Era mi padre (por Ananda)

Escrito por admin el Jueves 21 ene, 2010

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Hola Tiestes:

Te envió este relato por si tienes a bien publicarlo, no estoy muy segura que sea únicamente un relato de incesto y desde luego lo que si se es que no va unido a Edipo o Electra, mi relato es de rabia y de dolor, mi relato nada tiene que ver con la ternura.

Apenas tenía catorce años cuando esto sucedió y dejaría marcada mi vida para siempre. Voy a tratar de contarlo sin ese poso de amargura y con la mayor objetividad de que sea capaz.

Desde siempre, mi padre era mi cuidador, él tuvo mucha ilusión con su niña cuando nací. De bebé, me cambiaba los pañales, me daba el biberón y jugaba siempre conmigo, como el mejor de todos los padres.

Fueron pasando los años, cinco, seis, siete, y mi padre seguía pendiente de mí, cuando podía era el quien me iba a buscar al colegio y dábamos grandes paseos en su coche o caminado los dos. Durante esos paseos me contaba las historias más hermosas que escuché en mi vida, elfos, enanos, troles, hadas, hadas, princesas y un mundo de fantasía interminable. Cuando quería cambiar de registro, me recitaba bellísimos poemas o me enseñaba canciones infantiles de todos los tiempos.

Fui cumpliendo años, ocho, nueve, diez, once y mi papa seguía duchándome, nunca sentí vergüenza ya que siempre lo había hecho. Mi cuerpo de niña iba cambiando, demasiado rápido para mi edad, ya a los doce años, tenía cuerpo de mujer, mis pechos muy desarrollados, formas en las caderas, un culito alto de tal modo que si en mis juegos me ponía ropa de mi madre podía parecer una chica. Mi papa seguía viniéndome a buscar y a mí me encantaba cuando iba a su lado y los chicos me miraban.

Seguían nuestros cuentos, ahora eran más de adultos, pero igual de fantástico. Mi papa me hablaba de las guerras, de las miserias humanas o de sexo con naturalidad. Tal era así que con trece años la teoría del sexo no tenía secretos para mí. Conocía las formas del placer en el sexo en todas sus manifestaciones, una felación o un cunnilingus no eran secretos para mí, descubrí con estupor que a los hombres les gustaba el sexo anal y el oral además del vaginal. Sabía de la concupiscencia, de la masturbación, del engaño.

Aquellas cosas que mi padre me contaba, en mi soledad hacían estremecer mi cuerpo en un mundo de búsqueda del placer. Mis manos fueron descubriendo el onanismo en su acepción más moderna y desde luego más placentera. Descubría que si me acariciaba las tetas me mojaba, descubrí que acariciándome mi chochito se me ponían tiesas las tetas y los pezones erectos. Cada día necesitaba más masturbarme y me había convertido en una maestra de mi propio cuerpo.

Todas mis fantasías eran con hombres mayores, nunca pensaba en mis amiguitos y en sus penes de chicos que no me producían ninguna ilusión, pensaba en penes adultos de hombres fuertes que me llenaban aquellas ansias infinitas de ser poseída.

Algunas veces cuando llegamos de la playa, corremos a la ducha a ver quien se apodera antes de ella y papa y yo entramos desnudos, muchas veces jugamos con el agua o el gel y me pide que le pase la esponja por la espalda. Mama también jugaba con nosotros pero ella parecía más cortada aunque nunca reprochaba nuestros juegos.

Ya iba a cumplir los catorce años cuando mama se fue a casa de mi abuela (su madre) a cuidarla de una enfermedad desgraciada, que terminaría con su vida en poco tiempo. Yo me quedaba a cargo del cuidado de la casa y de mi papa. En el fondo estaba feliz de quedarme de princesita.

Era sábado por la noche, habíamos ido a tomar unas hamburguesas con coca cola y nos sentamos a ver la tele, so estaba recostada sobre mi papa y el jugaba con mi pelo. La película era Pretty woman y me estaba encantando, mi padre ahora acariciaba mi cuello, era una delicia y la película me estaba poniendo en el cielo, algunas veces cerraba mis ojos y me sentía la protagonista que por cierto Julia Roberts, se parece un poco a mí y las manos que me acariciaban eran las de Richard Gere, la verdad es que estaba deseando que terminara y encerrarme en mi habitación a disfrutar aquellas sensaciones.

No se como pasó, las manos de mi padre pasaron de mi cuello a mi escote, sus dedos fuertes acariciaban el nacimiento de mis senos, yo estaba distraída con la película y solo sentía una deliciosa sensación inconsciente. Bajó su mano y ahora me tenía cogida una teta, aquello ya no era normal y quise separarme, mas cuando note en mi cabeza que estaba apoyada entre sus piernas su erección. Me asusté, intenté levantarme pero aquella manó poderosa me frenaba, ahora agarraba mi busto y me apretaba los pezones, me estaba haciendo un poco de daño, no me atrevía a levantar la vista o a decir nada. Me separé un poco y eso fue el detonante, mi padre se echó encima de mi, no podía gritar asustada, comenzamos a pelear , el intentando sacarme la ropa y yo tratando de alejarme, estaba aterrorizada, le gritaba entre llantos, sus ojos estaban encendidos de fuego, me sujetó las dos manos con una suya, intente defenderme y soltarme, me arranco con una furia nunca vista en el la camisa, después me subió la falda, mis braguitas al aire, mis lagrimas corrían por mis mejillas, estaba aterrada, ya no podía ofrecer mas resistencia, no tanto por el dolor de mi cuerpo como por la muerte de mi “dios” Con una de sus manos rompió mis braguitas, metió su rodilla entre mis piernas obligándome a abrirlas. Jamás me había tocado ningún hombre , de pronto, vi como se bajaba el pantalón y sacaba aquella polla enorme, mucho más grande que la de mis más terribles fantasías. La tenía sujeta en su mano y se agachaba sobre mí, de nuevo presiono sobre mis rodillas y con un codo separó mis piernas, no podía resistirme a su fuerza; durante un instante quedé vencida sin poder oponer mas resistencia, ya no tenía fuerzas, pensé en gritar pero no valdría de nada donde vivimos, por fin medio desmayada cedí y coloco su polla sobre mi coñito temeroso , note como empujaba y como me rompía por dentro, no tuvo ningún cuidado, mi padre el maravilloso protagonista de mis sueños más puros, me enterró su enorme pene dentro de mí, el dolor era insoportable, noté como la sangra mojaba el sofá y mis muslos, se movía y me abrasaba por dentro, cada golpe de sus riñones me restaba un poco de vida. Se movía más y más mientras yo me preguntaba como había pasado aquello y noté como se separaba de u tirón y dejaba mi vientre empapado en su incestuoso semen. Se quedó rendido y comenzó a llorar, yo estaba envuelta en un mundo que corría a gran velocidad por mi mente, mi padre me había violado y no podía odiarlo, sentía deseos de consolarlo, de levantarme ducharme e irme a dormir y olvidar que aquello había pasado. Así lo hice, me encerré en la ducha y me lave durante mucho tiempo, me echaba gel una y otra vez hasta que la piel se estaba poniendo colorada. Por fin me fui a la cama, cerré la puerta de mi habitación y apoyé una silla, no quería que volviera, estaba llena de miedo.

Al día siguiente, me propuse enfrentarme a él como fuera y marcharme a donde fuera , había que encontrar una disculpa para que me pudiera ir y mi madre nunca supiera lo que pasó.

Le estaba esperando en la cocina, tenía los ojos rojos de llorar y me temblaba el cuerpo, el apareció cabizbajo y alicaído, me dio una pena enorme, sentí ganas de abrazarle y de decirle que olvidáramos todo pero de mi boca no salió más que ¿café? Me dijo que sí, le serví el café caliente, el levanto sus ojos a mí y le regalé una comprensiva sonrisa.

Arreglamos las cosas con calma, mi abuela se murió y yo me fui a estudiar a la capital al colegio de Mi tío Jacinto, no s que le contó mi padre pero me acogieron en su casa como su hija. Han pasado los años, perdí a mi padre amigo, ahora es un pobre señor al que no guardo ningún rencor, sólo me da lástima.

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