Las tetas de mi hermana

Posted by Incesto on Jueves dic 23, 2010 Under Tiestes

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Siempre mantuve muy buena relación con mi hermana menor. Éramos amigos además de hermanos, nos prestábamos libros o compartíamos el ordenador. Hasta que por razón de mi trabajo me destinaron a las Islas Canarias, entonces dejamos de vernos durante un par de años y mi hermanita se hizo mujer. Un día cuando llamé a casa, mi madre me lo contó. Mi hermana se casaba con uno de mis mejores amigos, Oscar, a mí me sorprendió ya que siempre pensé que Oscar era el más imbécil de mis amigos y no era capaz de asociar a esa persona vulgar con mi dulce hermana.

Cuando recibí la invitación de la boda, me busqué una disculpa para no asistir y dejé pasar tres años más antes de regresar a casa de mis padres. Después de cinco años, apenas sabía nada de mi familia, la única persona que realmente me interesaba, mi hermana, se había casado con ese patán desorejado de Oscar y cuando llamaba, me limitaba a preguntar por su salud y la de mis padres.

Me destinaron a un Hospital en mi ciudad natal y decidí mientras no organizaba mi vida, pedir permiso a mis padres para estar en su casa; permiso que me dieron encantados.

Mi herma Clara y su esposo, vivían en casa de mis padres pero la casa era muy grande y yo seguía manteniendo mi habitación.

Clara y Oscar tenían un bebé de tres meses y parecía que su matrimonio no era el más feliz de la tierra, aunque mantenían unas formas correctas delante de la familia.

Un día yo estaba en el salón repasando unos libros, y Clara estaba sentada en el sofá con el bebé en brazos. El niño se despertó y mi hermana abriendo su blusa saco un pecho para darle de mamar.

Jamás había visto un pecho más hermoso, más terso y lleno de vida, rebosante como cantaros de leche repletos. Yo no quería mirar con indiscreción pero me fue imposible apartar la vista de aquella maravilla. Tenía el pecho sonrosado con una areola muy limpia y un pezón que no era demasiado grande teniendo en cuenta la situación. El niño tiraba del pecho y una gota de leche caía de nuevo como una gota de perlas por su teta. Noté mi turbación y quise centrarme en mis libros, pero me era imposible, mi hermana se acarició un poco el pecho y sus dedos acariciándolo me crearon una excitación enorme que provocó una erección que me pareció vergonzosa. Clara levantó su vista, y me vio mirando aun cuando quise disimular; sonrió e intento taparse un poco, pero ese gesto aun me puso peor. Cuando terminó, se guardó su pecho después de limpiarlo un poco con una gasita. Yo me fui a mi habitación y tenía una erección enorme que necesité calmarme masturbándome con locura. En mi fantasía, mamaba del hermoso pecho de clara y cada vez más excitado me corrí como hacía muchísimo tiempo o tal vez nunca lo había hecho.

Al día siguiente mientras desayunábamos, apenas pude hablar con clara, como si me sintiera culpable de haberla disfrutado en mis fantasías. Ella me hablaba con el mismo cariño y la naturalidad de siempre, pero yo no podía dejar de fijarme en su cuerpo y en sus preciosas tetas.

Otra vez a la misma hora, volví al salón con la esperanza de volver a disfrutar del delicioso espectáculo pero Clara no apareció, oí que trajinaba en la cocina, me dieron ganas de irme hasta allí con alguna disculpa pero tenía miedo a que se notara. Me conforme recordando el día anterior pero cuanto más recordaba, mes fuerte era mi deseo de volver a verla.

Dejé pasar un nuevo día, pero no me adelanté, pensé que tal vez ella viendo que yo estudiaba en el salón, se fuera a otro lugar con su bebé. Esperé a que diera su hora o a escuchar el gimoteo del niño con hambre y no tardó en ocurrir. Cogí mis libros y entre como distraído en el salón, ella al verme entrar, como si se asustara, se cubrió un poco, pero me regaló una sonrisa y continuó amamantando. Yo tomé mi posición quedando frente a ella y de nuevo, sin poder ni querer evitarlo me apoderé en mi ilusión de aquella belleza.

Dos días después ya era normal que ella diera de mamar al niño en el salón mientras yo estudiaba o leía, cruzábamos alguna palabra, pero ella distraída daba su pecho y yo muy atento, intentaba que mi excitación no se notara.

Siempre a media tarde, era como una cita, mi hermana se recataba cada vez menos y hasta cambiaba de pecho, mientras yo no dejaba de mirar atraído por aquella preciosa imagen que iba poniendo mis deseos de tocarla, de morderla, de mamarla casi como una enfermedad. Ella parecía notarlo ya que cada vez, se acariciaba un poco más volviéndome loco; ya no eran caricias maternales, pasaba sus dedos rozándose los pezones y yo me empalmaba desesperadamente y me tenía que ir a mi habitación a masturbarme con mi mundo de fantasías incestuosas.

Coincidió que era sábado y Oscar se iba con sus padres ese fin de semana ya que tenían vendimia y siempre subía a ayudarles. Nuestros padres habían decidido marcharse de excursión con sus amigos por lo que en la casa quedamos solamente Clara, el Bebé y yo. Esa tarde Clara faltó a nuestra cita, yo estaba desesperado, entraba y salía del salón como un lobo enjaulado pero hasta la hora de cenar, mi hermana no se dejaba ver. A La hora de la cena, puso la mesa del salón para los dos, la conversación era variable, muy fluida como siempre entre nosotros, pero a mí me parecía cargada de erotismo silencioso, de miradas furtivas, de parpados caídos como no queriendo ver. Nos sentamos en el sofá y el bebe, reclamó su hora de comer. Mi hermana lo trajo en sus brazos y se sentó a mi lado. Yo estaba un poco asustado, temeroso de mi reacción, de que notara algo, de no poder disimular. A clara parecía no importarle o no darse cuenta de mi calvario, se abrió su camisa y comenzó a dar de mamar a la criatura. No pude evitarlo, la tenía allí pegada a mí, podía olerla, podía tocarla, notaba su contacto en mi pierna, pero no quise escapar. Ella me vio, mirándola fijamente, y entonces se abrió más la camisa, sacó el otro pecho, sin guardar el primero. No podía contenerme, deseaba meterlo en mi boca y mamar hasta hacerla sentir lo que yo sentía. Clara me sonrió y me dijo, ¿no te resulta desagradable? ¡Noooooo! Exclamé me parecen preciosos ¿el qué? Tus pechos, son lo más hermoso que he visto en mi vida, mi hermana se ruborizó un poco, pero de nuevo pasó sus dedos como en una caricia. Ya no pude disimular más. ¿Podría tocarlos? Ella me miraba, como dudando si aquello era correcto, pero noto todo mi deseo por acariciar su pecho, se volvió más a mí y con mis manos temblorosas , acaricie el terciopelo de su pecho. Podía oír su respiración, los latidos de su corazón, baje mi cabeza un poco, ella me sujeto sin ofrecer mucha resistencia pero se dejó ir y mis labios rozaron su pezón, intenté ser suave, pero mil caballos desbocados se lanzaron en mi pecho, comencé a pasarle mi lengua, comencé a estrujar suavemente aquella flor, mientras ella, casi sin querer rozó un poco por encima de mi pantalón con sus manos. Ya no podía disimular, ella tenía que haberlo notado, subí más mis caricias con mi lengua en sus pezones y ella esta vez ya no rozaba, ya buscaba con su mano mi polla en suaves caricias. No había quien pudiera parar todo mi deseo, la besé en los labios y ella respondía a mis besos abriendo su boca. Su mano desabrochaba mi cinturón y los dedos rozaban mi capullo. De nuevo sus hermosos pezones en mi boca, dejando esa humedad que me envolvía en un fuego enorme. Por fin su mano alcanzó toda mi polla y la acariciaba en pequeños movimientos, apretándola según la intensidad de mis caricias. La movía de arriba abajo, sabía cómo hacerlo pero cuando mi lengua rozaba sus pezones, se frenaba para disfrutar la caricia. El bebé dormía en su cunita plácidamente cuando la empujé recostándola en el sofá. No opuso ninguna resistencia, separó sus piernas y noté el calor de su sexo. Bajé sus braguitas, y mi mano noto su pubis ardiente y deseoso. Me bajó el pantalón como pidiéndomela y no tardó en recibirla. Su coño era el más caliente que había notado en mi vida. Estaba perfectamente lubricada y mi polla se deslizó en su interior, mezclándose mis gemidos con sus ardientes caricias. Me envolvió con sus piernas por detrás de las mías, apretándome muy fuerte dentro de ella. Yo empujaba con furia, con tanta pasión que a mí mismo me parecía incontrolada. Se movía como una danzarina mora, me apretaba. Me clavaba las uñas en la espalda, se movía más y más y de pronto, mordió mis labios para estremecerse, mientras un reguero inmenso de semen explotaba en su coño. Los dos quedamos rendidos, sudorosos, sin apenas movernos tratando de recuperar la respiración. Me rozó de nuevo con sus preciosas tetas en la cara y de nuevo sentí deseos de mamarlas hasta secarla. Ella lo sabía y se fue sacando toda la ropa para ofrecerme mejor aquel manjar. Nos fuimos despacito a mi habitación y nos dejamos caer abrazados sobre el colchón. Le di la vuelta y me quedé sobre su espalda, comencé a buscar su culo y ella me lo ofrecía, me dijo que tuviera cuidado que nunca dejaba a Oscar hacer eso: Yo metí mis dedos suavemente en su húmedo coñito y comencé a acariciarle el ano mojándolo con sus propios jugos. Ella parecía disfrutar de mis caricias, por fin muy despacio le rocé primero el dedo que fue abriendo el camino, muy suavemente. Se la puse justo en la entrada, y se la rocé un poco; di un golpe no muy fuerte y noté como la penetraba, ella, mordía mi almohada, descansé un momento y de nuevo envestí y esta vez todo mi capullo se introdujo en su culito, consciente de que le hacía daño, me mantuve quieto para que se acostumbrara, y dejamos pasar un par de minutos para que fuera ella quien comenzaba a moverse, muy suavemente y yo empujaba cada vez un poco más. Mi polla iba entrando hasta lo más profundo, un poco más de descanso y de nuevo comencé a bombear y ella me pedía más y más. De pronto los dos gritamos como posesos y de nuevo note que mi leche se disparaba en su culo mientras ella apretaba fuerte como queriendo agotar hasta mi última gota.

Nos levantamos después de un buen rato en esa posición y corrimos juntos a la ducha y ella comenzó a enjabonarme dulcemente hasta que consiguió de nuevo endurecer mi polla. Cerré mis ojos bajo el agua y de pronto noté como sus labios y su lengua libaban la última gota de placer que quedaba en mí.

2 Responses to “Las tetas de mi hermana”

  1. pablo dia123 Says:

    que relato dios..masssssssssss por favor masssssss…¡¡


  2. MOI Says:

    seeee los relatos estan super, pero por la prosa que utiliza parecen creados, y no reales, ????


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