenza que te relacionen conmigo” “yo con ese no voy a ninguna parte”. Alberto, es un magnífico estudiante y cuando llega a casa contento con sus buenas notas, procura mostrármelas cuando no está mi marido y si por cualquier cosa el ve que estoy feliz o encuentra sus notas, las arruga como si fueran mierda  y se limita a decir que lo que tendría que hacer es ponerse a trabajar,  que el no va a trabajar para que ese mariquita siga viviendo del cuento.

Mi hijo ya cumplió los dieciocho años, y cada vez le cuesta más callar cuando Pedro apestando a alcohol le escupe todo su desprecio, pero  aguanta, se calla y ni a mí me da las quejas, lo veo que sufre en silencio y cuando estoy sola en casa con él, recupero a mi niño, me lee sus poemas, me canta alguna canción con su guitarra y sobre todo me llena de besos.

Ocurrió que el otro día Pedro regresó a casa y mi hijo y yo estábamos en el salón, mi hijo tocaba la  guitarra y  yo sentada frente a él lo escuchaba embelesada; de pronto entro Pedro como una fiera  y comenzó con sus insultos, sin ninguna razón, sin mediar palabra, se fue encendiendo de ira  y le arranco la guitarra de las manos y la estrelló contra el sofá. Alberto se levantó como con intención de repelerlo pero afortunadamente  se puso su cazadora y se fue a la calle. Poco después se fue Pedro y yo me quedé recogiendo los pedazos de la guitarra entre lágrimas.

Cuando regresó Alberto, traté de disimular mis lágrimas, pero él me cogió la cara, me miró a los ojos  y me dijo _ No tiene importancia ¿vale?  Y acaricio mi rostros como pretendiendo secar mis lágrimas.

Justo nos encontrábamos así medio abrazados cuando abrió la puerta Pedro, se abalanzó sobre Alberto y le golpeo como un salvaje en el rostro, yo grite  aterrada y en ese momento, me golpeó con el revés de su mano. Alberto dio un salto por encima del sofá y levantó una de sus piernas directa a la cara de Pedro, que al  no esperarlo cayó de bruces en medio del salón. Pedro dio un portazo en medio de los insultos  y se marchó a su cuarto.

Me fui a la habitación de mi hijo y estaba tumbado boca abajo sobre la cama, llorando pero en silencio. Le acaricie el pelo y se dio la vuelta,me miró y me pidió perdón. Cuanta ternura había en su mirada, cuanto amor que ningún golpe me podía restar toda esa felicidad de su cariño.

Desde ese momento, tomé la decisión de romper  con Pedro, ya no podía ni verlo, el apenas hablaba y una noche  quiso poseerme por la fuerza, a lo que me resistí todo lo que pude, pero me tumbó de espaldas, me bajó las bragas y me violó por atrás como para demostrarme que el era el rey. Yo me aguanté, no quería que se volviera a repetir la pelea con mi hijo, callé y me fui cuando pude al salón  y allí acurrucada sobre el sofá, lloré toda mi amargura.

En la mañana cuando Pedro se fue, Alberto me preparo un desayuno y me lo trajo al salón sin decir ni una palabra. Me abracé a él  y sus manos  comenzaron a acariciarme, y me enterré en sus brazos.

Esa noche, me quedé sola en casa ya que Alberto  tenía una cena con sus compañeros y cuando llegó Pedro le tenía su maleta preparada  y le pedí que se fuera, que no quería volver a verlo, comenzó a levantar la voz  y lo amenace, que un grito más y le denunciaría por todo. El  cogió miedo al verme tan firme, agarró su maleta y se fue.

Desde entonces vivo de nuevo con mi hijo que me cuida y me mima  sin límites y es aquí donde la historia encaja en este blog.

Hace un par de meses, estábamos sentados viendo la tele y nos abrazamos como siempre, yo le hacía mimos a Alberto, y él se iba acercando más a mí. Noté como sus caricias me estaban llegando más allá que a la parte de madre y me levante con la disculpa de colocar no se que cosa. Alberto me seguía con la mirada como si no entendiera que me separará,  así que deseché mis pensamientos y volví sin reservas a su lado; entonces me besó dulcemente en la mejilla, era un beso más delicado que me hizo estremecer , me dejé ir con la sensación y sus besos eran cada vez más apasionados, tanto, que me estaban volviendo loca, quería sacarme eso de la cabeza, no podía ser , era mi hijo , me atreví a volver mi cara y mirarlo de frente y sus labios se apoderaron de los míos, algo dentro de mí, me hacía alejarme, pero una fuerza  superior me atraía, me negué a pensar, me negué a ser madre y correspondí a sus besos, me inclino en el sofá y al ponerse sobre mí,  note como se había erguido su hombría, mi mente se debatía, en una lucha sin cuartel, pero sus caricias en mi cuello y sus manos bajando por mi escote llenas de deseo, iban ganado el combate, no sabía que hacer con las mías, le abrazaba la espalda, le acariciaba su cara y su cabeza, y conducía sus besos hasta mis pechos; me abrió la blusa, y dejó mi sujetador al descubierto y con su boca buscaba mi canalillo donde metió su lengua, yo no podía más, mi mano fue a su entrepierna  y por primera vez vi que aquello que apuntaba de niño a ser enorme se había hecho realidad. El desabrochó mi sujetador, y mis tetas aun muy firmes se le ofrecieron como cántaros de placer. Mi mano busco debajo de su ropa y no podía creerme lo que encontré, era grande, muy bien formada y ardiente, la acaricie con mi mano, mientras el bajaba la cremallera de mi falda, me recostó sobre el brazo del sofá y separó mi braguita a un lado y su lengua me mojaba no se si tanto como mis deseos, yo quería corresponderle, pero él, todo era entrega, me rozaba la lengua ,abría mi vagina con ella y lamia mi clítoris como jamás había hecho nadie. Estaba a punto de sobrevenir mi orgasmo cuando me beso en la boca y apretó su polla contra mí  y entro  hasta donde mis sentidos se perdieron, ya no pude más, grite, le abrace  con fuerza y sentí su leche regando todo mi interior.

 

Después de un rato en esa posición, volvieron sus dulces besos y yo me sentía en deuda una deuda de amor apasionado, me puse de rodillas en el suelo justo delante de sus piernas  y  comencé a pasarle la lengua por su glande y no pude aguantar más, metí esa tranca en mi boca y comencé una mamada con todo lo que le podía entregar. Se estremeció y se brotó en mi cara, la rocé sobre mis labios, mis mejillas y en mis tetas. Me levanto de sus pies, tomo mi cara entre sus manos y me dio uno de esos besos tan delicados.

Pedro me llamó hace dos días para pedirme perdón y lo mandé a volar ¿Un macho? ¿para qué? Mi hijo baila en un ballet.

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1 comentario para “Mi hijo es mi amante.”

  1. maria Says:

    una historia de amor y de incesto maravillosa, no busques jamas a nadie, tu hijo es lo mejor de tu vida y por lo que he leido el te ama con la misma pasion, muchas felicidades a los dos. el amos en el incesto es colosal, no tiene limites, ni barreras, por eso es unico y unicas las personas que vivimos incestuosamente.


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