Incesto criminal

Escrito por Tiestes el Domingo 3 ene, 2010

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En la parte más oriental de la provincia de Lugo en plena Sierra de los Ancares, muy cerca de la orilla del Rio Navia. En los meses de invierno la nieve cubre de nieve los valles y las montañas, tanto que pequeñas aldeas o alguna casa aislada como la de nuestrorelato, queda completamente incomunicada, se va la luz y el teléfono es una quimera.

Muy cerca del lugar de Vilanoba do Pedredal, vivían dos familias, en realidad era la misma familia, que estaba formada por dos hermanos, Calros, y Bráis que habían heredado casas y fincas de sus padres y abuelos. Calros, estaba casado con Celsa y tenían una hija, Catarina; mientras que Bráis permaneció soltero viviendo con su madre.

Los años iban pasando y los hermanos cooperaban en el trabajo de las tierras, cazaban y pescaban en aquella zona. Mientras la niña Catarina se iba haciendo mujer, una hermosa mujer, no hermosa en el sentido de las revistas de moda o como ven la hermosura en la ciudad. Catarina era una mujer fuerte, robusta, con unos brazos fuertes y un color rosado en sus mejillas. Ayudaba en las labores del campo desde muy niña y siempre estaba pendiente de personas y animales.

No había cerca de su casa ninguna otra por lo que los años pasaban sin que apenas viera más gente que el paso de algún pescador o cazador, con el tiempo esto también se había perdido ya que la caza estaba prohibida en la zona.

Este invierno, el frío y la nieve cubrieron el lugar de tal modo que apenas podían salir de casa. Ellos acostumbrados a los rigores del clima, hacían acopio de los alimentos,medicinas y enseres necesarios para pasar el invierno. Pero ocurrió que la madre de Calros y Bráis, se puso muy enferma y Calros con Celsa, corrieron con el tractor para llevarla al pueblo y desde allí en ambulancia a Lugo.

En el lugar quedaron Bráis y Catarina con la responsabilidad de los animales y del cuidado de las casas.
Era un sábado cuando la tormenta de viento y nieve arrasó el lugar, la nieve llegaba a las ventanas, y el viento parecía arrancar los árboles. Los lobos, aullaban en competencia con el viento. Catarina ya estaba acostada y muy acostumbrada a aquellos terribles días, pero nunca había sentido la soledad de esa forma. La luz se fue y encendió un candil de carburo para alumbrarse y lo tenía en su mesilla de noche. El resto de la casa estaba en la oscuridad y la sombras que producía la luz del candil.

Catarina, después de cenar, se dio un baño se puso un pijama y se acostó, deseando dormirse y que amaneciera el nuevo día con buenas noticias de su abuela y el regreso de sus padres.

Serian las dos de la madrugada cuando oyó llamar en su puerta, pensó que podía ser el viento y no hizo mucho caso pero los golpes continuaban y entonces pensó que podían ser sus padres de regreso. Se levantó de la cama y a oscuras, fue hasta la puerta y abrió. Nada más hacerlo empujaron la puerta con fuerza y Catarina cayó al suelo. Apenas le dio tiempo a reaccionar, su tío Bráis, se lanzó sobre ella y la golpeó en el rostro. Caterina no entendía nada de lo que pasaba, sorprendida. Quiso defenderse pero él, era muchísimo más fuerte, Con sus manos arranco por la fuerza su pijama, dejándola completamente desnuda en el suelo. Sabía que gritar no valía de nada. No podía ni hablar, su tío, le abrió los brazos y puso una rodilla en cada uno; la agarro por el pelo y la beso en la boca, ella pataleaba, sus ojos a punto de salirse de su órbita no le quedaban fuerzas, su tío se había vuelto loco.

Cuando la vio rendida, la agarró por el pelo y la hizo levantar del suelo, un hilo de sangre corría por la comisura de su boca. La empujó sobre la cama y con una cuerda comenzó a amordazarla. Sus manos y sus piernas atados a los travesaños de la cama y su cuerpo desnudo, temblando más del miedo que del frío.

Bráis, se bajó los pantalones, y Catarina, se preparó para lo peor, estaba dispuesta a vivir como fuera y tenía que pensar, se había vuelto loco y sabía que si se resistía su vida no tenía ningún valor. La presencia de su tío completamente desnudo apenas le dejaba un resquicio de razón. El se movía a su alrededor, con todo su sexo erecto, a ella le pareció un animal, ya que aquello le parecía desproporcionado. Movió un poco la cabeza, como no queriendo ver, y notó como se le ponía encima. Sentía deseos de vomitar, de morderle de matarlo, pero no podía hacer nada.

El sujeto aquel enorme falo con una mano, y se lo colocó delante de su sexo, estaba duro, sintió como se podía sentir una empalada. Ella calculaba que todo aquello no podía entrar en ella, se mordió los labios, cerró sus ojos y sintió que la desgarraba por dentro. Su enorme palla, se abría paso por su cuerpo, mientras la humedad de su sangre corría por sus muslos. Dio un grito y se rindió a la fuerza de hombre.

El, ya dentro de ella, comenzó a moverse, cada movimiento ella sentía el desgarro en su interior, el le gritaba, ¡Muévete puta! Y ella apenas podía hacer nada ¡Muévete! Catarina intentó hacer algo de fuerza en su cadera, consiguió moverse un poco, el se estremeció y broto dentro de cuerpo un mar de semen que se mezclaba con sus jugos y su sangre.

Se quedó un tiempo rendido en su interior mientras ella dejaba escapar sus lágrimas. Notó como salía de ella, le ardía todo. El se aproximó a ella, y cogió su enorme polla con las dos manos, y se la acercó a la boca; Catarina, pensó en defenderse, pero estaba completamente inmovilizada por las cuerdas y el dolor en todo su cuerpo, así que decidió dejarse ir, comenzó a lamer su polla, sentía asco y odio, por su menta pasaban los recuerdos de niña, aquellos juegos de su tío que nunca le hicieron sospechar nada en su inocencia. Él le separó los labios y se la metió en la boca, apenas podía respirar, le llegaba a la garganta y se abría en arcadas. Bráis se ayudo con su mano y se corrió en su cara, su boca, sus labios y su lengua, empapados de semen. El se puso de rodillas en el suelo y con sus manos, callosas del trabajo, comenzó acariciando su pelvis, como si quisiera ensortijar su monte de Venus. Ella se estremecía con su contacto, sus pechos grandes, pálidos y helados, se hicieron un reclamo a la boca de Bráis, que comenzó a lamer sus pezones, hasta hacerlos crecer y ponerse duros. Le daba pequeños mordiscos y la soltaba. Ella ya apenas tenía sensibilidad. De nuevo la volvió a llevar a su coño y otra vez la penetró con toda la fuerza de ese enorme falo.

Después la dejo allí tendida, y se fue corriendo a su casa. Cuando llegaron sus padres, la encontraron casi muerta y de esa forma. Calros, no pudo contener las lágrimas y cayó de bruces delante de su hija a la que cubrió con una manta y desató.

Celsa, no dijo ni una palabra, cogió de un armario la escopeta de Calros y se metió entre la nieve a casa de su cuñado. La puerta estaba abierta y Brais lloraba sobre la mesa de la cocina. Celsa sin titubear, descerrajó dos disparos sobre su cara. Cuando Calros, saco el arma de las manos de su esposa, su hermano se desangraba hasta la muerte en un río de sangre.

Catarina, se recuperó, se fueron a vivir a Coruña donde nadie les conocía y con el tiempo nos conocimos y me contó esta historia, que si no fue del todo así, así es como yo la recuerdo, una violación y un incesto salvaje.

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