Todo ocurrió de una forma casual y es muy posible que jamás se repita. Fue en una fiesta familiar en el jardín de mi abuela, mis hermanas, mis primos, mis padres y mis tíos, todos estábamos participando de la fiesta pero el encargado de la barbacoa era mi tío el más joven Felipe, en realidad fue siempre mi tío favorito hasta que se casó con Helga una alemana que es imbécil y a quien no soporto con su desagradable acento.
Mientras se preparaba todo, íbamos haciendo grupos de conversación y como me encanta el fuego y además la conversación de Felipe es la más inteligente de la familia, me acerque con dos cervezas una para él para que se refrescara ya que se le veía sudando y la otra para mí para hacerle compañía. Me acerque para ofrecerle ayuda y me dio las gracias por la cerveza diciéndome que esa era la mejor ayuda.
El fuego se hace en un extremo del jardín y las mesas se colocan siempre detrás de la casa por lo que los que hacen la barbacoa están más aislados y también preparan patatas fritas y ensalada. Yo estaba allí para ayudarle a llevar la comida preparada o traerle lo que necesitara.
Mi tío me pidió que le acercara los chorizos criollos, siempre nos gastamos bromas picantes pero cuando me vio sujetando los chorizos en mi mano me dijo que la imagen era muy erótica, yo lo mire como un poco avergonzada pero con cierta pillería y mi tía se limitó a suspirar profundamente.
Me reprochó que ya nunca iba a buscarle a su oficina para tomar el vermut y me disculpé con los entrenamientos que cada vez son más duros ya que pronto llegan las olimpiadas y nuestro equipo de rítmica está clasificado y queremos hacer un buen papel. Le prometí que el primer día libre le llamaría o simplemente pasaría por allí y charlábamos.
Bueno al poco rato apareció la seca de su mujer con una sonrisa tan falsa como el color de su pelo y yo atareada me puse a llevar las bandejas de la comida a las mesas. Durante la comida, notaba las miradas de Felipe que algunas veces se paraban con un poco descaro en mi escote y la verdad es que me turbaba un poco pero a la vez me gustaba. Siempre me gustó sentirme admirada y él sabía hacerme sentir así. Yo correspondía con la sonrisa más pícara y mi cabecita daba vueltas en el mundo de mis fantasías.
Los días iban pasando hasta que uno que habíamos terminado el entrenamiento de la mañana temprano al pasar por delante del edificio donde tiene su oficina, decidí aparcar, t vez al encontrar aquella plaza tan cómoda me animó un poco más. Subí a su despacho, le pregunté a su secretaria si estaba y me dijo que sí que pasara y cuando abrí la puerta y me vio, casi salta con la sorpresa y con una sonrisa enorme y franca se acerco, me ofreció sus brazos y note como me apretaba contra su cuerpo. Le conté que me dolía un poco la espalda de un tirón que tenía que ir al masajista esa tarde pero que la verdad que no me gustaba nada. Mi tío me preguntó si me quedaba a comer con él, le dije que sí y nos fuimos a un pequeño restaurante muy cercano pero muy coquetón y romántico. Seguir leyendo ‘Incesto deportivo’