FIN DE LA INOCENCIA
Escrito por Tiestes el Miércoles 2 dic, 2009Leer la saga: Fin de la inocencia | Recuperé a mi hermana
Tal vez las situaciones en la que comienza nuestra vida sexual, tenga mucho que ver con lo que vamos a buscar siempre. Lo que hoy voy a narrar aquí, puede estar sucediendo en cualquier parte del mundo en este momento , es posible que sea mucho más frecuente de lo que la sociedad reconoce, pero en todo caso es mi historia.
Eran años muy difíciles para todos, no podría hablar de hambre o de enfermedad ya que esto se iba salvando con más o menos ingenio. Los veranos en la playa calentaban nuestros huesos aun menudos y carentes de la vitalidad necesaria pera un niño.
Ocurrió en un invierno, yo apenas había cumplido trece años y era el menor de los cinco hermanos. Cinco que en las mañanas de frío, nos dábamos calor en aquella cama que repartíamos.
Era una tarde de domingo, nuestros padres habían salido y nosotros medio vestidos, mayores y más jóvenes nos íbamos acercando unos a otros para que el frio se alejara. Poco a poco fueron levantándose los del medio y la cama quedo para Ana mi hermana mayor que ya tenía diecinueve años y para mi, que era el centro de sus mimos.
Fue entonces cuando note que me acercaba uno de sus pies, yo, pensaba que buscaba el calor de mi cuerpo y ahueque el espacio para calentárselo . Fue entonces cuando comenzó a mover el pie, haciéndome caricias con el y me sentía incomodo ya que aquello me estaba excitando y me avergonzaba pensar que mi hermana se iba a dar cuenta. Me retiré un poco hacia atrás y en pocos segundos , ella volvió a buscarme con su pie, que al encontrar la zona que buscaba, volvió a moverse con una deliciosa habilidad. Ya no me resistí a ese placer y comencé a moverme buscando más fricción, mientras mi pene se iba endureciendo como un palo.
Aquello duro unos minutos , minutos que creía que me iban a volver loco de deseo y temor, de ese temor que da el desconocimiento de tu cuerpo. Es verdad que yo ya encontraba placer en mis caricias, pero aquello era mucho más, no sabía que hacer , no sabía si acercarme con el riesgo de que aquello se terminara o si seguir haciéndome el dormido sin hacer nada, nada que no fuera disfrutar de sus caricias.
Fue ella quien se acerco a mí pasando su pierna por encima de la mía. Casi no podía respirar, los dos en silencio como si aquello no estuviera sucediendo, ninguno abría los ojos o hablaba. Ella me fue empujando hasta quedar sus piernas debajo de las mías y sentí el calor de su sexo en su braguita. El mío ya encendido tan erecto como podía aguantar sin reventar debajo de mi calzoncillo y comencé a rozarme contra ella. La situación era tan increíblemente fuerte que mi cabeza podía explotar, quería avanzar un poco más pero me daba miedo, ya me dolía la polla con el roce pero la mantenía detrás de aquel parapeto de tela. De pronto, noté su mano, buscando mi sexo y creí que me iba a correr sin aguantar, pero el deseo aun era mayor que el placer , separó un poco su braguita y fue buscando el lugar adecuado en su humedad , no pude aguantar más y me encaramé en aquella diosa de placer. Mi polla encontró el camino de su calor y comencé a moverme suavemente, quería meterla más, sin impedimentos pero no sabía que hacer cuando ella colocó la almohada debajo de sus riñones y toda mi polla quedo envuelta en el terciopelo de su coño. Unos movimientos y por fin me habló, ten cuidado no termines dentro y esas palabras desbordaron todo mi ardor sobre sus braguitas.
Fue así como comenzó lo que sería un tiempo de recuerdos imborrables.


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