Las hijas de Lot

Escrito por Tiestes el Domingo 6 dic, 2009

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“Las hijas de Lot  viendo que en su pueblo no había hombres jóvenes y deseando tener descendencia, decidieron yacer con su padre y acordaron darle vino en abundancia y primero se acostó con el la mayor y  fornicó con él y después lo hizo la menor  dando de beber al padre para que el no se enterará y se acostó  con él.”

Algo que ya la Biblia nos contaba sigue sucediendo hoy pero en el secreto y el silencio de la sociedad. El relato de hoy cuenta una historia real sobre una familia muy especial: mi familia.

Hace ya muchos años que me quedé viudo y  vivo en el campo con mi hijas. Tenemos una granja de tamaño medio que está un poco aislada en la montaña y la atendemos mis dos hijas y yo. Mis hijas  Idoia y Chus tienen  veintidós y dieciocho años, son dos jóvenes fuertes  y muy atractivas que aun viviendo  en la montaña recibieron de su madre  esa educación de mujer que yo le  hubiese podido dar.

Ellas  cuidan de la casa y  de mí con mucho esmero  pero  no olvidan  para nada ponerse guapas cada día y se ayudan entre ellas  para lucir bien hermosas.

Mientras fueron niñas yo las llevaba al pueblo  que queda  muy lejos de casa  y las iba a buscar al terminar sus clases. Ninguna de las dos quiso recibir enseñanza superior y  se incorporaron en ese momento al trabajo de la granja.

Eran de gran ayuda  y  aun faltando mi esposa, siempre teníamos la casa limpia y la comida  a la hora; también ayudaban con los animales y cuidaban de  mi como si fuera  su hijo.

Bajar al pueblo era siempre muy complicado, los caminos eran infernales y el pueblo apenas ofrecía nada que resultara atractivo. Un par de veces al año hacíamos acopio de los útikes  que podíamos necesitar  y también de esas pequeñas cosas de las mujeres. Ninguno de nosotros sentíamos atracción alguna por el pueblo  por lo que  cuando teníamos que  hacer las compras  no resultaba una fiesta.

Nuestra vida   era realmente bonita pero las niñas se fueron haciendo mujeres  y a  mi me gustaría que conocieran algo más de mundo  y tal  vez se enamoraran  o se casaran me dieran algún nieto pero ellas no querían moverse de mi lado para nada. Las dos decían que no necesitaban ningún hombre  que su vida era completa con nuestra familia.

Pero algo cambio el orden de las cosas y mi visión  de la realidad.  Un día tenía que ir a una finca muy lejana a la que iba   una vez por semana  y donde pasaba el día  y la noche y regresaba siempre al día siguiente.

Bien, ese día, después de  preparar todos mis enseres en mi caballo, me despedí como siempre de las chicas con un beso y comencé mi andadura  a la lejana finca. Ocurrió que al llegar la noche  comencé a encontrarme mal  ya que había olvidado mis pastillas  de la tensión  y un poco asustado decidí regresar sin esperar al día siguiente.

Ya era tarde cuando llegué a casa y entré sin hacer ruido para no despertar a las chicas, oí unas risitas en su habitación y subí despacio para darles  una sorpresa, tenían la puerta abierta  y desde el pasillo pude verlas. Las dos completamente desnudas retozando  sudorosas  sobre la cama. No pude ni moverme  Idoia estaba encima de  Chus y le besaba las tetas  mientras rozaba su coñito contra el de su hermana. De entrada  la sorpresa me había paralizado, pero en unos segundos  comencé a ponerme empalmado como un toro, no pude evitar sacar mi polla y comencé a sacudírmela desesperadamente. En ese momento  las chicas me vieron  y no sabía que hacer, la situación me resultaba muy incomoda, allí en medio del pasillo con mi pollón en la mano viendo a mis hijas haciendo un bollo.  Fue  Idoia quien se levanto rápido  y vino corriendo hacia mí y detrás su hermana , que me rodearon , las dos desnudas sin ninguna vergüenza de lo que había pasado.

Comenzaron a besarme  ya  mi polla se había bajado al verlas venir, quise guardarla pero mi hija pequeña  la agarró con sus manos y sin decir nada se puso de rodillas y comenzó a pasarme lu lengua por ella. No sabía que hacer, mientras Idoia me besaba y trataba de arrastrarme al interior de la habitación; me dejé llevar y  entre las dos comenzaron a sacarme la ropa  y según lo hacían  iban lamiendo todo mi cuerpo. No quise quedarme atrás  o tal vez no pude y mis manos pasaban de las tetas  duras y perfectas de Chus  a el culo o el coñito de Idoia; mientras  mi verga  completamente tiesa iba rozando de una a otra . nos quedamos en el suelo sobre una gran alfombra a los pies de la cama, nadie decía nada ni preguntaba nada , las dos como salvajes comenzaron a pasarme la lengua por la polla y los huevos   y yo creía volverme loco cuando atrape con mi boca el coñito de Chus, aun estaba mojado y caliente, intente meterle uno de mis dedos , y me dijo que no , que las dos eran aun vírgenes, debí de poner una cara muy de sorpresa que las dos rompieron a reír.  Desde hoy dejaremos de serlo para ti.

Los tres cuerpos completamente desnudos, rodaban por la alfombra  y cogí a  Idoia en mis brazos  para ponerla sobre la cama, Chus se levantó para acompañarnos y se separó un poco para acariciar los pies de su hermana ,  después  metió mi pinga en su boca  con intención de mojarla con su saliva  y se separó  dejándome las  Piernas de Idoia ante mis ojos y aquel precioso coño esperándome.

Acerque mi polla mojada, la agarré con mis dedos y comencé a rozársela  como si fuera un pincel que pretendía pintarla de la pintura del placer, Idoia paso sus manos a mis nalgas y apretó, era su indicación de que estaba preparada, metí  la punta un poco, y note que no podía entrar; no quería hacerle daño y fui haciendo presión con cuidado ella apretó mis nalga contra ella, soltó un  ay suave  y mi polla noto como rompía sus barreras en medio de una gran sensación de humedad , me pidió que no me moviera y me quede unos segundos quieto con toda la verga metida y ardiendo.  Ella comenzó a moverse un poco, suavemente   y su coñito apretaba muy fuerte mi polla. Entonces me separó .

Con la sabana limpio un poquito mi cimbel  y después lo llevó a su boca, con dulzura  mientras  con la otra mano acariciaba  el coñito de Chuss   que  se fue abriendo de piernas  preparada  para mi envestida. Envestida que no tardó, esta vez me costó un poco más de esfuerzo, pero su himen terminó cediendo  y cuando ya le pasó ese pequeño dolor , puso sus piernas enganchando las mías y  ya no pude resistir más, tenía miedo a dejarlas embarazadas y logre separarme  y correrme sobre sus piernas, mientras ellas me acariciaban. Me dieron la vuelta con mucho cuidado y las dos comenzaron a limpiarme son sus lenguas   hasta que de nuevo estaba preparado para seguir . La noche fue eterna  y se repite cada día pero yo os iré contando  y tal vez logre que una de ellas  nos cuente su visión de este amor incestuoso pero divino

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