Incesto y amor
Escrito por Tiestes el Jueves 3 dic, 2009A la hora de comenzar este blog, recurro a mis recuerdos y vivencias pero también a aquellos que me contaron personas normales, amigos o amigas que vivieron o tal vez simplemente imaginaron con tanta credibilidad que yo los viví como reales.
Alba, es una preciosa modelo argentina, que por cosas del azar vivió conmigo una preciosa historia de amor, historia de la que hoy no os contaré nada pero sí de otra vivida por ella en su tierra.
Mi dulce amiga, había alcanzado ya los dieciocho años cuando pensó que su futuro estaba en Europa. Aun comenzaba su carrera como modelo y no encontraba la forma de reunir el dinero suficiente para emprender aquella aventura. Sus padres poco podían ayudarle y los bancos no confiaban en una chica tan joven. Alba veía pasar los días y con ellos la oportunidad pero la solución en medio de esa gran crisis de su país se le hacía imposible. Imposible a menos que hablara con su abuelo Hugo, padre de su padre y con quien la familia apenas tenía roce.
Todos decían que Hugo era un mujeriego y un depravado, pero a mi amiga, su abuelo le parecía un hombre muy agradable aun cuando a ella la educaron lejos de aquella “fiera” que vivía en Mendoza en su enorme rancho lejos de todos los meapilas de la capital.
Llamó a su abuelo para decirle que quería hablar con el y Hugo la recibió con cariño ya que Alba siempre fue su favorita. Después de recibirla con alegría quedaron para hablar de sus preocupaciones después de la cena.
Alba ya en su habitación después de una ducha reparadora, se arreglo con mucho celo, sabía que a su abuelo le gustaba vestirse para la cena y ella quería estar especialmente guapa. Su pelo en melena suelta y un vestido negro de tirantes con un poco de vuelo en la falta y sus zapatos de aguja que alargaban aun más su preciosa figura.
Cenaron mientras hablaban de trivialidades y Hugo la miraba radiante de satisfacción por la hermosura de su nieta. Ya en los postres , Amanda su ama de llaves puso un poco de música muy agradable y pidió permiso para retirarse. Alba sentada frente su abuelo, sonreía pero temerosa de enfrentarse con su petición y de repente Hugo se levantó y ofreció su mano para invitarla a bailar. Se vio en manos de aquel hombre increíblemente fuerte y elegante que la llevaba como en volandas con la maestría de un gran bailarín. No podía ni hablar, se dejaba mecer entre sus brazos y su cuerpo notaba cada roce como si bailara con el mismo “Deseo” No entendía lo que le estaba pasando y turbada quiso sentarse en el sofá. Su corazón era una locomotora lanzada sin ningún freno.
Hugo se sentó frente a su nieta, mientras le ofrecía una copa de Oporto y la miraba mas allá de sus ojos como pretendiendo encontrar su alma de mujer.
-¿Eres feliz?
- No lo se, dijo bajando un poco su mirada
- ¿Quieres contarme lo que te preocupa?
-Ahora no se si puedo, prefiero disfrutar de este momento . Sus ojos acariciaron con una dulce mirada a Hugo y él de nuevo tendió su mano en una invitación a la danza. Ella no dudo ni un instante, quería sentirse rodeada por aquellos brazos y dejar que sus emociones fluyeran como un río de placer.
El la estrechaba en sus brazos y sentía los latidos de su corazón, con suavidad fue estrechándola más cerca mientras que sus labios rozaban sus cabellos. Los brazos de alba rodeaban el cuello de su abuelo cuando alzo su vista, el la contemplaba con sus labios entreabiertos y ella no dudó para nada al darle un suave beso. El, respondió con otro pero menos suave que ella no pudo resistir y los dos se fundieron en el beso mas embriagador que habían soñado.
Alba no quería cuestionar lo que estaba pasando, no quería preguntarse si había algo anormal e incorrecto en su deseo, solamente se dejaba acariciar por aquellas fuertes manos que iban recorriendo su cuerpo con una habilidad de maestro. No podía hacer nada que no fuera dejarse acariciar y moviendo su cuerpo iba conduciendo sus manos en aquella caricia que cada vez era más embriagadora.
Como si fuera una pluma la tomó en sus brazos y ella sin dejar de abrazar su cuello se dejó conducir a la alcoba donde la fue desvistiendo sin dejar ni un momento de acariciar todo su cuerpo. No tenía miedo en sus manos y dejaba que el explorase cada rincón de su piel con los labios con aquellos labios carnosos y ardientes que rozaron su túrgido pecho mientas su lengua iba acariciando sus pezones . No dudo en bajar su cuello hasta que sus labios humedecieron sus muslos y el fue bajando su braguita mientras un volcán ardía en su interior.
Su lengua suavemente comenzó rozando su pubis para enterrarse como fuego en su humedecido interior haciendo que todo su cuerpo se extremeciera . Cuando alcanzó su clítoris, ella pensaba en la locura de tanto placer y quiso corresponderle, desabrochando su cinturón y buscando con sus manos las caricias se encontró con algo inesperado. Hugo tenía para ofrecerle todo aquello que a ella le asustó un poco; sus dedos temblorosos acariciaron aquella verga mucho más potente de lo que jamás había visto y un enorme deseo de llevarla a su boca se hizo patente por lo que dio rienda suelta a su deseo, rozó su pene con los labios y la punta de su lengua comenzó un sinfín de caricias Hugo simplemente acariciaba su pelo y Alba se fue metiendo en la boca aquel bello puntal. Comenzó a moverse cadenciosamente y el no dejaba de hacerse fuerte, le acariciaba la cabeza y fue llevándola hacia atrás recostada sobre la cama. Ella esperaba todo aquello en su interior. Comenzó a rozarle por fuera buscando mojarse en su coño y se fue abriendo camino entre sus labios vaginales hasta el fondo de su húmedo tesoro.
Era incansable y tras un orgasmo, otro más fuerte sin darle tregua, desesperada de placer volvió a buscarlo en su boca y el le dio la vuelta y comenzó bajando su lengua por la espalda. Ella pensó que todo aquello podía hacerle daño pero noto su lengua recorrer su ano mojándolo especialmente , cuando ella esperaba su polla en su culito, el la metió con delicadeza en su mojado coño y la saco para embocar su culo, sintió una ligera presión y como su cuerpo se abría dando paso a ese enorme placer . Hugo se movía mientras acariciaba su pecho. Una mano bajo suavemente a su clítoris y con mucha delicadeza lo iba acariciando mientras ella sentía esa mezcla de placer y dolor un grito desgarrado y comenzó su orgasmo y fue en ese momento cuando sintió en su interior aquel torrente de fuego humedecido.
Los dos rendidos sobre la cama no se dijeron nada, sus manos se asían y la paz de su sueño les condujo al amanecer. Alba se ducho sin hacer ruido y se marchó sin decir adiós.
Durante unos días no se atrevió a llamar a su abuelo hasta que el la llamó por cierto Alba al final no me dijiste que querías y ella le respondió… Volver a verte.


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