Follando con mi madre

Posted by Tiestes on Viernes dic 18, 2009 Under Tiestes

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Desde muy pequeño, siempre me gustó en vacaciones y los domingos por la mañana irme a la cama de mi madre, me encanta refugiarme un su calor y abrazarla.

Pero aquello que era mi felicidad de niño con el paso del tiempo ya me iba costando un poco más, ya el calor de mama tenía un olor a hembra demasiado fuerte para mí.

Mi madre aun es muy joven apenas llega a los cuarenta años, está separada desde que yo era un niño y de mi padre no sabemos nada, la verdad es que no parece importarnos mucho ya que ella y yo formamos un buen equipo.

El sábado pasado, mama por fin logró vender una finca muy grande que era de mis abuelos y que está muy cercana a la ciudad y la playa. Esto la hizo estar feliz todo el día y por la noche decidimos celebrarlo los dos con una cena especial. Pedimos una mesa en el mejor restaurante de la zona, nos pusimos los dos muy elegantes , yo un traje con una camisa de color abierta y mamá un vestido rojo un poco escotado pero que la verdad le quedaba maravillosamente bien.

Cuando llegamos al restaurant el metre nos trató como si fuéramos una pareja de enamorados, yo me sentía orgulloso de acompañar aquella tremenda “hembra” y ella me miraba burlona como si fuera una novia enamorada. Le seguí el juego pero como siempre sin pasarnos lo que lo hacía todo más creíble. En algunos segundos nuestros dedos se encontraban sobre el mantel en una dulcísima caricia. Nuestros ojos cruzaban miradas lascivas y mis ojos se paraban en su escote con la suficiente indiscreción como para arrastrar allí las miradas de quien nos observara.

Salimos del restaurant y nos fuimos a un piano bar muy sofisticado, algo cargado de lujo pero muy cómodo, nos sentamos en unos sillones de piel ante una mesa que parecía una de centro de una sala de estar. El local tenía una pequeña pista de baile y el pianista invitaba a los clientes a bailar sus melodías. Yo invité a mama, ofreciéndole mi mano y ella me dijo poniendo un poco cara de asustada, que hacía mucho tiempo que no bailaba y ya seguro que no sabía.

Salimos a la pista y sonaba un bolero y la tome en mis brazos, la acerque a mi cuerpo y sentí el embriagador olor de su perfume. Su cuerpo ceñido al mío, mi pierna entre las suyas que parecía notarla en todo su esplendor de mujer y su pecho, grande y duro que se movía al compas de nuestro baile.
Sentí deseos de abrazarla más, una sensación de mezcla de cariños y un incipiente deseo, se iba apoderando de mí, pensé en sentarme y terminar con esa sensación que en mi consciente resultaba incomoda pero ya sonaba otra canción y ella me abrazaba feliz, apretándome un poco más. Ya no podía controlar mis deseos, me rocé contra ella y pude sentirla, pude notar su calor de mujer rozándome; me puse colorado me separé un poco otra vez y no me atrevía a mirarla; ella pasó su mano entre mi cuello y mi pelo y creí morirme de pasión; mi polla estaba a punto de reventar, ya no podía separarme de ella y ella lo tenía que estar notando: Por fín logré tranquilizarme y nos sentamos.

Ya era tarde cuando regresamos a nuestra casa y en el salón ella dio unos pasos de baile y se dejó caer en el sofá como desmallada, su vestido se había subido un poco hasta el extremo de ver su braguita. Me entraron deseos de echarme sobre ella y poseerla allí.

Se levantó y entró en la ducha y yo oía el agua caer y la imaginaba por su cuerpo desnudo, salió envuelta en una toalla, olía a jabón y a fresco. Se acercó a mi y me dio un pico en los labios y se fue a su habitación.

Yo hice lo mismo, me encerré en mi cuarto y apagué la luz para quedarme a solas con los frescos recuerdos de esa noche. En el silencio pude escuchar su inquietud y su respiración agitada, mis manos, acariciaron mi polla y en mi imaginación comencé a follarla, a sentir de nuevo ese olor de mujer que aun estaba en mi inmediato recuerdo. Me corrí como hacía muchísimo tiempo que ninguna de mis fantasías había logrado y apenas pude dormir en toda la noche.

Cuando llegó la mañana, aun era muy temprano cuando corrí a su habitación, ella apartó la ropa para dejarme un sitio a su lado y de nuevo los huesos me hicieron chiribitas y el deseo se volvió a apoderar de mí. Le pasé un brazo por encima y ella me beso en los labios dulcemente, creí volverme loco, pero tenía miedo a estropearlo todo.

Comencé acariciando su pelo, y separándolo de su cuello; mis labios no pudieron contenerse y le besé esa blanco escote; ella me abrazó un poco y yo hice algo de fuerza para contenerme, me lo iba a notar, pero ella insistió un poco más, ya no podía seguir ocultando mi enorme erección que ella noto de inmediato, pero no hizo ningún gesto de rechazo; su mano fue a mi cadera, y con un pequeño toque trató de acercarme más. No podía creérmelo, ya no había ninguna duda, mama sabía que yo estaba empalmado y que la estaba deseando.

Noté su vientre contra el mío, y mi polla contactó con su cuerpo completamente desnudo, note como me rozaban los pelitos de su coño, no me atrevía a dar el siguiente paso y fue ella quien con su mano me acerco lo suficiente como invitándome a poseerla. Separé un poco la ropa y allí estaba mi madre desnuda como una Venus, con sus preciosas tetas apuntándome y su coñito perfectamente dibujado. Metí mi cara entre aquellas dos preciosas tetas y comencé a lamer y dar dulces bocados por todas partes. Ella, comenzó a retorcerse y con sus manos ayudaba a que mi boca fuera adueñándose de todo aquello que me enloquecía; otra vez su mano me indicó que me pusiera encima y mi polla como si encontrara su lugar natural se encajó en su chocho que parecía engullirla, no podía contener mis jadeos y ella comenzó a moverse debajo de mí como haciendo giros, yo de vez en cuando empujaba un poco para lograr entrar mas profundamente y ella gemía con cada embestida. Le di la vuelta y se sentó encima, son sus piernas dobladas por la rodilla y llevé mis manos a sus tetas que las llenaban y de nuevo como una gran amazona me cabalgo. No podía controlarse y yo tampoco, un golpe, otro mas y los dos bañados en sudor llegamos a un orgasmo tan enorme que ni nos permitió movernos por un tiempo que me pareció vivir en el paraíso.

Entre nosotros no había palabras, no había miedos o dudas, estaríamos siempre unidos, nadie iba a romper jamás el vinculo que mama y yo creamos durante una vida y que reafirmamos cada día desde el sábado.

Tal vez el incesto este condenado socialmente, pero mama y yo formamos nuestra propia sociedad para gozar

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