Incesto en el frío

Escrito por Tiestes el Jueves 7 ene, 2010

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El invierno es muy traicionero, bueno tal vez somos las personas las que nos retorcemos tratando de encontrar disculpas que nadie nos pide, nadie más que nuestra conciencia que es la víctima de una determinada educación. Como a mi hacer un relato de mi conciencia o mi educación me sería muy difícil y más para este blog; dejarme que os cuente un relato sobre lo crudo que puede ser el invierno.

Tengo pocos años, tan pocos que os lo dejo a vuestra imaginación ya que os puede dar una pista el propio relato y mi edad importa poco.

Vivo en una zona del campo muy fría del norte de España. Antes todos los años hacíamos un esfuerzo en casa para comprar el gasoil de nuestra calefacción, una herencia que nos dejó mi padre a mi madre y a mí. Ahora mi padre no está y este año fue imposible llenar el depósito. La crisis tiene estas cosas y la nuestra es muy aguda.

Intentamos combatir el frío con un brasero en la cocina, pero tenemos miedo a quedarnos dormidos con él, así que en la noche lo apagamos y para no morirnos helados ponemos más mantas en la cama. No logramos sacarnos el frío de encima, así que acordamos mama y yo dormir juntos, siempre nos daríamos más calor.
Por las noches, nos metemos en la cama y nos abrazamos y conseguimos dormirnos sin despertar helados.
Los primeros días las cosas iban de forma normal, mi madre es una mujer joven tiene treintaicuatro años, a mi me tuvo muy jovencita así que no nos llevamos muchísimo tiempo. Cuando vamos para la cama, nos ponemos unos pijamas de algodón, nos abrazamos y poco a poco vamos entrando en calor.

Como decía, los primeros días fueron normales, pero con el tiempo para mí resultaba difícil, yo tengo la costumbre de masturbarme en la cama, por el día con el trabajo de la granja y el frío la verdad es que ni me acordaba y en las noches estaba mama.

Un noche, mama se había dormido y yo aun estaba despierto, no lograba conciliar el sueño y estaba pensando en ir al baño y darme una alegría pero hacía tanto frío que la idea de levantarme era menos tentadora. De pronto aun con mis ojos abiertos, note que mama me ponía un brazo encima, no le di importancia y me acurruqué mas en ella; pasaron unos minutos y de ponto noté que su mano me estaba acariciando por encima del pijama; me quise separar un poco, pensaba que estaría dormida pero ya no había más espacio. Ahora mi madre, movía sus dedos y me tocaba en la pinga; no pude evitar empalmarme, que corte si se despertaba, lo mejor era hacerme el dormido también, así si se despertaba, pensaría que yo dormía pero que no me daba cuenta de nada.

Ella se animaba más cada vez, ya tenía en sus dedos mi polla que dura le permitía acariciarla. La había cogido de una forma rara, ya que no era con la mano, lo hacía con la punta de los dedos por encima del pantalón, pero separaba mi prepucio, me descabezaba la polla y en pequeños movimientos me estaba poniendo a tope. Yo ni respiraba, pero cada vez estaba más tieso, no sabía que hacer, como librarme si yo no quería; me estaba encantando, pero no tanto como para correrme, además no quería correrme así y ponerme perdido o despertarla a ella con su mano mojada por mi leche.

Un nuevo movimiento y sacó la mano, pensé que se acababa mi tormento de placer , pero dos minutos después, la metía por mi cintura, apenas podía llegar, metí un poco la barriguita, y despacito me subí poniéndome algo más de lado para que pudiera alcanzarla.

Mi polla estaba ya a punto de explotar, tenía una erección enorme y ahora era su mano la que me acariciaba un rato y como si notara cuando me iba a correr, me tocaba en los testículos y de nuevo volvía a mi polla.

Con un poco de miedo, eché mi mano para atrás y alcancé su muslo, la fui subiendo poco a poco hasta ponerla en la altura de su coño, y comencé a acariciarla muy despacito con un dedo, buscando su rajita por encima de la ropa. La posición no era muy cómoda y cuando yo tenía su coñito más centrado y notaba su humedad, ella paraba un poco como si no pudiera atenderme.

Cada vez estaba más seguro de que no podía hacer todo eso estando dormida, pero acepté que lo estaba, me puse mirando al techo para permitirle más y mejor y ella, continuó sus caricias con una maestría de madre. Yo cambié de mano, ahora con la derecha la podía acariciar mejor. Mi dedo seguía buscando su raja y ya notaba mojadito su pijama, extendí la mano e intenté agarrarle el coño, todo esto aun por encima de la ropa. Ella adaptó mejor su cuerpo para que pudiera acariciarla mejor pero yo aun no conforme, seguí como ella y metí mi mano por su cintura, cuando quise meterla por debajo de su braga, el elástico me hacía estar muy forzado. Desesperado acariciaba por encima de la braga pero tenía mucho vello y apenas notaba la sensibilidad en mis dedos.

Ella me tiró por el pijama y el calzoncillo para abajo en las piernas, y ahora me tenía totalmente con la polla a su disposición. Yo no pude aguantar más y haciendo un esfuerzo, logre meterle la mano por debajo de la braga, pero estaba muy incomodo así que intenté bajarle la ropa, pero ella estaba apoyada en la pierna y no podía. Después de forzar un rato, ella levantó su cadera y baje su ropa hasta sus muslos. Tenía un conejo precioso, mucho vello rizado y algo duro, mis dedos buscaban la humedad y el calor. Yo no sabía nada de mujeres, una vez había ido a la ciudad a putas con un vecino y esa era toda mi experiencia, además de lo que podía ver en alguna película de la tele. Metía mis dedos en su chocho, e intentaba follarla con ellos. Ella me cogió la mano, y colocó mi dedo en su clítoris y me movió la mano indicándome como quería las caricias. Aprendí muy rápido, cuando lo hacía bien ella se movía tratando de conducirme y si me salía del sitio, me llevaba la mano o el dedo al punto exacto.

De pronto levantó un poco la ropa y se metió debajo, yo no sabía que pasaba, hasta que note sus labios y su lengua en mi polla. Me estaba haciendo una mamada, la primera de mi vida, algo que había imaginado en mis masturbaciones, pero que no sabía como se sentía. Juro que se siente y mucho, la mojaba con saliva y la metía en su boca. Yo de vez en cuando sólo tocaba su sexo, pero no podía apenas moverme de tanto placer.

Ya no pude más y puse una pierna encima de ella, al ver que ella se ponía más mirando al techo, me subí a ella; cogí la polla con mi mano y la llevé a su coño. Sus pelos pe rozaban pero la metí con facilidad y casi me corro. Tuve que respirar fuerte, traté de pensar en otra cosa para no irme y conseguí empujar un poco más. Mi madre me subió el jersey del pijama y comenzó a besarme en el pecho, yo me movía cada vez más fuerte, tratando de meterle más, hasta el fondo y note como se estremecía, aquello me hizo pensar que era un orgasmo de mujer, quería dejarla satisfecha, la agarre por la cintura, apreté con fuerza y ella se sacó la ropa, tenía delante de mi boca sus tetas, eran grandes con unos pezones muy de punta. No sabía como hacerlo, las recorría con mi lengua y agarraba su pezón como si fuera a mamar. Los dos estábamos sudando, había un olor humano propio de personas como nosotros que trabajamos y vivimos del campo. Mi polla entraba y salía, ella me agarraba las piernas con los pies, yo no podía más , ella se volvía a correr y yo me quise separar, no fuera a ocurrir algo grave. Al salirme me corrí todo en sus muslos y dejé caer el peso de mi cuerpo sobre ella.

Mamá me acarició el pelo, no dijo nada y yo había vivido el momento más increíble de toda mi vida. No nos dijimos nada, de nuevo ella me acariciaba con su mano, tocándome la polla suavemente. Con discreción me limpié un poco con la sábana y de nuevo separé sus piernas. Yo estaba otra vez como mi burro, se la fui metiendo muy despacito y ella iba moviéndose muy lentamente como queriendo saborear cada envestida mía. Comenzó a gemir y otra vez se corrió apretándome por la cintura como pidiéndome que me corriera dentro. Aguanté unos segundos. Mama me fue aflojando y me hizo darme la vuelta. Otra vez metió su cabeza debajo de la ropa y lamía mi polla como queriendo limpiarla. Yo quería más y le apreté la cabeza, pareció entenderlo y la metió en su boca, no puedo contar con palabras tanta delicia, note como la leche llegaba, no sabía que hacer y ella me obligo a no salirme y me corrí en su boca mientras ella apretaba con los labios y aflojaba tragándose toda mi leche.

El frío se terminó en nuestra casa, cada día a cualquier hora nos metemos en la cama o donde coincide y follamos hasta quedar extenuados.

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1 comentario para “Incesto en el frío”

  1. maria Says:

    haceis los dos pero que muy bien, el incesto es el afrodisiaco mas potente que hay, nuestros hermanos e hijos siempre tienen la polla dura en cuanto ven los coños de sus madres y hermanas. nunca se cansan de follarnos y nosotras de follar con ellos, el incesto es pura magia.


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