Confesión

Escrito por Yocasta el Viernes 4 dic, 2009

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Carlos nos manda este relato que, nos pide, reproduzcamos tal cual, de manera que, como es su deseo, así lo hacemos:

Hola, amigos de Puro Incesto,  he decidido enviaros este relato de una situación que presencié, fui testigo e incluso participante, no me siento orgulloso ni de lo que vi, ni de lo que hice, pero,  las sensaciones contradictorias que me produjo y me produce, aun con el paso de los años, sirven para que, en este momento pueda descargar, de manera  anónima, la culpa y la lujuria de ese suceso.

Hace algunos años  cuatro socios teníamos una empresa que comenzó siendo un negocio de amiguetes y que resultó convertirse en un próspero negocio que nos permitió a todos ganar mucho dinero, chalets de semilujo en Madrid, coches caros, ropas, joyas… Fernando, Mario, Roberto y yo, nos convertimos en inseparables dentro y fuera del negocio.

A menudo, íbamos todos, con nuestras familias, a pasar el día al chalet de Fernando, creo que todos le envidiábamos un poco, aun socios, él era digamos “el jefe” y quien más pelas amasaba en su cada vez mas importante aventura empresarial.  Se había casado con una miss, una mujer realmente espectacular y tenía  una hija de 19 años que estaba simplemente tremenda y era una de esas mujeres, porque con 19 años era toda una mujer,  en las que todo ella era sensualidad y lujuria, no digo esto como justificación, simplemente era así.

Aquel sábado era uno de nuestros “sábados de hombres”  sábados veraniegos y calurosos en los que nos metíamos en casa de Fernando, nos poníamos ciegos de todo y muchas veces terminábamos follándonos a unas cuantas putas. Alcohol, drogas, timbas de póker,  prostitutas, todo tenía cabida para combatir el tedio y las ansias de algo más. La familia de Fernando, no hay que decirlo, tenía prohibida la entrada a la casa ese día y “sus chicas” como él decía, aprovechaban para divertirse por ahí.

Los cuatro estábamos  alrededor de la piscina, cuando la vimos llegar, la hija, Miriam en todo su esplendor con un bikini blanco y una toalla colgada del hombro, Fernando fue hacia ella, a intentar espantarla, realmente íbamos hasta arriba de todo, la coca había pasado de mano en mano y desde  muy temprano habíamos estado bebiendo. Los oímos hablar, al parecer había discutido con la amiga con la que iba a pasar el fin de semana y se había vuelto a casa, Fernando intentó que se fuera y la cría, erre que erre, a veces pienso que se quedó por ese ramalazo de calientapollas que tenia, pensaba entretenerse poniendo cachondos a los amigos de su padre sabiendo que era intocable y es que es, o era en ese momento, ese tipo de chica a la que miras y solo puedes imaginarla chupando una polla. Si hubiera siquiera sospechado lo que pasaría después creo que habría salido a correr en ese momento, cuando aún podía.

Miriam se tiró a la piscina y todos nos miramos pensando que había venido a jodernos la tarde de juerga, nadó de un lado a otro y todos nos hicimos los indiferentes, hasta que salió del agua. No sé si fue por el colocón que llevaba, no sé si fue, en mi caso porque realmente hacía mucho tiempo que lo único que me follaba era a las strippers borrachas de los sábados de la noche de hombres, pero verla salir del agua fue ver a la mujer más deseable del mundo, el bikini blanco, mojado, se le transparentaba totalmente, era como verla desnuda, con unos pezones oscuros marcándose a través de la tela y su chocho perfectamente rasurado, dejando solo un rectángulo oscuro de vello transparentándose claramente a través de la tela.

Lo que sucedió durante la siguiente media hora es algo que está un poco nebuloso en mi mente, pero que recuerdo claramente, como un sueño que al despertar lo reconoces como vivido y que, años después, sigues recordando.

Miriam se fue a una de las hamacas diseminadas por el borde de la piscina y se tumbó bocabajo, la cabeza girada a un lado y con los ojos cerrados, el padre se acercó a ella muy resuelto, de los cuatro, Fernando era siempre el que más desfasaba, siempre era el que más bebía, el que más esnifaba, el que más dinero perdía (nada comparado con lo que ganaba) y el que siempre acababa tirándose a la tía mas buena del grupo.

Hoy pienso que se le fue de las manos, que realmente solo quería jugar y dar el espectáculo, tal vez demostrarnos que aquella lasciva muchachita era solo suya y él podía tocarla pero nadie más, pero jugando a “ser papá”, que con lo ciego que iba simplemente no sabía lo que hacía y por eso sucedió lo que sucedió.

Se puso crema en las manos y empezó a echársela por la espalda, Miriam abrió los ojos y al ver que era su padre volvió a cerrarlos, le pasaba las manos por la espalda, por los brazos, y después bajó a las piernas, en realidad todo parecía muy normal, aunque ninguno de los tres quitábamos los ojos de la escena, sin embargo, poco a poco le metía los dedos debajo de la braga del bikini y  estaba claramente empalmado. La hija no se movía, todo parecía normal, incluso le pidió que le desabrochara el sujetador del bikini para que no le quedara marca, Fernando lo hizo y aprovechaba para tocarle las tetas por los lados de manera que, para nosotros parecía evidente, pero que a ella debía parecerle un simple toque paterno, su padre le echaba crema en la espalda y nada más.

El resto mirábamos la escena, Mario parecía perplejo, pero Roberto se estaba manoseando la polla metiendo la mano por debajo del bañador, yo le imité, la escena me estaba calentando y total, la chica no nos vería, para mí al final ese era el juego simplemente, el padre jugando de manera “inocente” con el cuerpo de su hija,  hasta que se colocó sobre ella, con una pierna a cada lado de la hamaca, como para colocarse mejor para hacerle un masaje en la espalda, sin embargo, a esas alturas iba tan empalmado  que la tocó con la entrepierna y ella lo notó, abrió los ojos e intentó marcharse, creo que debió ver la lujuria  en la cara del padre, pero él no la dejó:

-“Tonta ¿pero para qué te vas a ir, con el calor que hace dentro?”

- “Sí, me marcho ya, tengo que llamar a Inés” – La pobre chica intentaba mantener la compostura y no ponerse a chillar.

El padre la sujetaba, no dejándola moverse, mientras seguía masajeándole la espalda sin parar, era obvio para todos que ella quería irse y el padre la mantenía sujeta, ella se asustó:

-“Me voy ya, tengo cosas que hacer, suelta, venga, que me tengo que ir a duchar” – se notaba incluso algo de histeria.

El padre puso una mano en la espalda  de su hija, sujetándola para no dejarla escapar y, con la otra mano, le bajó la braga del bikini, ¡dios mío, que culo! Era realmente perfecto, un culito joven y delicioso. Roberto se pajeaba ya sin recato alguno, algo en mi mente decía que aquello no estaba bien pero lo aparté de mi mente, mi polla era ya un mástil de carne erecta, creo que hubiera podido correrme solo con la visión de ese culo.

Miriam chillaba e intentaba liberarse pero era incapaz, el padre se sacó la polla y se dedicó a sujetarla más fuerte para que no se moviera y a restregársela por encima de esas dos nalgas perfectas, se pajeaba con las nalgas de su hija mientras le decía palabras cariñosas:

-“Shhh tontita, mi pequeña, mi niña bonita, te va  encantar, ya verás, además, si gritas me vas a obligar a taparte la boca ¿quieres eso? ¿Quieres? ¿Quieres que te ate? Puedo hacerlo.

Miriam se tranquilizó un poco y se relajó, quizá pensó que mejor dejarse llevar a ver si todo terminaba en eso, quizá aun tenía la esperanza de salir de esa situación con un magreo y poco más:

-“Venga, cielo, ponte de rodillas, anda, deja que veamos ese culito tuyo, tan delicioso”

Ella obedeció, que visión, esas tetas perfectas mirando hacia abajo, la cría de rodillas apoyada sobre las manos, completamente desnuda ya, también yo me pajeaba abiertamente esperando acontecimientos, ver esa cara llorosa y sometida, ese cuerpo increíble, era lo más morboso que había visto en mi vida, y la idea de que era su padre quien se lo hacía aun me ponía más y más cachondo.

Fernando restregaba su polla entre las piernas de ella, la sujetaba por las caderas sin parar de frotarse, Miriam parecía incluso colaborar y el padre se relajó, pero era un ardid, intentó zafarse y lo consiguió. Fernando saltó tras ella y la tiró al suelo, echándosele encima:

-“¿Ves, ya me has enfadado? –Cada vez se frotaba con mas ansia- Ella mantenía las piernas cerradas, intentando protegerse

-“Solo quería jugar, mi cielo, pero no, tú quieres más ¿a que si?, ¿te hace esto ese novio que tienes? ¿Qué le dejas hacerte a él? ¿Me dejas hacértelo a mi?”

Ella no respondía, aun intentaba escapar, pero Fernando consiguió meter una pierna entre las de ella y separárselas.

Creo que ese intento y conseguir escapar, aun brevemente, fue el detonante final, ella no conocía suficientemente a su padre, pero a Fernando no se le podía negar nada, quizá hasta ese mismo momento no pensaba follársela, pero ese momento en el que su hija consigue escapar, le desafia, incluso parece vencerle, lo cambió todo.

La tenia sujeta, ella apenas podía moverse, las dos piernas entre las de ella, tendida bocabajo en el césped, y se la metió, sin más y empezó a follarse con furia a su propia hija, ella lloraba, gritaba, y como pudo le puso la mano en la boca.

-“¿Te gusta? ¡A que te gusta! – Fernando jadeaba –

Algo en mi mente volvió a saltar y lo acallé de un manotazo, solo tenía tiempo en ese instante de pensar en mi polla.

Miriam dejó de debatirse, supongo que ya abandonada a su suerte y deseando que todo terminara, decidió que era mejor someterse que seguir prolongando aquello. El padre sacó la verga del coño de ella y tiró de su cuerpo por la cintura para levantarla, la hija obedeció pensando que ya se iba a acabar todo y él empezó de nuevo a restregarse.

-“Hoy papá te va a enseñar una cosita ¿vale?, pero te tienes que quedar muy quieta, así, relajadita” –ella estaba de todo menos relajada, pero creo que en la mente de Fernando lo que pasaba era algo muy distinto a la realidad del momento-

Siguió restregando su miembro arriba y abajo rozando el coño de Miriam y deslizándolo por entre esos dos montículos perfectos que eran las nalgas de su hija, ella tenía las piernas manchadas de césped, seguía ahí, esperando, previendo que su padre iba a correrse fuera y terminar de una vez con aquello, pero él sonrió, y sonrió con su media sonrisa característica de cuando tenía una buena mano en el póker, o de cuando conseguía ganar de nuevo en algunos de sus negocios, esa media sonrisa de triunfo, de logro, empañada por unos ojos ebrios y un pensamiento que, claramente, desvariaba, ahíto de cocaína.

Y la enculó, sin más, metió una polla enorme y erecta dentro del culo virgen de su hija de un solo empujón, Miriam gritó:

-“Papá, ahí nooooooooo”

Pero ya no podía hacer nada y su propio padre la estaba follando el culo, las lágrimas le caían sin parar.

Me corrí, me corrí en el orgasmo más intenso que había tenido en toda mi vida lanzando un chorro de semen que quedó como una mancha blanca en el impoluto y verde césped de mi amigo que su jardinero, Tomás, mantenía con tanto mimo, con la descarga de lefa creo que me  volvió un ápice de cordura y se esfumaron los últimos vapores narcóticos que aun me quedaban, vi  a Roberto correrse, sentado en el suelo, vi a Mario vomitar y salir corriendo hasta su coche (sin embargo se había quedado hasta el final) y vi a Fernando correrse dentro del culo de su hija quien, en cuanto pudo liberarse, salió corriendo hasta la casa.

A partir de aquí no es mucho más lo que se puede contar, a grandes rasgos, la familia se marchó de Madrid, nuestra sociedad se disolvió, Mario fue el primero en vender su parte. Nunca hablamos de lo sucedido ni sé que ha sido de Roberto. De Fernando aun alguna vez supe algo a través de los periódicos, pero nada escandaloso o nada que destapara el secreto que aquel día compartimos los cinco, también Miriam calló.

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