Las hijas de mi mujer
Escrito por Tiestes el Lunes 4 ene, 2010Nuestro matrimonio iba mal, cada día las discusiones eran más frecuentes, las caras largas de todos para todos, el sin amor permanente y el aburrimiento.
Yo sabía que nuestra pareja se rompía, juntos formábamos un buen equipo: Mi esposo se encargaba del negocio, las niñas eran buenas estudiantes y además ayudaban un poco a mi esposo y yo me encargaba de la casa.
Todo había funcionado perfectamente pero comenzó a cambiar, mi esposo que era muy activo sexualmente, se estaba alejando de mí. Yo pensé en mi imagen, si me había descuidado y no era así, me mantenía en un peso aceptable, cuidaba siempre de estar lo más bonita que podía ya que estaba muy enamorada de mi marido pero nada funcionaba. Nuestro sexo se había hecho monótono y aburrido. Los dos intentamos darnos todo tipo de placer sin limitaciones, compartíamos algunas fantasías pero yo notaba que él tenía otras que no se atrevía a contarme.
Durante un tiempo pensé en darle u poco de celos, me arreglaba aun más, algunas veces no estaba en casa cuando llegaba o una amiga me llamaba por teléfono y en vez de hablar delante de todos como hacía siempre me retiraba a otro lugar para hablar tranquila o poniendo una voz de misterio. Todo eso no importó demasiado a mi marido así que un día decidí tomar el toro por los cuernos y preguntarle que le pasaba.
El me dijo que eran cosas de su trabajo, pero yo sabía por las niñas que todo en la empresa funcionaba mejor que bien, así que le insistí, mientras me mostraba muy cariñosa con el. Le estaba acariciando los testículos y el pene con mi mano, mientras besaba dulcemente sus labios. Para provocarlo un poco, le pregunté si le gustaría tener un intercambio sexual con nuestros amigos Marta y Juan, él reaccionó ante esa propuesta pero me dijo , ¿tú estas loca? Yo con el afán de estimularlo más le conté que un día me lo había insinuado, un poco de bromas, me dijo que tu estabas muy bueno y que no le importaría cambiar de cama una noche y que a juan también le gustaba yo. Eso hizo que mi esposo se pusiera como una moto. Yo levanté la ropa de la cama, me senté en sus piernas y cogí su polla y me propuse hacerle la mejor mamada de mi vida.
En plena mamada, me separo suavemente y me atrajo a sus brazos, apoyé mi cabeza en su hombro y me dijo: Me prometes que diga lo que diga, no te vas a enfadar conmigo, que lo vas a tomar como una de nuestras fantasías y lo vas a olvidar, sea lo que sea y más aun si te molesta mucho.
._ Si, respondí con amor._ siempre compartimos estas cosas los dos.
._ Me gustaría que nos lo montáramos con las niñas, tú, yo y ellas.
._Me reí un poco forzada, pero ya la situación estaba ardiendo en mi cabeza. Mis hijas se habían convertido en dos hermosas mujercitas muy apetecibles. Mi marido no era su padre y eso haría que fuera menos traumático, pero claro tendrían que querer ellas, y si tenía que ser con alguien mejor que quedara en casa entre nosotros. ¿Y yo? Como iba a participar yo de aquello, con mis propias hijas. Nos besamos e hicimos el amor, los dos teníamos en nuestra menta lo hablado pero no soltamos ni una palabra más, sólo follamos como fieras locos de deseo.
Durante unos días no se volvió a hablar del tema, como si hubiese sido una fantasía compartida y nada más. Yo sabía la verdad, sabía que no fuera una fantasía y si una propuesta en firme que ya estaba tomando forma en mi cabeza. Yo ya había superado mis limitaciones, y pensaba en el placer para todos compartir ese grado de intimidad. Sabía que mis hijas no eran virgen ya que ellas me contaban casi todo. Pero no encontraba la forma de plantearles un asunto tan delicado.
Esa noche, comencé a hablar con mi Antón sobre el tema, le hablaba casi al oído como si estuviéramos conspirando, al mismo tiempo que con su mano acariciaba mis ingles. El según yo le iba contando, se ponía más duro y su mano ya acariciaba mi rajita, subía la tensión y le hablaba de los cuatro desnudos allí en nuestra cama y el cada vez más caliente, me folló con desesperación, nuestro orgasmo fue mejor que en los mejores tiempos.
Cuando terminamos de follar, el se quedó mirando al techo pensativo y entonces le dije:
._ Creo que la mejor forma de lograrlo con éxito es que tú se lo vayas proponiendo a cada una, tu las tienes en tu oficina y puedes separarlas e ir intentando follarte una a una, sólo si ellas caen el encuentro entre los cuatro será posible.
._ Pero ¿Cómo las atraigo? Puede resultar un cirio si una de las niñas o las dos se niegan, yo no creo que resulte atractivo ya para ellas.
._ Yo ya me encargué de tantear ese tema, las dos te ven muy atractivo y además deseable, pero tendrás que hacer el trabajo de conseguirlas sin enamorarlas mucho o les harás daño. Cuentas con mi complot, mi silencio y el saber que yo no os voy a descubrir.
Los días iban pasando y Antón era muy cariñoso con Celia y Anita, les hacía regalos en la oficina por separado, un día salía a comer con una mientras la otra hacía guardia y al día siguiente con la otra. Las llevaba a sitios muy lujosos donde las niñas se sentían princesas y galanteaba con ellas todo lo que sabía.
Un día les dijo que tenían que viajar a Barcelona y que le gustaría que una de ellas le acompañara para tomar notas y hacerle de secretaria en la reunión. Las dos querían ir pero se decidió que iría Anita, la más joven y así llegó el día de partir y salieron los dos emocionados y felices.
Antón cuando llegaron a Barcelona, llevo a Anita a las mejores tiendas, y le compro ropa para que estuviera muy guapa en las reuniones y además cosas para ella. Juntos fueron a una lencería y ella le consultaba sus prendas íntimas que la verdad eran impresionantes.
En la noche cenaron el u restaurante cercano al hotel y antes de irse a la habitación tomaron una copa en el piano bar. Anita estaba radiante muy feliz, se sentía importante. Cuando llegaron a la habitación, ella no podía bajarse la cremallera de su vestido y le pidió ayuda a Antón.
Antón según la iba bajando la fue acariciando por la espalda con sus manos, Anita se estremeció, pero no dijo nada, inclino su cuello hacia atrás y con su rostro acarició el del hombre. El ya no dudo, le dio la vuelta y la beso apasionadamente. Estaban deseosos, no hablaron, no se preguntaron nada , solo se desnudaron y dejaron que sus cuerpos se unieran con pasión, sin reservas de ningún tipo. Antón procuró ser el amante más dulce para ella, él no importaba nada esa noche, solo buscaba su dicha su felicidad y que se sintiera muy bien.
Cuando regresaron a casa cargados de regalos, Antón me guiño un ojo, y al retirarnos a nuestra habitación me contó todo con todo tipo de señales, y cada palabra que había hablado, Mientras los dos nos corríamos enfebrecidos.
Ya teníamos dado el primer paso, Anita estaba más cariñosa con Antón pero no se mostraba enamorada persiguiéndole o reprochándole nada: Ella continuaba con su vida como si no pasara nada.
Mientras tanto Celia, se mostraba más distante, al principio pensamos que si su hermana le habría contado algo, pero no, de entre sus palabras fuimos sonsacando que era por el viaje de Barcelona, que ella estaba algo celosa.
Antón que tenía mi complicidad, iba tratándola de acuerdo con lo que yo le decía. Quiso la fortuna que Anita cogió una gripe y se puso muy mala por lo que no podía ir por la oficina, Anton aprovecho esos días para hacerle la corte a Celia, regalos, salidas, mimos y por fin un día en su despacho la sentó sobre sus piernas. Antón creía volverse loco, cuando notó el calor de su sexo al sentarse, no pudo contenerse, la echó un poco para atrás y la beso.
Ella no dijo nada y agarro su cuello y sus labios se aferraron a los Antón y sus manos iban recorriendo los cuerpos. Sobre el enorme sofá que tenía en su despacho los dos completamente desnudos follaron hasta que les salieron ojeras. Ojeras que cuando llegaron a casa yo vi con una sonrisa. Ya teníamos una parte del trabajo hecho. Esa noche di un masaje a mi esposo y le dejé descansar tranquilo, mi guerrero se había portado y por la expresión de felicidad de mi hija se portó muy, muy bien.
Al día siguiente, mientras Antón me iba contando cada segundo, todo mi coño se iba empapando de deseo. Ya no sólo deseaba a mi esposo, quería tener así para mí a mis hijas: Juntos trazamos un plan y sería en nuestro chalet en el campo, donde teníamos un jacuzzi enorme, y ese sería el punto de contacto.
Todos nos fuimos contentos al chalet, Antón hablaba a cada una de las chicas como si ese fuera un viaje especial para ellos dos, y yo ayudaba en todo, entretenía a la otra cuando él me lo pedía o intentaba estar muy cariñosa y simpática con ellas.
Ya en el Chalet, pedimos una cena a Ramón el del restaurante del pueblo, que nos sirvió alguna de sus delicias. Después unas copas, hacía calor y los cuatro estábamos felices, así que fue Antón cuando dijo, preparamos un jacuzzi, las dos niñas dijeron que si y los cuatro nos fuimos a la sala.
Antón fue el primero en entrar y se sacó su slip, tirándolo en el suelo, yo ni miré a la chicas, hice lo mismo, así que ellas, no se quedaron atrás y los cuatro completamente desnudos nos relajamos a las burbujas.
No tardamos en comenzar los juegos, Antón y yo nos hacíamos bromas y las niñas desinhibidas , participan en nuestras bromas metiendo se con Antón, que entre bromas comenzó a relatar una historia de sexo en grupo, donde él ara acosado por tres ninfómanas sedientas de sexo. Las chicas metiéndose con se lanzaron al unísono sobre él como si estuvieran deseosas de placer y yo me uní a la fiesta, Antón se defendía tocando los senos de una, metiendo su mano al sexo de otra y a la que agarraba, la besaba en los labios. Cada vez buscamos más el contacto, no importaba de quien era una teta o la mano que acariciaba. De ponto teníamos sujeta la poya de Antón a tres manos y tres bocas. Manos de hombre y de mujer rozaban mi chocho y ver a mi marido tan super-empalmado me ponía ciega de deseo, deseo de lo que mis manos o mis labios encontraran , y encontraron un coñito precioso, completamente depilado que correspondía a Anita y que se deshacía en placer en mi lengua.
Ya todos estamos en aquella bacanal ardiendo de deseo, nos fuimos al salón donde una enorme alfombra de piel nos sirvió de “tatami” los cuerpos rodaban buscando contactos. Anita tenía en su boca la polla de Antón y este con su mano, acariciaba mis pechos, mientras yo me comía el riquísimo chochito de Celia. En medio del juego, las tres lamiamos su polla, como si la quisiéramos comer pero sin dejar de acariciarnos. Antón comenzó metiéndole su enorme polla a Celia, mientras Anita y yo rozábamos nuestros ardientes coños. Ver a mi marido follándose a una de mis hijas me ponía como loca. Celia dejó la polla de Antón libre y Anita se sentó sobre ella. Celia se metió entre mis piernas húmedas de mis jugos. Me condujo a besar a Anita, se levantó y pensé que se iba y nos rompería la fiesta, pero apareció a los pocos segundos, traía una cajita y de ella sacó un juguete, era un pene doble y rápidamente me acarició con él. Jamás había sentido nada así y aquella vibración en mi clítoris era un milagro Con mucha paciencia, fue abriendo mi raja, y lo iba metiendo, primero sólo la punta sin apagar el vibrador, y después lo fue enterrando dentro de mí. Tenia un pene pequeño que se fue introduciendo en mi culo. No pude aguantar más y me sobrevino el primer orgasmo. Cuando me estaba corriendo mi hija metió su lengua entre mis labios vaginales como tratando de absorber todos mis líquidos y no podía contener mis gritos, cuando Antón me metió toda su polla, para bañarlo con mi corrida.
Las dos chicas jugaban ahora con el consolador, Antón se puso detrás de Anita y enfoco su polla a su culito, dio un golpe la apretó contra él y no pudo contener un suspiro cuando se deslizó dentro de su culo. Yo pensando en que aquello podía dolerle, quise remediarlo acariciando su clítoris con mi lengua, ella se corría una vez detrás de otra. Antón se estremeció, y en mi boca llegaba el sabor de su semen que resbalaba desde el culito de la niña. Mi marido, era incansable. Salió de Anita y fue a por Celia, ella no se hizo de rogar, dispuso su culo en pompa y otra vez la polla de Antón en forma se hundía en su interior. Ahora Anita y yo nos comíamos el coño en un precioso 69. No pude aguantar más y otro orgasmo enorme me broto desde más allá de mi cuerpo. Me quedé tumbada boca abajo y desde allí escuchaba los jadeos y gemidos de Celia. Y de nuevo Antón corriéndose en su culo.
Las tres comenzamos de nuevo a lamer su polla, que parecía resistirse, pero que respondía a nuestras lametadas con una erección potente que enterró en mi culo, mientras mis hijas lamian con frenesí mis tetas. Sentí su leche en mi interior. Los tres caímos rendidos sobre la alfombra, hasta que el sueño se apoderó de nosotros. Cuando íbamos despertando, ardientes por el recuerdo de las imágenes, íbamos buscando otro cuerpo con quien compartir el calor del incesto.
Este relato que puede parecer increíble, sucedió y sucede desde entonces cada día. Somos una familia muy bien unida.


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