La herencia

Escrito por Tiestes el Jueves 28 Ene, 2010

Mi nombre es Elena, tengo casi cuarenta años y estoy separada desde hace quince, en realidad me separé a los cinco años de casarme. Cosas de el alcohol y los gritos.

Desde que me separé volví a vivir con mis padres hasta que cuando tenía treinta mi madre se murió y yo vivo con mi padre. Somos cuatro hermanos y todos están casados y viven lejos en otros países o ciudades. Mi padre es un hombre adinerado pero muy tacaño por lo que mis hermanos no le visitan mucho.
Mi padre aun es relativamente joven, no ya tanto en edad que cumple los setenta como en su estado que se conserva muy bien. Tal vez demasiado bien.

Hace cosa de dos años una noche después de cenar, estábamos sentaos en la cocina tomando un café y se me ocurrió preguntarle por su testamento, le pregunté si había hecho algo y me respondió que total para lo que había, no le parecía importante. Pensé que con eso daba por concluida la conversación cuando de pronto me miró y me dijo ¿estás preocupada? Yo me puse colorada y le dije que no, que sólo era por hablar. Mi padre se levantó y fue a su habitación después de decirme que esperara un momento. Vino con una carpeta, se sentó frente a mí y comenzó a abrirla, me fue mostrando extractos de cuentas y las cantidades acumuladas a lo largo de su vida más lo que ya había recibido de herencia de sus antepasados, suponía una cifra mareante que ni yo ni mis hermanos podíamos imaginar.

Yo observaba todo eso tratando de disimular la impresión que me estaba dando, mi padre estaba muy serio y me iba danto una explicación muy detallada de todo.

Se me ocurrió preguntarle por la razón de su forma austera de vivir, cuando todo ese dinero le podía haber permitido vivir siete vidas a cuerpo de rey. Mi padre me quedó mirando y me dijo que su vida había sido feliz con mi madre y que tardó un tiempo en reponerse del palo que supuso para él su desaparición. Que después mi regreso a casa y un poco la postura de mis hermanos le había hecho tomar una decisión que fue posponiendo por falta de ánimos y por mí.

Se levantó y se fue a guardar su tesoro mientras yo me quedé con ganas de conocer su decisión. No había por mi parte ningún temos, las cantidades eran tan absolutamente sorprendentes, que aun repartidas como fuera con mis hermanos, la parte que me correspondería, sería más que suficiente para permitirme un futuro más que desahogado.

Mi padre volvió y se sentó de nuevo a mi lado, yo ardía de deseo por saber más cosas y él comenzó a hablar: Verás, me dijo, Mi salud es francamente buena, recientemente me hice un chequeo general y me encuentro bien, por lo que había decidido, vivir mis últimos años a tope. Pensé en encontrar una mujer que fuera para mí como fue tu madre, que me hiciera disfrutar el resto de mi vida, sin hacerse ninguna pregunta, que se quedará con todo ya que tus hermanos no se preocupan de mí para nada ni lo hicieron de tu madre.

Me asusté y le pregunté ¿pero tienes a alguien? No, esta es la parte más interesante y no sé si quiero contártela o prefiero dejar que pase el tiempo, se que para tí, puede resultar muy dura y no quiero perder a mi hija. Ni podía imaginar de que se trataba, cual era aquel secreto tan grave de mi padre y que no se atrevía a compartir conmigo.

Le dije, pero tú puedes contarme lo que quieras y sabes que jamás saldrá de mí. Me respondió tal vez esto no, tal vez esto nunca quieras saberlo. En ese momento, comenzaron a desfilar por mi mente todas las posibilidades ¿Tendría otra familia? ¿Alguna o algún amante? Habría algún negocio oscuro de donde había salido tantísimo dinero? Todas eran preguntas que se iban acumulando pero que no me atrevía a formularle.

Mi padre al ver mi inquietud, me insistió en la posibilidad de que lo que podía contarme fuera muy sorprendente y desagradable para mí. Yo le dije que estaba dispuesta para escuchar lo que fuera y que nada me molestaría, si él quería decírmelo que lo hiciera y entre los dos podríamos llevar mejor su secreto.
Bien, dijo mi padre pues allá va: Verás hace más de veinte años me enamore locamente de una mujer, lo miré sorprendida, ya que me había dicho que no había nadie) continuó, cada día se hacía insoportable para mí, mi amor era tan grande que tu madre lo notó y lo hablamos, tu madre ya estaba enferma y me pidió que no hiciera nada en el tiempo que le quedaba de vida. Yo le prometí callar y no decir nada, ni hacer nada, hasta que se murió, después las cosas se precipitaron y comenzó mi miedo a la soledad y todos estos años permanecí callado. ¿Pero quien es ella? Mi padre, bajo la vista, se quedó en silencio unos segundos que me parecieron eternos y de pronto me dijo: Tu, esa mujer eres tú, casi me da un patatús, no podía creerme lo que estaba oyendo, mi padre había estado veinte años enamorado de mí y mi madre lo sabía. Me dieron deseos de pegarle, de arañarle de matarlo pero me quedé pálida en silencio esperando más.

Bueno, ahora ya sabes la razón por la que no hice nada, tenía en mi casa todo lo que me importaba en la vida y no iba a buscarlo fuera. En un momento, pensé en la posibilidad de irme muy lejos, de alejarme de ti para siempre pero no tuve fuerzas para hacerlo. Me había conformado con la imposibilidad y prefería vivir contigo sin contarte nunca nada que alejarme de ti. Cuando te casaste, lo pasé muy mal el tiempo que duró tu matrimonio y cuando volviste a casa era como si fuera el destino. Lo miraba con incredulidad, toda mi vida con mi padre iba pasando en imágenes por mi mente. Por fin le dije: pero es algo enfermizo, ruin, ¿Cómo te pudiste enamorar de tu propia hija? ¿De tu propia sangre? Tú no eres de mi sangre, casi me caigo al suelo, ¿Qué estaba diciendo? Sí eres mi hija, ya que siempre te acepté como tal, pero no eres de mi sangre, tu madre tuvo una historia con otra persona, yo lo supe siempre, ella me pidió perdón y me contó la verdad y yo la perdoné y te acepté como una hija más. ¿Y quién es mi padre? Tu padre se fue para América antes de que tu nacieras, y murió allí de un accidente.

No podía creerme nada de aquello, todo me parecía imposible, los días iban pasando y apenas hablábamos en casa; yo no me atrevía a mirarle a los ojos, de repente, me daba como vergüenza, al vestirme o al sentarme o andar por casa como era normal en mí. Aquel hombre ya no era mi padre, pensaba que esa persona me deseaba, que durante muchos años yo había sido el centro de sus sueños, de sus fantasías. Tenía que acostumbrarme a mi nueva vida, todo me parecía increíble.

Un día, mi padre me cogió de la mano y me hizo sentar a su lado y comenzó a hablar: No podemos seguir así, sin apenas hablarnos, yo te conté todo porque suponía que tu eras suficientemente madura para conocer la verdad; no esperaba ni espero nada de ti, pero tampoco puedo perder lo que tenía por haber sido sincero. Siempre te respeté y te traté como una hija y si ahora se rompió todo entre nosotros prefiero desaparecer, no te preocupes por tu futuro o tu vida ya que quedarás completamente cubierta de todo. Yo no puedo vivir así y más cuando tu conoces la verdad.

Cogí sus manos con las mías y le dije que no quería que se fuera pero que necesitaba tiempo, tiempo para recuperar mi nueva identidad, tiempo para saber que quería o que esperaba de la vida.

Mi padre había dejado de ser mi padre, ahora era un hombre, un hombre cariñoso y respetuoso conmigo pero un hombre que siempre me había deseado como mujer. Yo me preguntaba hasta donde aquel hombre podía tener fantasías conmigo. Tengo que reconocer que mi mundo más íntimo comenzó a cambiar. Algunas noches encerrada en mi habitación, imaginaba que él venía y me forzaba o simplemente era yo quien le provocaba.

Pasaba el tiempo y ninguno de los dos parecía querer volver a hablar del tema, mi padre parecía más triste cada vez hasta que un día dijo que se encontraba mal; le pregunté si quería que llamara al médico y me dijo que no que se iba a acostar un rato a ver si le pasaba.

Cuando llegó la hora de la comida, me acerque a su habitación para ver como se encontraba y me dijo que bien, pero no le apetecía levantarse o comer; le dije que le traería algo y así lo hice, le preparé una bandeja con algo de comida y se la llevé. Me senté a su lado, como esperando a que comiera algo, lo intentó pero lo separó. Yo le toqué en la frente por ver si tenía fiebre pero no me pareció; le coloque un poco la ropa y él me cogió la mano y me atrajo hacia la cama. No sabía si resistirme o dejarme ir , así que simplemente dejé que el me guiara. Quedé recostada a su lado y comenzó a acariciarme el rostro. No puedo decir que me sintiera mal, pero creo que no me hubiera importado. Tenía una edad que ya no me parecía la ideal para buscarme un trabajo y hacer una nueva vida. Ese hombre era un hombre cariñoso y muy limpio y para mí la gran solución, al final nadie tenía que saber nada.

Mi padre me acariciaba el pelo y de pronto sus labios se posaron en los míos, era una sensación increíble, se juntaba la visión de mi futuro con mis deseos de mujer y esa increíble sensación de trasgredir. Me estaba desabrochando la ropa, yo no me atrevía a hacer nada, pero poco a poco me fui soltando y respondiendo a sus caricias. ¿Qué debería hacer? Responder a sus caricias y dejarme hacer o tomar iniciativas? Mi cuerpo estaba quedando desnudo a su disposición, me limitaba a responder a cada caricia, con besos suaves pero mi parte de mujer se iba alterando.

Metí mis manos por debajo de la sabana hasta su pecho y estaba sólo con el calzoncillo, mis mans le acariciaban el pecho, el abrió mi boca con un beso increíble y mi mano bajo a su vientre, mis dedos comenzaron a acariciar hasta que toque su pene, nadie podía imaginar su edad tocando aquello, estaba duro como un jovencito. Era mi primera vez tocando un hombre en muchos años.

Con su mano buscaba mi entrepierna, me acariciaba por encima de las bragas, yo sabía que ya no había vuelta atrás, me metí a su lado ya desnuda solo con la braguita, me subí a su cuerpo y comenzó a acariciarme los pezones como jamás nadie había hecho. Rozaba con su lengua, mordía un poco los pezones y metía todo lo que podía de mis tetas en su boca.

El tiempo parecía no contar, estaba saboreando todo mi cuerpo como si fuera un gran banquete que uno no quiere que termine. Yo pasaba mi lengua por sus tetillas, e iba bajando por su cuerpo. Me metí debajo de las sábanas y bajé sus calzoncillos, su polla estaba durísima y tiesa, la acaricie con mis labios, me sentía algo torpe después de tanto tiempo. Tampoco quería que pensara que era una golfa, pero no podía contenerme, la acaricie con mi lengua, pequeños toques casi avergonzada, me bajó un poco la cabeza y abrí mi boca, su polla me entró hasta lo más profundo y cerré un poco mis labios, mojándolo con mi lengua. Era delicioso, sentir toda su virilidad en mi boca. Ya desinhibida comencé a lamer con soltura, quería darle todo lo que él había soñado. Me separó y ahora era el quien con su lengua iba bañando mi cuerpo, con sus dedos separó mis labios vaginales y con una maestría increíble, me metía su lengua en mi rajita, era como pequeños sorbos de mi sexo, creía volverme loca, tanto tiempo de deseo no pude aguantarme y me llegó el primer orgasmo, el lo notó y simplemente apretó su lengua contra mi coño.
Me volvió a acariciar muy suave con su lengua , mientras yo ensortijaba su pelo. Fue subiendo por mi cuerpo y de nuevo acariciaba mis pezones que estaban durísimos de deseo, se metió entre mis piernas y note s polla rozándome, pasé mis manos por su cintura y apreté un poco, era mi invitación a penetrarme y lo hizo, ya lo creo que lo hizo, era tal mi deseo quenada más meterla, me contraje, quería apretar con mis músculos vaginales aquella preciosa polla en mi interior, de nuevo sentí como me empapaba el bombeo con fuerza, notaba el calor de su polla dentro de mí con una sorpresa enorme, era un gran amante y de nuevo me corrí como una loba en celo. Al hacerlo lo abracé con fuerza, el jadeaba y me besaba y de pronto sentí un gran chorro en mi interior. No habíamos tomado ninguna precaución ni me importó nada en ese momento. Le besaba llena de pasión , retiré la ropa de la cama y con mi lengua iba limpiando su polla, seguía muy firme y no tardó en ofrecerme más, la tenía en mi boca y la acariciaba con mis labios, pude sentir como subía su leche, era como una corriente viva que iba a llegar a mi boca, pensé en separarme un poco, pero quería hacerle disfrutar sin límites y sacudió mi boca con un chorro de fuego, que libé como néctar con mi lengua mientras el quedaba rendido a mis caricias.

El mundo éramos nosotros los dos, nadie podía molestarnos aquella tarde, nuestros cuerpos desnudos, descansaban de aquella dura batalla, mientras nuestras manos continuaban en caricias llenas de pasión. Sus dedos pasaban por mi sexo, sin prisas en una caricia constante que me encendía de deseo, no quería forzarle, teníamos todo el tiempo para nosotros pero él no necesitaba hacer esfuerzos, de nuevo su verga estaba como el mástil de un gran velero y yo la acariciaba entre mis dedos. Me empujo con suavidad, yo ni sabía lo que pretendía ya que no esperaba eso, me dio la vuelta y comenzó a acariciar mis nalgas, nunca nadie me había tocado allí, con uno de sus dedos comenzó a acariciarme el ano, era una increíble sensación cuando intentó meterlo, yo estaba algo cortada, sus dedos mojados de mí se iban abriendo paso en mi culito. Se colocó encima y me rozó con su polla, sabía por lo que había leído que me tenía que relajar todo lo posible y en eso pensaba cuando noté que hacía presión, fue como un puñal que me entraba desgarrando mi culo, quemándome por dentro, sentí deseos de pedirle que parara que se saliera pero, el dolor iba remitiendo, el no se movía, solo dejaba que aquello fuera entrando en mí. Ya no me dolía, era una sensación terrible de posesión, de pertenencia, deseaba que me la metiera más, al mismo tiempo que la sentía abriéndose paso. Se quedaba quito cada vez que me penetraba un poco más. Después de unos instantes, comenzó a bombear, su mano buscaba mi coño y trataba de acariciarlo, pero yo sentía un enorme placer que me excitaba cada vez más en mi culito. Se movía y deseaba ser suya como jamás lo había sido de nadie, estaba bombeando en mi interior, llenándome de él , era como estar a punto de un orgasmo continuamente y que no podía llegar, era como esos instantes antes cuando sabes que te vas a correr; se clavó de nuevo en mi interior y noté una increíble sensación cuando llenó mi culo con su semen. Se fue retirando dejándome completamente llena de su corrida, me coloco con suavidad y de nuevo comenzó a lamer mi chocho, fue un orgasmo seco, duro como una sacudida de todo mi cuerpo, apreté su cabeza contra mí y no pude contener unas lagrimas de enorme placer.

Bueno desde entonces vivo en un sueño pero eso ya no es importante en este relato.

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