El hermano de mama

Escrito por Tiestes el Viernes 8 ene, 2010

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Era un día de esos que no pasa nunca nada, un día gris, oscuro y triste: Yo estaba en casa, tumbada en el sofá leyendo una novela. Mi madre había ido a la aldea y no volvería hasta el lunes. Como era viernes, tenía toda la casa para mi sola.

Cuando me quedo en casa sola leo, veo la tele o hablo con algún amigo de internet. Pero ese día, no me apetecía ninguna película, estaba tomando un café, fumando un cigarro y con mi libro cuando sonó el timbre del portal. Estuve a punto de no contestar, la verdad es que no quería que nadie me diera la lata. Me decidí y ea mi tío, el hermano menor de mi madre. Es una persona muy simpática, muy agradable y siempre muy cariñoso conmigo. El oír su voz me alegró, como el telefonillo no va muy bien, le abrí el portal para que subiera. Oí el ascensor que subía, estaba realmente contenta de verlo. Él apareció, estaba muy guapo y elegante como siempre.

Casi me lancé a sus brazos muy efusiva, pero era auténtica, mi tío era el favorito de mi familia, siempre me defendía cuando mi madre no me entendía, él siempre estaba de mi lado.

Le invité a pasar, le pregunté si le apetecía un café, me dijo que si lo tenía hecho que sí,

._ Ahora mismo lo acabo de hacer, de hecho me estaba tomando uno

._¿Y tu madre?

._ Se fue a la aldea a casa de mis vuelos (los padres de mi padre)

._vaya, debí haber llamado antes.

:_ ¿Es algo urgente?

,_ No que va, simplemente venía a visitaros.

._ Bueno pues visitas a tu sobrina favorita, ¿no?

Los dos nos reímos. Le serví un café en el salón y cerré mi libro y comenzamos a hablar, me preguntó por mis estudios y yo le fui contando, el que tiene una vasta cultura, me preguntaba los temas que tratábamos y me hacia alguna anotación de lo que consideraba importante.

Después me preguntó que tal de amores y le dije que nada, que los chicos de mi edad me parecían muy torpes y sosos y que prefería estar sola que perdiendo el tiempo con alguien que me atrofiara la poca inteligencia que me quedaba. De nuevo risas y me dijo que era terrible que pobre del hombre que me tocara en suerte.

._ Bueno tan mal no estoy ¿no? – de nuevo nos echamos a reir, el me dijo que no, que nada mal, que cada día era mas hermosa.

._ ¿Y tu tío, cuando te vas a casar?

._ Cuando tu seas un poco más mayor, me dijo con gracia, me sentí muy alagada y le dije ._ Claro, es lo que te decía, ¿Cómo me vana gustar los chicos de mi edad? De nuevo risas y ._ Si conociera una chica como tú, me casaría mañana, pero no las hay, la mayoría de las mujeres (perdóname) son tontas y a las dos horas te aburres con ellas.

Yo muy picante le solté._ ¿Dos horas nada mas? Y de nuevo esas risas de complicidad que los demás de la familia nunca entendían. Mi tío y yo apenas necesitábamos las palabras pare entendernos y los otros pensaban que éramos algo idiotas._ ¿ Y Pilar?

._ Ya no salimos hace tiempo, lo dejamos, ella quería casarse y yo no pienso en eso ._ ¿Por alguna razón? . _ por ti ya te dije, estoy esperándote.

Me pareció tan dulce que me acerque para abrazarlo y darle un beso. Le rodee el cuello con mis brazos y el hizo lo mismo, cuando le fui a besar el también lo hizo ¡Caray si lo hizo! Nuestros labios chocaron y no se apartó, todo lo contrario, me agarró mejor y me besó como besa un hombre que desea.

Me puse muy nerviosa, no sabía que hacer o que decir, el se levantó y dijo,._ mejor me voy, ya vendré otro día

No podía creerme mi respuesta, pero estaba escuchándola, estaba saliendo de mis labios.

._ Te podías quedar y cenar conmigo, preparo algo rápido y cenamos juntos.

._ Bueno, si me dejas ayudarte. _Ya estaba arrepentida de mis palabras, pero ya no había vuelta atrás, después del beso mi invitación sonaba a quédate que quiero más. La verdad es que no pensaba en eso, algo dentro de mí me gritaba que no lo dejara marchar pero era mi tío.

Preparamos algo de la nevera, con un poco de vino y lo pusimos en el salón con un mantelito en la mesa del centro. Estar con el hombre de mis sueños, los dos solos en casa, con la seguridad de que nadie nos iba a molestar me hacía sentirme mujer, mujer ya que quien estaba conmigo no era mi pariente, era mi hombre, el hombre de mi fantasía.

La velada iba transcurriendo entre miradas furtivas, deseo contenido y risas de felicidad. Pero volvimos a los temas del alma, al amor, a los sentimientos, a mi forma de ser mujer a como compatibilizaba esa parte de mí, con mis pocos años y los menos que tenía la mayoría de gente de mi edad.

Sus palabras arañaban en esa parte oculta que nunca queremos mostrar, la perdida de mi padre, la soledad con mi madre y el amor perdido antes de aparecer: Ningún chico me había hecho sentir, no negaba ese acceso a mí por principios, simplemente era una constante decepción de semejantes.

Me emocionó cuando me contó que el también había desechado la esperanza de amar, que se había esfumado con relaciones que no llenaban, amores que no duraban más que unos cuantos suspiros y me emocioné, mientras el me iba mostrando su alma desnuda mis ojos se llenaban de lágrimas. Se acerco a mí y me tomó en sus brazos, me volvió a besar y yo necesitaba entregarle toda aquella pasión. Devolví cada uno de sus besos con el interés de mi deseo que se iba acrecentando en esa sensación de aislamiento del mundo. El nuevo mundo lo formábamos para siempre, para todo el tiempo que durara la eternidad el y yo. Lágrimas y besos se confundían en un sabor salado en mis labios y en enormes latidos de mi corazón. Estaba abrazada a él, le apretaba fuerte contra mí, mis labios le buscaban en el único lenguaje de los besos y el deseo.

Ya los besos traspasaban nuestros labios, su lengua era un falo que penetraba mi boca en una copula de fuego; sus manos acariciaban mi cuerpo con tanta suavidad como deseo, con tanta fuerza como amor y otra vez mi parte de mujer se había hecho suya. Besé su cuello y su pecho y cada beso me llevaba mas al abismo del deseo irrefrenable. Me saco la chaqueta del pijama y sus labios se adueñaron de mi pecho, mi pecho ya formado de mujer incipiente, de regalo al placer.

No podía contenerme, en sus brazos, sentía esa virilidad que mojaba mi sexo, quería pertenecerle, ser su amante, su gata en celo, su puta de placer. Nos revolcamos en el sofá en el suelo y en la cama y tal vez en el paraíso ya que perdí la consciencia de lo real. Nuestros cuerpos desnudos, formaron un todo de concupiscencia salvaje. Su lengua iba llenando mi boca, saciaba mis pechos, alteraba mis pezones, bajaba por mi cuerpo hasta lo más profundo de mi virginidad y me bañaba en su ardor.

Separó mis piernas y note esa flecha de fuego clavándose en mis entrañas y me sentí suya, me sentí nacida para él que encajaba perfectamente en mi cuerpo. Nuestro deseo se aferraba a una danza mágica y se broto dentro de mí, abriéndome las esclusas de ímpetu, le abracé y le entregue mi alma para siempre.
Pasamos todo el fin de semana juntos y el fue llenando todo mi cuerpo atiborrándolo de la realización de mis eternas fantasías.

Cuando se fue, apenas podía caminar, me miré en el espejo y mis ojos habían cambiado, ahora estaban llenos de una luz especial que él me había dejado.

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