Amor filial

Escrito por Tiestes el Viernes 11 dic, 2009

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Aun era muy jovencito cuando un amigo  me dijo que si quería saber si una chica era más o menos caliente, me fijara en sus dedos:  índice y medio, que  generalmente en las muy ardientes  solían estar con las uñas muy recortadas.

Aquella enorme tontería, me mantuvo varios días mirando las manos de las chicas, algunas veces para verlas hasta torcía mi cuello de un modo cirquense. De todas las chicas en las que me fijé una me llamó especialmente la atención  y fue mi hermana Raquel, que tenía justamente esas dos uñas muy cortas  y sus dedos  siempre inmaculados eran gorditos, por lo que comencé a mirárselos como si en la mano tuviera  des pollitas con las que se daría placer cada noche.

Aquello, llamó mi atención y durante muchos días comencé a estudiar los movimientos de mi hermana en su intimidad, calculaba el tiempo que pasaba en el baño, el tiempo que estaba en su habitación retirada, me fijaba en su cara cuando salía, si podía escuchaba en la ducha  con el fin de confirmar la teoría de los dedos de mi espabilado amigo.

Ocurrió que un ser transparente y absurdo  como mi hermana, que apenas existía se hizo el centro de toda mi vida y no dejaba de observarla, pero claro, comencé a ver la mujer, sus tetas, sus manos, sus hombros, su cuello, su culo  y cuando tenía ocasión intentaba ver su coñito por medio de su ropa. Buscaba su ropa interior para olerla y cuando podía la llevaba a mi habitación o el cuarto de baño   y me la cascaba tantas veces que pensaba que podía enfermar .

Una cosa llamó mi atención, que cuando mi padre se iba de viaje, mi hermana se iba directamente a la cama de mi madre para hacerle compañía. Esto que siempre había sido así, comenzó a llamar  mi atención especialmente  y me propuse investigar. Por las noches me hacia el dormido, apagaba la luz y me acercaba a la pared , tratando de escuchar lo que hablaban o decían, tan solo un suave murmullo pero yo imaginaba cosas que me la ponían  como un palo de tiesa . Cada noche me pajeaba hasta tres veces seguidas imaginándolas a las dos  retozando.

Yo deje de ver a mi madre como aquella vieja que vivía en mi casa y era insoportable con sus gritos y ordenes y me di cuenta de que en realidad era una jamona, con unas tetas enormes y un culo muy prieto y levantado. Mi madre y mi hermana eran mis dos putitas de referencia.

Un día ya no podía aguantar más, era verano y  hacía mucho calor, con mis pensamientos en la habitación de al lado, me levanté silencioso con la intención de escuchar en la puerta de su dormitorio que seguramente oiría mejor. Salí descalzo al pasillo con las luces apagadas y para mi sorpresa, su puerta estaba entreabierta, con lo que los cuchicheos me llegan con mucha claridad; la voz de mi hermana  que le decía más, más, así, así. Mi polla parecía explotar, no pude aguantarme y me acerqué un poco más para tratar de verlas, las dos estaban desnudas, mi madre de rodillas tenía su cara metida entre las piernas de mi hermana y las dos completamente desnudas.

No pude aguantar más, y entre con mucho cuidado, no se dieron cuenta ocupadas en su tarea, con mi mano acaricie el culito de mi madre, que se asustó. Se quedó como petrificada, mi hermana también me vio aun en la oscuridad, pero nadie encendió la luz. Yo continué con mis caricias y puse mi dedo en la boca “chisssssss” y me tumbe al lado de mi hermana. Se habían parado, pero al ver mi naturalidad  mi madre se puso a reír  y los tres  nos abrazamos.

Las dos se echaron jugando encima de mí y me sacaron el slip, mi hermana dio un grito de sorpresa al verme de esa forma y mi madre comenzó a besar  todo aquello que era mi polla. Mi hermana miraba y se acariciaba las tetas con una mano , mientras con la otra lo hacía en mis testículos, se puso también de rodillas y mi madre la saco de su boca y se la ofreció, ella se abalanzó sobre mi polla, su melena caía sobre mi pubis haciéndome un suave cosquilleo, mi madre con un dedo comenzó a apretarme entre mis huevos y mi ano dándome un ligero masaje.

No aguanté mas  y derrame mi lefa en la boca de mi hermana que la dejaba resbalar por su barbilla y mi madre la lamía desesperada entre besos en sus labios. Los tres caímos rendidos en un abrazo y nuestras respiraciones agitadas se mezclaban en una sinfonía  de pasión.

De nuevo sus labios acariciando mis tetillas, sus lenguas recorriéndome y mi polla en ristre preparada para otra batalla; mi hermana tomó la iniciativa y se puso encima de mí, con su mano condujo mi polla a su depilado coño y yo noté como resbalaba  por sus paredes; mama se fue encima de mi cara y metió su precioso chocho delante de mi boca y comencé a lamerlo desesperadamente , mi lengua  se iba metiendo como un falo dentro de ella, y notaba el sabor a mujer que me parecía delicioso, mi hermana se contrajo y me mojó en un feroz orgasmo; le levantó y con su lengua me limpiaba la minga y mi madre viendo ese asiento libre no dudó en ocuparlo dejando a mi hermana el delantero; con mi madre clavada hasta lo más profundo; las dos se movían desesperadamente   y yo no sabía a cual atender. Mi madre se corrió como una loca y mi hermana la besaba en su boca con lo que las dos me bañaban en sus jugos.

Mi polla  se mantenía con firmeza y yo quería meterla donde fuera, reclamaba una boca, un coño o.. ¡Si! El culo de mi madre, no dudé y se la emboqué, mi madre me dijo que con cuidado que nunca lo había hecho así, pero  no estaba yo en disposición de tener cuidado , apreté con fuerza , mi madre dio un grito, mi hermana lo apago  con sus besos y caricias y mi polla se desparramo dentro de su culo, lo que me parecieron litros de placer.

Nos besamos los tres y nos fuimos juntos a la ducha, mientras el agua nos caía repartiéndonos el chorro, las tetas firmes de mi hermana  se pararon en mi boca y mi madre se agacho con toda el agua patinando por su cara  para beberla  en mi polla que de nuevo estaba pidiendo guerra.

Todos deseamos la salida de viaje de mi padre, para de nuevo volver a darnos todo el amor filial. Continuare con mis relatos.

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