Juegos de sexo

Posted by Incesto on Lunes ene 3, 2011 Under Tiestes

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No siempre las cosas son lo que parecen o forman parte de una obsesión o algún tipo de desequilibrio emocional. Yo jamás había pensado en Carla, mi hermana, como en una mujer o como parte de mis fantasías o deseos aun a pesar de ser muy guapa. Nosotros siempre fuimos amigos, ya que yo le llevo dos años.

Estudiamos juntos, nuestros amigos son comunes y mi hermana es una más de esos amigos. De una pandilla de irresponsables, que aun cuando vamos sacando nuestra carrera, se debe más a la suerte que a los esfuerzos.
Nos gusta salir en pandilla y tenemos un piso alquilado en Santiago de Compostela, es un piso grande en el casco antiguo, muy cerca de la Rúa del Villar. En el piso vivimos, mi hermana y yo pero en nuestra casa siempre hay una persona viviendo en la habitación que tenemos para “invitados”

Tenemos un acuerdo mi hermana y yo para no traer a nuestras parejas, ya que tenemos miedo a que alguien se apodere de nuestro espacio y le haga difícil el vivir al otro.

Como os decía, algunas tardes nos reunimos la pandilla y hacemos nuestras pequeñas juergas, sin hacer mucho jaleo ya que no queremos problemas con los vecinos, pero tocamos la guitarra en horas del día, preparamos nuestras bebidas o lo que se tercie y jugamos con la Play o a las cartas, siempre entre risas y bromas. Algunas veces los juegos se hacen picantes, pero somos todos amigos de muchos años y no hay ninguna maldad o parecía no haberla.

Una tarde en el mes de noviembre, hacía un frio enorme en la calle, tomamos café en el Don Juan y nos fuimos reuniendo todos. Cada uno que iba llegando, se quejaba del frio y nadie parecía tener muchas ganas de ir a ninguna parte.

Las horas iban pasando y más o menos nos estábamos cansando del pub; teníamos ganas de salir de allí, pero ¿A dónde? Mi hermana propuso que nos fuéramos a casa todos, y jugar a algo con el fin de pasar ese horrible día. Os cuento como era el grupo y como se cruzaban los sentimientos dentro de la pandilla:

El mayor del grupo era Juan, que hacia pareja “rara” con Eva, no se sabía si eran novios, o simplemente se empataban cuando lo deseaban. Yo desde niño siempre había estado enamorado de Eva, pero como os decía, la vida la condujo con Juan y yo me limitaba a soñar con ella. A Juan quien le gustaba de verdad era Roció, otra amiga del grupo que tenía un lio con un chico ya mayor de nuestra ciudad, Roció era como mas adulta, pero no por ello menos hermosa. Tenía ese gesto de mujer más madura, más de vuelta de todo, como si estuviera en un plano superior a nivel de relaciones. Después estaba Nicho, que era el simpático del grupo, el tuno, el más alegre, el que bebía los vientos por mi hermana Carla, pero que jamás se atrevió a decirle nada. Los dos últimos del grupo eran Joaquín y Marta que eran pareja, pareja que se seguía soportando después de mucho tiempo, pero que tenían entre ellos enormes peleas, salían una semana y se separaban cuatro, la verdad es que esa pareja estaba más por costumbre que por amor o cariño.

No puedo saber como empezó todo aquello, el caso es que cantamos una canciones con Nico y de pronto, este dejó la guitarra entre risas y copas, todos estábamos bien puestos, algunos canutos, de marihuana y chocolate y cubatas que se evaporaban de los vasos . El frio era tan sólo un recuerdo muy lejano, la calefacción, las copas y las risas hacían que las prendas de abrigo desaparecieran y todos estábamos como muy cómodos.
Nico cogió una baraja y propuso jugar a las prendas, algunas chicas comenzaron a protestar, pero los chicos nos burlamos de ellas, se suponía que eran personas liberadas y abiertas y que todos éramos muy amigos como para esos reparos. Las chicas, dijeron que valía que no se rajaban, pero que primero fijáramos las normas, los límites y que una vez se fijaran, había que cumplirlos sin remedio. Roció, se levantó y dijo: Nada de límites, el límite lo marca únicamente el que saca la carta más alta y lo cumple el de la más baja. Todos rompimos a reír, como nerviosos, no sabíamos hasta qué punto se nos iban a pedir cosas, no pensamos en hacer nada demasiado fuerte ya que había parejas y yo y mi hermana. Quise decir eso, pero me acallaron entre todos, NINGÚN LÍMITE.

Como os contaba, cada uno sacaba una carta y el de la más alta, pedía algo, (lo que quisiera) al de la más baja, que podía ser algo con el del alta, o algo con otro fuera hombre o mujer. Cuando aclarábamos las normas, risas cada vez más nerviosas. Todos teníamos un poco de recelo por una razón o por otra, pero todos esperábamos que nos tocara algo que deseáramos de verdad y no había nada que nos ocasionara un rechazo tan grande como para negarnos a participar. El juego se fue desarrollando así:

Se barajaban las cartas, cada vez uno, por ronda y cortaba el anterior, se repartía tapada una carta a cada uno y se iba volviendo por orden, entre risas y emoción.

La primera carta alta, le toco a Clara mi hermana y la baja a Juan. Mi hermana muy prudente, sabía que no podía pedir algo tan normal como que Juan le hiciera un mimo a su novia, por lo que entre risas propuso que Juan diera un beso en los labios a Nico. Todos nos reíamos al ver las caras de los chicos, pero sin ningún problema, se dieron un pico los dos.

En el segundo reparto Juan sacó la más alta, y Roció la más baja, y Juan quiso vengarse, le pidió a Roció que besara a Carla, con lengua. Yo no sabía cómo iba a reaccionar mi hermana, la verdad es que no me cortó en absoluto. Las chicas estaban sentadas juntas y Roció, paso una mana por el rostro de Carla, le acerco su boca y se besaron, pero no como los chicos, el beso fue de verdad, como saboreado y mi hermanita, parecía sentirse cómoda en el.

La tercera ronda, que se iban sucediendo entre risas y nervios, pero muy ágil, la carta más alta fue de Nico y la más baja otra vez de Carla entre las risas de todos. Nico dijo que era el momento de saborear su venganza, que esta vez, Carla debería besarme a mí en la boca, y que yo debería acariciar uno de sus senos. Yo quise protestar, pero Carla estaba decidida y dijo que eso no le importaba, conmigo. Se acercó a mí como danzando, moviendo sus caderas y su pecho, se abrió la camisa un poco y cogió mi mano y la coloco sobre su preciosa teta. Fue como una descarga eléctrica en mi cuerpo, era una sensación increíble, que jamás había supuesto, pero cuando acercó su boca a la mía, yo sentía deseos de besarla, de dominarla con el beso y se hizo largo intenso, mientras yo notaba una pequeña erección que quería controlar.

El juego continúo y ahora la carta más baja me toco a mí y la Alta a Nico, que sabía mi secreto con Eva y pidió que Me pusiera encima de Eva, en el suelo donde estábamos sentados y que la besara apasionadamente. Juan se reía animándonos, pero yo estaba aun turbado por el precio de mi hermana, Eva es como si hubiera desaparecido de mis sentimientos. Me puse encima, la besé, lo disfruté pero el beso y sus labios me sabían a Carla.

De nuevo Carta alta para Juan y baja para Carla, la orden era que Carla , tenía que acariciar por encima de la ropa a las dos personas que tenía a su lado, hasta conseguir que los dos se animaran y lo sintieran. Comenzó con Roció, y la escena ya fue el culmen de todos mis infiernos desatados. Roció acariciaba los pechos de mi hermana, con tanta ternura y deseo que me parecieron la escena más sensual que pudiera imaginar. No pude controlar mi erección, me escondí un poco con las piernas, pero estaba deseando que aquello terminara, que fuera mi momento y sucedió. Carla, comenzó a acariciarme los labios con los suyos, su forma de besar era increíble, solo aquello podía ponerme a mil pero su mano comenzó a jugar con mi cinturón y se coló por mi cintura, sus dedos rozaron mi polla y pensé que no iba a poder contarme de la sensación increíble. Carla se dio cuenta de mi estado, pero no tuvo piedad, sus dedos rozaban mi pene, mientras sus labios lamian los míos. Todos se reían, todos menos yo que con una sonrisa estúpida mantenía una batalla camparen mi interior.

Bueno el juego cada vez se fue haciendo más emocionante, las prendas de ropa hacían un montón en el centro, los cuerpos medio desnudos y la temperatura enorme.

Ya era de madrugada, cuando todos se fueron, quedamos Carla y yo, los dos sentados en el sofá, apenas nos mirábamos. Los dos sabíamos lo que había sucedido, yo no quería ver sus ojos y sentía como vergüenza de lo que ella pensaría de mí. Clara por fin me preguntó ¿Lo pasaste bien? Mi respuesta fue, no lo sé, la verdad es que estoy un poco desorientado ¿Desorientado? Bueno son cosas mía, prefiero no hablar ¿Te parece mejor no hablar? Me pregunto acercándose más a mí y cociendo mi cara con su mano. Algo en mi quería parar aquello, pero no podía, se acerco a mis labios y ya no me contuve, la bese, la bese con toda la pasión que había acumulado, la bese con tanto deseo como jamás había sentido. Carla apagó las luces, como si no quisiera que nos viéramos los ojos. Esta vez, sus manos abrieron mi pantalón, y comenzó a sacarme la camisa. Sus dedos rozaban mi pecho y yo quería gritar de deseo. Se saco su blusa, y sentí en mi pecho sus pezones, esa temperatura increíble de sus tetas rozándome. Me bajó el bóxer y mi polla quedó tiesa esperando su dulce boca que la envolvió en una caricia de diosa del sexo. No pude contenerme más en aquella sensación y me corrí, tratando de separarme pero ella no me dejó, se froto sus labios contra la fuente de semen de mi pene. Su lengua lo recorrió en caricias hasta llevarme a la locura.

Derrotado no pude más, me encerré en la ducha, quería meterme debajo del agua y no pensar en nada, dejar que la ducha me relejara pero nada, nada podía lograrlo. Sentí deseos de salir y darle a ella tanto como me había dado. Cuando me disponía a ir al salón escuche voces, me pareció raro, era Roció, había vuelto a buscar las llaves que “distraida” había dejado sobre la mesa. Al darme cuenta de que era Roció, me quede a escuchar, con la puerta entreabierta. Yo sabía que mi hermana no había tenido nada, nada que no fuera hacerme feliz y quería que se fuera Roció para agradecérselo. Cuchicheaban en voz baja, pero de pronto se hizo el silencio, y escuche el sonido de sus labios, se estaban besando. Salí un poco del baño, para poder ver, se besaban en cuello, los labios, se acariciaban el pecho. Yo de nuevo me había puesto duro como una piedra, quería salir y participar, pero les cortaría y mi hermana sabía que yo estaba allí despierto. Las dos mujeres, rodaron sobre el suelo y Roció se abría paso entre las piernas preciosas de mi herma, separaba los labios de su coño y metía su lengua entre gemidos de Carla. Mi polla estaba que se rompía, mi hermana comenzó a gemir y jadear con fuerza, y de pronto dio un pequeño grito mientras roció bajaba en su fuerte ritmo a suaves caricias por sus muslos.

Entonces se levantaron, se recompusieron un poco y se sentaron de nuevo en el sofá. Yo Salí del baño, como si no me hubiera enterado de nada. Entro mi hermana y pude escuchar la ducha. Roció me miraba, en sus ojos se notaba el deseo, no hablamos nada, me senté a su lado y nos besamos, sin cruzar una sola palabra, no necesitábamos hablar tan solo dejar a nuestro instinto y nuestras pasiones.

Carla salió del baño, tan sólo envuelta en una toalla, se acerco y nos beso en los labios, primero a mí, después a Roció, que no entendía nada, pero que tampoco cuestionó nada, se dejo llevar por esos besos, nuestras ropas iban apilándose sobre la toalla de Carla y nuestros cuerpos iniciaron una danza de sexo infinita.

Desde entonces Roció vive en casa con nosotros y los días y las noches son tan intensos que jamás querría separarme de ellas.

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