INCESTO SENIL

Escrito por Tiestes el Martes 5 ene, 2010

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Mi nombre es Amelia, tengo cincuenta años, soy viuda hace ya más de veinte años, no tengo hijos y desde la muerte de mi esposo que dejé el campo, vivo en un apartamento en la ciudad.

Hace un poco más de un año, mi padre se vino a vivir conmigo, mi padre ya tiene cerca de ochenta años, no se puede mover muy bien, necesita que lo cuide y con su pensión y algo que ayudan mis hermanas, mas la renta de mis tierras y mi casa del campo, nos arreglamos muy bien económicamente.

Hace cosa de un mes, mi padre resbaló en la bañera y se dio un golpe muy fuerte que nos asustó un montón. Lo llevamos al hospital y claro los médicos nos dijeron que ya a su edad no podíamos dejarlo solo en la ducha. Pensamos en la posibilidad de cambiar la bañera por un plato de ducha grande o bien en poner asideros por todas partes pero, ninguno era solución; así que decidí que yo le iba a ayudar en la ducha.
Cuando regresamos a casa, lo hablé con mi padre y él decía que no me preocupara, que había sido un descuido, pero que malo sería y que tendría cuidado. Pasaron unos días y mi padre lo pasaba realmente mal, se tenía que duchar con una mano sola y realmente tenía miedo por lo que un hombre que se duchaba cada día, fue distanciando la ducha y yo que observaba todo eso, hablé con él. Él se sinceró y me contó la verdad. Yo le dije, papa, te da vergüenza que te ayude yo. Se quedó un rato callado y me dijo que no y los dos convenimos en que yo le ayudaría ya que la situación era complicada y cada día lo sería un poco más para el.

Cuando llegó el primer día, yo le estaba esperando en el baño, tenía todo preparado. Habíamos hecho un banquito para subir y dentro de la bañera pusimos una silla de pvc para que él se pudiera sentar. La verdad es que todo le ayudaba mucho, yo lo tendría que meter en la bañera, cerrar la mampara, y después ayudarle a salir. Mi padre entró tapándose con una toalla grande, yo discretamente no miraba para él y le ayudé a entrar pero por muy discreta que fuera, no pude dejar de ver que aun con sus años, mi padre era un hombre muy bien armado. Tal vez algún comentario de mi madre siendo yo más joven, me indujo a mirar pero la verdad es que era realmente asombroso.

El se duchó pero me contaba que claro no llegaba bien a su espalda, y que sentado le daba la impresión de que no se duchaba bien.

Un día le pregunté ._ ¿Papa quieres que te pase yo la espalda un poco? Me dijo que sí, que gracias el cambio la cebolla de la ducha apuntando a otro lado y yo muy dispuesta, cogí la esponja y comencé a frotarle la espalda y viendo que no podía tampoco con los pies, pues hice lo mismo.

Papa había perdido la vergüenza de las primeras veces y recuperó su costumbre de la ducha diaria. Un día mientras le pasaba la esponja por los pies, subí por sus rodillas a frotarle las piernas y cuando estaba en sus muslos, mi padre tuvo una gran erección, no pude evitar verlo y el estaba cortadísimo. _. Perdona “filla, son cousas do corpo” Yo le dije que no se preocupara, pero estaba sofocadísima, Aquello no correspondía a un hombre de su edad, había allí tanto vigor que para si lo quisieran muchos hombres de cuarenta.

Cuando salió de la ducha, intentaba taparse con sus manos y yo le ayudé a secarse. De nuevo estaba agachada, a un lado, discretamente, secándole los pies y las piernas y de nuevo él se puso enorme. Yo, no quería fijarme, me di la vuelta el separó sus manos y su enorme polla me rozó la mejilla. Hacía tanto tiempo que no tenía cerca un hombre, que aquello me impactó como si fuera una niña. Lo tenía allí al alcance de mi boca ¡Dios mío! En que estaba pensando. Lo dejé allí con su toalla y me fui a la cocina. Se puso un albornoz y se sentó en el salón a ver la tele. Yo me pasé todo el día pensando en aquel tremendo cipote enfurecido.

La noche fue tremenda para mí, no podía dormirme, daba vueltas en la cama y mis manos, fueron a mi sexo, comencé a acariciarlo suavemente y de inmediato las imágenes de la mañana me llegaron creándome una enorme excitación; no pude evitar el pensamiento, la idea de tener aquella polla entre mis piernas me estaba volviendo loca y tuve un orgasmo como no recordaba.

Me di la vuelta, me quedé dormida, no sin antes pensar en todo lo que había pasado, sonreí y me quedé dormida. A la mañana, me desperté tarde y ya mi padre andaba por la cocina preparándome el desayuno. Yo estaba radiante, de muy buen humor, me acerqué a el y le dí sus besos de buenos días.

Mi padre me estaba mirando el escote mientras desayunaba aun con mi camisón puesto. ¿me lo miraba o solamente me lo parecía a mí? No, estaba mirando, lo hacía discretamente, pero yo estaba atenta y lo sorprendí. El hombre se dio cuenta y se ruborizó, mirando a otro lado. Por mi mente pasó el pensamiento de que mi padre me estaba deseando. No me desagradó, una enorme inquietud se apoderó de mí.

Ya era la hora de su baño, y yo no me atrevía a decírselo, pero fue él quien me preguntó si podía ayudarle. Por supuesto le dije que sí y comenzamos el ritual de cada día. Yo le enjaboné la espalda y bajé a sus pies, me di cuenta de que ya estaba excitadísimo, quería quedarme allí y no seguir con sus piernas, pero entonces era como darle importancia. Me decidí a subir, mis manos estaban temblando, el separó sus manos y como un resorte, su tremenda verga se levantó y aun cuando me quise separar, me rozó los labios con ella. Yo estaba ardiendo, no podía pensar en nada y con la esponja, le acaricie, bueno se supone que lo estaba bañando, pero los dos sabíamos que había algo más. El me cogió la cabeza, y la acercó. Abrí mi boca y con mi lengua se la pasé suavemente, como si no quisiera, pero el ya estaba preparado. Me acaricio con dulzura; le miré a los ojos y eran como una súplica. No pude evitarlo.
Comencé a acariciarlo con mi lengua, aquello cada vez era más grande, me lo metí en la boca y comencé a hacerle una mamada colosal. El apenas decía nada: así, así, y se quería levantar de su silla. Metió sus manos por mi cuello hasta alcanzarme las tetas y las acariciaba como un maestro. Yo estaba completamente mojada y no era de la ducha. Mi padre me dijo, ayúdame a ir a la cama lo saqué y de nuevo con la toalla, le estaba acariciando. El me dio la mano y fuimos hasta su cama. Una vez allí me dijo: ¡Ven, ven anda! Y me saque la bata, me metí a su lado. Con gran habilidad, me ayudó con el camisón. Y allí estaba yo con mis enormes tetas en su boca y solo con mi braga puesta. Dejó de ser un anciano decrépito, era un hombre ágil y vigoroso. Me recorría todo el cuerpo con su lengua, cuando llegó a mi cintura, me fue bajando las bragas, yo le ayudé a sacarlas. Se puso encima, yo creía que todo aquello no me iba a poder entrar , pero soy una mujer robusta, gordita y cuando me rozó con su punta, yo estaba empapada. Abrí bien mis piernas, el no necesito ayudarse con su mano. Su poya me entro hasta… el cuello.

Comenzó a moverse con un buen balanceó, yo me asusté un poco, tenía miedo que le diera algo, lo tranquilice, pero ¿Quién me tranquilizaba a mí? Me movía como una loba deseosa. Me saltaba el corazón y notaba los latidos en mi coño que estaba abarrotado de polla, como nunca había imaginado. Jadeaba y a cada movimiento, era un enorme placer, di un grito que debieron de escuchar en todo el edificio. ¡Que cabrón! Y me corrí como una puerca, de inmediato el se aferro a mis tetas, me pidió que le apretara y se corrió dentro de mí y aun su corrida era casi tan potente como su polla.

Me agaché y limpie su polla con mi lengua. Me levanté lo arropé con todo el mimo y le dije que descansara; que descansara que nos quedaba una vida por delante.

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2 comentarios para “INCESTO SENIL”

  1. xexi hot Says:

    espero que mi hija sea asi cuando este grande o mis hijastras ya que estan vien buenas apenas tienen 13 i ya estan vien ricas algun dia te felicito por tu relato me encanto i me puso a mil por hora


  2. kendy Says:

    !!!! lo mio no es relato es realidad desde pekeña mi papi me lambia asta ase un año yo no deje mas esa relacion, creo me perjudico mucho solo me exsita un ansiano por eso estoi solita ,


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