Mi hermanito gigante
Escrito por Tiestes el Lunes 6 sep, 2010Mi nombre es Nuria, tengo diecinueve años y estoy pasando un momento “comprometido” en mi vida, un momento que hace un tiempo necesito compartir pero que me costaba ya que tal vez yo nunca lo entendiera de otra persona.
Desde muy niña tengo despierto el apetito sexual, siempre sentí el deseo de acariciarme de arrancarle placer a mi cuerpo de la forma que pudiese, mis manos fueron siempre mis grandes aliadas como una especie de explorador que enviaba a recorrer mis recovecos y que me traían los tesoros del placer.
Mi primera vez, fue con un compañero del instituto, los dos teníamos quince años y fue en la fiesta del pueblo de mis abuelos. La familia íbamos todos los años y teníamos allí nuestros amigos, muchos chicos que querían ser amigos de mi hermano que ya por entonces comenzaba ser famoso y salir en los periódicos deportivos como la mejor promesa joven del baloncesto nacional.
También las chicas revoloteaban cerca ya que aun con su altura mi hermano era muy bien parecido.
Uno de los chicos del pueblo, ya desde mi pequeños, siempre estaba conmigo, a mi me gustaba coquetear con él y algunas veces le llevaba hasta extremos de deseo que lo desencajaban un poco. Un día regresábamos de la verbena los dos solos, la noche era muy calurosa y decidimos bajar hasta la playa, nos echamos en la arena y note como Pablo (que así se llamaba) acercaba su cuerpo al mío, aquello me resultaba agradable pero me daba un poco de miedo, no había nadie más en la arena y me beso, era el primer beso no infantil, era el primer beso que despertaba mis deseos, esos deseos que jamás había compartido con nadie y que esa noche parecían recibir eco en Pablo.
Nuestros besos comenzaron torpes pero poco a poco nos fuimos acoplando y sus manos iban recorriendo mi cuerpo en una prolongación real de todas mis fantasías. Mi sujetador dejó libres mis pechos turgentes y abundantes y sus manos los estrujaban en torpes caricias que yo intentaba conducir entre mis besos. Sus manos iban encontrando los resortes en mi que en realidad no estaban escasos ni escondidos, una de sus manos me acarició por encima de la braguita y casi doy un grito mezcla de sorpresa y deseo, pero lo contuve en sus labios.
Nuestras caricias eran circulares, ya no avanzaban más, besos, manos, insinuaciones y otra vez besos y el roce de nuestros cuerpos; algunas veces se ponía encima de mí y otras era yo la que dejaba que mi cuerpo sintiera el deseo manifiesto del suyo.
No podía contenerme, deseaba más y me atreví con mis manos a buscar sus genitales y acariciarlos con las yemas de mis dedos, era la primera vez que sentía el tacto de un pene, la verdad es que apenas sabía que podía hacer con él, pero notaba como se ponía nervioso, tenso y lleno de excitación, había visto imágenes de cómo se chupaba pero no me atrevía, no quería que pensara que era una perra, pero cerré los ojos y me lo metí entre los labios, comencé a succionar y Pablo gemía a punto de correrse en mi boca; me di cuenta y paré y el estaba como loco, se puso encima y mordía mis pechos, con su mano apartó mi ropa y note sus dedos acariciando mi coñito; separé las piernas como indicándole y note su polla como contactaba con mi cuerpo, dio un golpe con su cadera y aquello parecía abrasarme por dentro, me dolía, tenía ganas de sacármelo de encima, el se estremeció y se separo bruscamente dejándome su semen en las piernas.
No fue la mejor de las experiencias, la sensación de estar con un niño nada tenía que ver con mis sueños de un hombre, de una persona más desarrollada que me llenara plenamente.
Desde ese día, cada vez que encontraba una película porno o alguna revista, siempre comparaba esos hombres con Pablo que aun era un niño y la idea de pensar en esas pollas enormes, llenando todo mi coño me producía un enorme placer en mis caricias, la sensación de sentir una polla grande enorme era mi gran fantasía.
Un día estábamos en casa Juan José (mi hermano) y yo, era verano y habíamos estado en la piscina, los dos corrimos a la ducha grande peleándonos por ella, Juan José, iba corriendo y separándome al tiempo que tiró el traje de baño en el camino, yo apenas me fijaba tratando de correr más que él, pero se volvió en la puerta para cerrarme el paso y allí estaba mi hermanazo de más de dos metros de altura y entre sus piernas pendía un enorme pollón proporcional a su gran altura. No pude evitar mirar con cierta sorpresa, mi hermano se dio cuenta y se tapo un poco y yo me fui al otro baño a ducharme.
Durante mi ducha no podía apartar de mi mente la imagen de mi hermano, el agua caliente, el jabón y mis manos, fueron haciendo aparecer mis deseos e imaginaba como sería aquella enorme verga excitada y eso me excitaba cada vez más a mí.
Los días iban pasando y cada vez aquella fantasía con mi hermano iba tomando más forma y más deseo. Cuando desayunábamos juntos, miraba con la discreción que podía tratando de ver por debajo de su ropa, lo imaginaba empalmado, deseoso pidiéndome que se la chupara o me la metiera, pero me avergonzaba de mis pensamientos y trataba de buscar la forma de evadirme.
Cada día era peor, le vigilaba a todas horas, si estábamos en la piscina, veía su enorme paquete, si se acostaba en una tumbona pasaba por delante tratando de ver lo que fuera. Después me iba a mi habitación y me desnudaba completamente y me acariciaba con la mano, cerraba mi puño y lo pasaba por mi sexo ya que imaginaba su polla como mi mano cerrada, no podía intentar meterme aquello, pensaba en como sería recibirlo deseoso.
Un día sentados en la piscina, yo estaba de espaldas con el sostén del biquini desatado, para broncearme, Juan José me hablaba y me di la vuelta, la prenda se me cayó al suelo y mis tetas quedaron delante de su vista; yo me fijé en su rostro, tratando de adivinar sus sensaciones, como sin darle importancia, pero el no sacaba sus ojos de mis tetas, me acerque a el como queriendo jugar, pero estaba caliente como una perra; le agarré por la cintura y note como mis pezones le rozaban, el me abrazó y entre juegos noté su polla que estaba durísima , tiesa y muy deseosa. No me corté y seguí rozándome, sabiendo que el efecto que causaba en mi hermanito era de deseo y que este era cada vez mayor.
Entre juegos le pellizque una nalga con fuerza y comencé a correr hasta dentro de la casa, Juan José, vino corriendo detrás de mí, me metí en mi habitación y me dejé capturar por sus enormes brazos que me tumbaron sobre la cama quedando su cuerpo encima del mío.
Ahora su poya ya no era imaginaria, la sentí contra mi sexo y lo llenaba todo, mi hermanito estaba ardiendo de deseo y con su lengua lamía mis pechos, mis pezones estaban de punta y ya no pude resistir más, bajé mi mano y sobre su bañador agarré lo que pude de su enorme polla. Él me desnudó sin preámbulos y se bajo el traje de baño y sujetando con su mano su falo, comenzó a rozármelo, creía morirme de deseo y miedo, pero lo apreté contra mí como invitándole a hacerlo ya, con un dedo abría mi sexo y toda esa mole comenzó a presionar y fui notando esa invasión de placer que rozaba cada célula de mi coño que se rompía a su paso.
Ya dentro de mí apenas nos movíamos, el miedo y el placer se mezclaban con un deseo irrefrenable de llenarme de polla. Poco a poco comenzó unos movimientos de balanceo que hacía que la sangre corriera por mi cuerpo como lava de un volcán. No pude aguantar más, lo abrace por la cintura con todas mis fuerzas y me corrí como jamás había soñado. Mi hermanito quiso seguirme, se quería separar pero no le deje, lo apreté más dentro de mí y noté un rio de ardiente semen salpicando las paredes de mi interior y explotando en mi locura.
Los dos quedamos rendidos sobre la cama, como dos amantes repletos de placer , me ardía el sexo pero tenía necesidad de más, de disfrutar de aquello que tal vez nunca se repitiera. Me fui aproximando más a su cuerpo, hasta sentirlo de nuevo en contacto con el mío, mi hermanito me beso en la espalda y su mano iba recorriendo mis nalgas, su dedo acarició mi culito, separó las nalgas y su lengua comenzó a rozar mi ano, me asusté muchísimo, no podía querer eso o me mataría, pero su lengua entraba abriéndose paso en mi culito y ya no pude pensar, sentí su peso sobre mi espalda y su enorme polla tratando de encontrar un camino imposible, de nuevo sus dedos me acariciaban y note como me los introducía, apreté fuerte mis ojos, trataba de soportar el dolor cuando presiono y su polla abrió mi culito como si se tratara de un parto doloroso, note ese hierro candente que me abrasaba, no podá moverme, no podía ni respirar cuando de pronto noté como su leche entraba en mi culo recorriendo todo mi interior, sin apenas moverme me corrí , me corrí tanto que todos los orgasmos de mi vida me parecieron insignificantes, y mientras su semen serbala por mi cuerpo creí morirme de placer.



(11 votes, average: 3,45 out of 5)
diciembre 20th, 2010 el 23:20 pm
hola nuria pasame tu msn asi me contas mas de las cosas q haces con tu hermanito!!!