Incesto en Familia Mi cuñada

Posted by Tiestes on Martes dic 22, 2009 Under Tiestes

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Mi hermano es un hombre muy ocupado, ocupado en su trabajo, en sus negocios, en sus deportes y en sus amantes. Mi hermano tiene una mujer preciosa, no es una supermujer pero representa la feminidad, es delicada, dulce, simpática; con unos preciosos ojos y un cuerpo que sin ser el de una vampiresa, siempre parece estar pidiendo abrazos.

La verdad es que desde que la conozco, siempre la deseé, pero mis deseos permanecieron en mi interior y casi estaban olvidados. Las pocas veces que iba a una reunión familiar, ella estaba siempre allí y acaparaba todas mis miradas y mi deseo.

Yo me llevaba bien con ella, en momentos hacíamos nuestros apartados y ella tenía que notar mi deseo de comérmela, de abrazarla de tenerla entre mis brazos y hacerla sentirse amada.

Un día me llamó que quería hablar conmigo; yo me preocupé ya que sabía que mi hermano no estaba atravesando un buen momento, no me parecía normal que mandara a su esposa a pedirme ayuda pero los Alvarado somos así como demasiado orgullosos y tal vez menos luchadores. Mi hermano era un claro ejemplo de nuestra familia. No había terminado su carrera, tenía muy buenas condiciones para el deporte pero ni un poco de continuidad.

Mi cuñada apareció en mi casa un lunes a media mañana, debían de ser las once. Cuando llamó a la puerta yo estaba recién duchado y terminando de vestirme, mi pelo estaba húmedo y aun sin peinar cuando abrí la puerta.

Allí estaba ella, parecía una niña, su cuerpo delicado y aquellos ojos de mirada tan especial. Abrí la puerta y pasamos al salón; la idea de verla en ese lugar donde tantas veces había disfrutado del sexo con otras mujeres, me puso a cien. Rápidamente intente apartar las imágenes que me venían a la mente, nos sentamos, y le pregunte como estaba, ella me dijo que bien, pero sus ojos estaban húmedos por un llanto a punto de salir. Me levanté me acerque a ella y me abrazó rompiendo a llorar.

Traté de tranquilizarla y le pregunté que pasaba que quien había puesto así de triste a mi princesita. Ella entre lágrimas me miró y me regaló una amarga sonrisa.

Entonces comenzó a contarme que ya no podía aguantar más, sabia de todos los amoríos de mi hermano y estaba pensando en pedirle el divorcio; no sabía lo que podía pasar, ellos no tenían hijos y tampoco una gran fortuna, vivían bien como matrimonio pero una separación no sería muy buena en el plano económico para ninguno de los dos.

De inmediato me dijo que eso no le importaba demasiado, que ella tenía su carrera y que encontraría trabajo y saldría adelante. Pero que estaba toda su familia y la nuestra y que eso le pesaba mucho a la hora de tomar decisiones. Mi cuñada venía reclamando mi apoyo con la familia y mi comprensión.

Hablamos de ello durante un buen rato y me pude enterar de que hacía ya dos años que no dormía con mi hermano. Al decirme aquello algo dentro de mí dio un enorme vuelco y sin poder evitarlo un cosquilleo en todo mi ser. Otra vez se despertaba ese depredador incestuoso y despiadado que tenía dentro. Ya desde ese momento todo mi pensamiento se centraba en lo delicioso de tener sus tetitas en mi boca, en pensar si su coñito estaría mojado sabiendo ella de mi las cosas que sabía y encontrándonos los dos solos en mi casa.

No me corté y le pregunté ¿y tú? Tu, la mujer, como llevaste todo este tiempo sabiendo todas esas cosas. Ella me respondió que simplemente había aparcado sus pensamientos y que se acostumbró a vivir de esa forma, que la idea de que él le tocara le hacía mucho más daño que sus necesidades de mujer.

Continuamos la charla un buen rato, ella se iba animando, cada vez parecía tener todo más claro y no sé como pasamos a hablar de mí. De mis conquistas, de mi vida en solitario, de si no estaba cansado de esa vida. Le respondí que sí, que realmente estaba muy alejado del mundanal y que cada vez mi vida se centraba más en mi casa, mis libros y en ir disfrutando de todas las cosas que me había dado la vida. Le dije que aun pareciendo un hombre de suerte, no lo era, que yo envidiaba a mi hermano cuando pensaba en ellos. Ella se dio cuenta de mi galantería, me acaricio con sus ojos y me sonrió. Pero yo como tratando de aclararle lo que decía, como si ella no lo hubiera entendido bien, dije, Me refiero a que en mi vida nunca se cruzó una mujer como tú, una persona a la que amar sin reservas y con quién poder disfrutar como podía hacerlo con ella, sólo en mi imaginación.

Le había soltado una andanada terrible, si se molestaba podía escaparme diciendo que era un ejemplo y si no escapaba siendo ella tan inteligente es que había pillado mis requiebros. De nuevo esos ojos me electrizaron, por mi mente pasó como un rayo la orden de seguir avanzando mi presa estaba descubierta y como cazador no podía dejarla escapar.

Ella reflexionó conmigo con la hipótesis de cómo hubiera sido nuestra vida de habernos cruzado antes. Yo ya estaba lanzado y le dije, que te hubiese amado hasta el infinito y que toda mi vida hubiera sido de otra forma. Ella suspiró y dijo, somos muy iguales tu y yo, tal vez hubiera sido todo muy explosivo; tal vez yo te habría decepcionado como mujer. Quise protestar y ella me atajó, ya tengo dudas de haber sido una buena amante. Me quede pegado un instante, procesando como continuar sin romper esos momentos de tensión..- ¿Como son tus besos? Ella no esperaba tanto descaro y mucho menos esa pregunta que la desconcertó. Bajó su mirada y casi inaudible ._ Dímelo tú. No estaba muy seguro de haberla escuchado bien, tal vez no había dicho eso y eran simplemente mis deseos que me estaban jugando una mala pasada. No podía dejarlo pasar, si había entendido mal ya saldría, me acerqué a ella, tomé su rostro en mis manos , levanté su barbilla y deposité un beso en sus labios lo más dulce que pude.

Según la basaba esperaba una posible respuesta airada o que simplemente se levantara y se fuera, prolongue mi beso unos instantes sin cerrar los ojos, sus labios se separaron en una invitación a continuar, mi lengua rozó sus dientes y se fue a encontrar con la suya en un autentico floreo de mosquetero. Me agarró la cabeza y un volcán de furia desatada ardía en mis labios y mi boca. Mis manos fueron buscando su cuerpo, era una desesperación de deseo, sentía su piel en mis dedos mientras los dos luchamos contra la barrera de la ropa que nos íbamos retirando. Sus dedos en mi pecho, mis manos abriendo su sujetador y descubriendo dos firmes y deliciosas tetas que parecían hechas justo para mis manos. La levanté en mis brazos, era como un juguete, como una niña que no dejaba de besarme en el camino a mi dormitorio donde nuestros cuerpos desnudos se iban confundiendo entre millones de caricias. Sus piernas abiertas entre las mías y mi sexo erecto y firme buscando el cobijo de sus entrañas. Fui metiendo mi polla como en un volcán de lava hirviendo, jamás había sentido ese calor en mi pene. Ella tomó el mando como una envidiable valkiria y se puso encima. Mi polla recibía un roce caliente y ella como a punto de llorar se rompía en un orgasmo terrible que a mí me condujo sin remedio a depositar toda mi leche en su interior.

La mañana se hizo increíble, bocas con sexo, su culito, su lengua lamiendo mi polla y el reloj detenido en los orgasmos que se sucedían como queriendo recuperar todo el tiempo perdido por los dos.

Cada semana nos vemos los martes por la mañana, ella dice que es inmensamente feliz y que se olvidó de eso del divorcio que si un día lo hiciera sería para venirse conmigo para siempre y que no quiere hacerme eso.

Dice que el matrimonio es lo único que nos podría separar, que nosotros no nos amamos simplemente nos gusta follarnos hasta no poder más.

One Response to “Incesto en Familia Mi cuñada”

  1. Marta Says:

    Me parece fenómeno, ojala tuviera yo un cuñado como ese. Es mi sueño erotico.


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